|Capítulo 3| Pagará su traición.

1312 Palabras
-Kara Maxwell- Cierro mis manos en puños con la vista fija al frente. La mandíbula la tengo tan apretada que me duele, pero no dejo de hacerlo. Tengo que lidiar con la rabia de alguna forma. El edificio frente a mí está como mismo lo dejé hace siete meses atrás. Sigue siendo uno de los centros de negocios más movidos de la ciudad. La afluencia de personas entrando y saliendo lo evidencia. No puedo dejar de mirar arriba, a la cima, donde la oficina central está. Donde el hijo de puta de Emmett Sterling me hizo firmar ese papel que lo cambió todo, que me dejó en la calle. Donde me dijo que yo no era suficiente, donde escuché lo que pensaba realmente de mí. Donde descubrí que todo había sido una farsa y que ni la que se decía mi amiga era de fiar. Mis ojos pican con las lágrimas, pero no son de dolor, son de rabia, de furia intensa y ardiente. Una que pretendo dejar salir en el momento correcto. Miro mi reloj. El oro en mi muñeca es una muestra de la vida que tengo ahora, de lo que me ofreció Darren hace meses atrás, cuando me quedé sin nada y él me prometió todo. Incluyendo este momento. «El momento que he esperado con ansias». Un auto n***o y lujoso llega y se detiene frente a las anchas y altas puertas de vidrio. Mi corazón se salta un latido, porque sé perfectamente quiénes están por bajarse de él. Todos los días llegan juntos, a la misma hora y armando la misma parafernalia. Puede que haya estado fuera del país, pero el trato con Darren me ofreció información actualizada día a día, veinticuatro horas. Por eso sé que Joanne Clarke, mi antigua mejor amiga, la mayor traicionera de todas, está comprometida con el hombre que dijo amarme por seis largos años, mientras conseguía todo lo que mi familia me dejó cuando quedé sola en el mundo. No le importó mi confianza, no le importó nada. Y como a él en su momento, ahora no me importará a mí. Emmett Sterling se baja del auto lujoso vestido con un traje Armani hecho a medida, le abre la puerta a su prometida, también vestida como toda una ejecutiva, dispuestos ambos a subir a mi empresa, siendo los jefes y teniendo parte de la ciudad a sus pies. El cabello rubio dorado de Emmett brilla demasiado y contrasta con el tono rojo de su nueva mujer. Los ojos, que recuerdo muy bien son de un tono azul marino, no miran a nadie a su paso, porque los que están a su alrededor son solo hormigas a su consideración. Joanne, a su lado, no es mucho mejor. —Señorita, en cuatro minutos tiene la presentación del nuevo inversor. ¿Informo sobre su llegada? Escucho a Jaxon a mi lado, el asistente que me buscó Darren para que pudiera llevarlo todo de la mejor manera posible, viendo que necesitaré lidiar con esos arrogantes de mierda cuando comience mi trabajo. —En cuanto esos dos entren, avisa de que llegaré diez minutos tarde —indico, sin mirar en su dirección. «Ellos no son mejor que yo y van a tener que esperarme». Sobre todo, porque el idiota de Emmett cometió algunos errores y está tratando de subsanarlos a través de inversores. Darren es uno de esos y yo soy su representante. De mí depende que el contrato hecho por ambos se cumpla, que los términos no se rompan y solo porque así se determinó, él y yo tendremos el mismo poder de decisión ante la junta. Un primer golpe bajo del que verá las consecuencias en el momento indicado. Mi teléfono suena con un mensaje y al verlo, no puedo evitar sonreír. »Te desearía suerte con Ken, pero ya sabemos que es un perdedor. ¿Te cambiaste la falda? No me gustaría saber que el cabrón no te quita ojos de encima. Me da risa su mensaje y sé que lo hace para relajarme. Por más que trato de ocultar esa parte de mí que no siente nervios o inseguridad, Darren es capaz de verla. Quizás porque fue él quien me salvó de morir ahogada en las aguas negras de un río y evitó que cometiera el peor error de todos. O, tal vez, porque me mostró su apoyo durante todo el proceso que atravesé. »¿Posesivo con el cuerpo que pagaste, Max Steel? Avisa si debo darte mi primer sueldo como tu representante. Puedo imaginar su risa soberbia del otro lado. Darren es muchas cosas, aventurero, loco, pero tiene un orgullo que a veces es impenetrable. »Posesivo es poco, mia cara. Cuando llegues a casa esta noche discutiremos sobre tu sueldo y lo que me debes. Ahora ve y destroza al cabrón que te quitó todo. Déjalo sin saber qué tormenta fue la que llegó a su vida. Niego con la cabeza y guardo el teléfono. A Darren le debo todo. Mi cara, mi cuerpo, mi nuevo modo de vida. Aceptó mis deseos de hacerme un cambio de rostro. Pagó por cada operación a la que me sometí para cambiar bruscamente mi físico. Pagó asesores de moda y otro montón de cosas. Vigiló, a la par mía, que todo estuviera bien en mi recuperación y se apuntó conmigo a una terapia que buscaba calmar mi sed de sangre. Pero eso último solo se logró aplazar. Porque mi sed de venganza no merma, empeora cada día. Y en cuanto mis zapatos de tacón de doce centímetros atraviesen ese salón, todo Snow Enterprises sabrá que llegó su nueva dueña, sin sospechar siquiera que el infierno se les viene encima. —Ya es la hora, señorita Maxwell. Me avisan que la junta y el CEO están en la sala, esperando por usted. Miro a Jaxon a mi lado con su tableta en mano, llevando un traje rosa fucsia de lunares amarillos y una pajarita a juego. Peinado con demasiada gomina y, aparentemente, un brillo gloss en sus labios regordetes. Me observa como si estuviera, como yo, listo para la guerra. Le sonrío. —Pues vamos, que para luego es tarde. Me subo al auto y el chofer, Armand, se pone en movimiento, sabe que tiene que dar una vuelta a la manzana para llegar de la manera correcta. Minutos después, nos detenemos frente a la empresa y se baja para abrirme la puerta. Con mis lentes de sol, mi conjunto de falda y chaqueta, mi cartera Gucci y mis stilettos negros de Christian Louboutin, avanzo con la barbilla alzada. No miro a nadie a mi paso y solo me detengo cuando llego al ascensor. Jaxon marca el piso veinte y cuando las puertas se cierran, miro mi reflejo en el espejo. Observo mi cabello rubio perfectamente peinado. El cuerpo delgado y esbelto. El rostro al que todavía no me acostumbro. El color de ojos que oculta mi verde natural. No soy la misma mujer que salió de aquí envuelta en llanto hace meses atrás, llevando un vestido rojo que era una prueba más de lo estúpida que estaba siendo por un hombre. Un vestido horrendo que ahora está colgado en el fondo de mi armario, para no olvidar lo que me trajo hasta aquí. Un vestido que también será parte de mi venganza. Las puertas se abren demasiado rápido en el piso veinte. No dudo en salir y tomar ese pasillo que tantas veces recorrí, con mis padres y luego de la mano de Emmett. Siento las miradas, las dudas, la curiosidad, pero no me detengo a ver si alguien murmura a mi paso. Voy directo a la sala de juntas y cuando mi asistente me abre la puerta, que entro sin pedir permiso, mis ojos van directo al hombre que hace meses me rompió el corazón. Y el que pagará con creces esa maldita traición.
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