DESPERTÉ DE AQUEL SUEÑO unos kilómetros antes de llegar a Mendoza, así que me dio tiempo de llamar a Eloína para decirle que iba llegando a la ciudad, que si podía fuese llegando al Terminal. Ella dispuesta y también alegre, me había ofrecido almorzar en un restaurante del centro. También sabía todo aquella melancolía y sentimentalismo que estaba pasando, y me comprendía. Pero qué va, no era nada del otro mundo. Llegué a Mendoza, bajé mi equipaje, y ahí estaba Eloína sentada fumando un cigarro esperando que llegara. –––––––– * * * * - Por fin llegaste Rebeca, atrás quedó Buenos Aires para siempre, ¿no? - No sé si para siempre Eloína, lo que sí sé es que para siempre seré una nueva persona - repliqué. - Bueno, bajemos las cosas, que la tarde es joven y aún hay muchas cosas por hacer

