LLEGUÉ A MENDOZA, Y allá estaba Eloína, mi compañera de sueños y lucha, esperándome para acompañarme en aquella travesía que resultaba la primera como joven independiente. Fuimos hasta su casa y guardé mi equipaje. Eran alrededor de la una de la tarde, y los papás de ella me ofrecieron almuerzo, así que comí. Después tocaba aquello por lo que había viajado hasta Mendoz, ver mi nueva habitación, la que me había conseguido Eloína. Nos trasladamos, y llegamos hasta allá. Un conjunto residencial de apartamentos blancos, un poco caché, con azotea, piscina, salón de fiestas y áreas verdes. Qué va, era hermoso. El precio del alquiler eran cien dólares mensuales; nada mal. Entré, y la que estaba alquilando la habitación, nos abrió y nos llevó hasta el apartamento que estaba en alquiler. Al entrar,

