REGRESAR A MENDOZA lo haría en una semana quizás, antes de pasar por todas las discotecas y bares de Buenos Aires con aquellos amigos que tenía ahí. Había gente por la que me alegraba no volver a ver más nunca, como por ejemplo ese “Embajador de Primer Año”, o los uruguayos engreídos que estaban en mi curso, o quizás esos hijos de papá y mamá que tanto fastidiaban con sus alardes de superioridad. Pero claro, también había gente que si fuese por mí me las llevara para Mendoza. Por ejemplo, Natalia y Yamel, una pareja que durante mi estadía en la Capital fue demasiado amable, y comprensible en esos momentos más duros de mi vida, esos que juré no regresar jamás. –––––––– * * * * AHORA BIEN, HABÍA PASADO esa semana de juergas, fiestas y pasiones en la Capital Bonaerense, y estaba lista para

