Capítulo V

2224 Palabras
Minutos después, Sophie llegó al edificio, sintió un nudo en su garganta y las mariposas revoloteaban en su estómago, más que nerviosa, estaba asustada. Entró en el edificio y se apresuró a subir al piso donde estaba su consultorio temporal. Al llegar, tampoco vio a la secretaria, así que se alegró de que ella no pudiese delatar su presencia ese día.   Yulitza, al llegar, percibió el perfume de su jefe, algo que Sophie pasó por alto por su miedo. Dejó sus cosas en el mismo lugar de siempre y se acercó a la puerta del administrador. Tocó con cautela, no estaba segura de cuál sería su estado de ánimo porque no era normal que él llegara primero que ella. Escuchó la voz de él indicando que pasara.   - Buen día señor de la Vega —Saludo cordial— Me da gusto verlo tan temprano. - Buen día Yuly —Dijo con tono serio— No podría decir lo mismo de usted porque llegó tarde. -  Llegué cinco minutos antes de mi hora —se defendió— Como de costumbre —Cruzó sus brazos y elevó una ceja— ¿A qué se debe su humor de hoy? - ¿La doctora Calima ya llegó? —La miró para examinar su reacción. - No lo sé —Encogió sus hombros— Puede revisar el sistema, allí confirmará quienes han marcado su entrada —Álvaro miró el computador y buscó en el programa las marcas, en efecto, ella había llegado poco después que él— ¿Necesita algo? - Por favor, tráeme un café bien cargado —Giró su cabeza en dirección a la chica pero su mirada permaneció fija en la pantalla del ordenador— ¡Que sea enorme! - Está bien —La chica giró sobre sus talones y salió de la oficina.   Álvaro frunció sus cejas, se preguntaba por qué ella había llegado tan temprano, ¿acaso tramaba algo? No lo creía, sacó esa idea de su mente, Sophie no podía ser capaz de hacer algo. No es que la creyera una inútil o tonta, más bien era todo lo contrario. Creía que era perfectamente capaz de muchas cosas. Incluso de jugar con su mente, pero estaba seguro de que estaba asustada y eso era lo que a él más le gustaba.   Mientras Álvaro sacaba sus conclusiones, Sophie daba vueltas en su oficina. Al darse cuenta que estaba justo en el lugar donde él quería, decidió recoger todas sus cosas y salir de allí tan rápido como sus pies se lo permitieran. No podía permanecer en ese lugar, mucho menos como su empleada. Pasó caminando de prisa frente a Yulitza sin siquiera mirarle. Tampoco esperaría por el ascensor, bajó por las escaleras y tan pronto salió del edificio se encaminó a un lugar donde podría conseguir un taxi.   ******************************** Mientras Sophie huía, Yulitza llamó a su jefe para informarle que Sophie había llegado pero que ya se iba. Álvaro, molesto, salió para buscarla. Tomó el ascensor para llegar a la planta baja primero que ella, pero no la vio. Buscó con la mirada, salió del edificio pero, aun así, no la encontró.   - ¿Cómo pudo salir tan rápido? —Se preguntó a sí mismo.   De regreso en su oficina, le pidió a Yulitza que llamara a Sophie pero, tras varios intentos, ella no recibió respuesta. Álvaro estaba molesto, tendría que ir de nuevo hasta su casa. Ella tendría que escuchar lo que tenía para decirle y, quisiera o no, ella tendría que aceptar y cumplir con la promesa de su padre. Pero no iría a su casa en ese momento, era mejor cumplir con sus compromisos del día. Arreglaría sus asuntos luego del trabajo.   Tras terminar su reunión con el cardiólogo y el cirujano, seguía sin poder sacar a Sophie de sus pensamientos. Debía aclarar las cosas con ella porque, aunque todo parecía una idea descabellada, su relación no era por un mero capricho suyo, sino que él en verdad la amaba. Ella debía saberlo.   Salió temprano de la oficina y se dirigió a la casa de su madre. Creía que ella podía ayudarle aunque en su interior él sabía que sólo el padre de Sophie podía hacer eso, él sabía cada detalle de sus sentimientos hacia Sophie y por eso él estaba de acuerdo con su propuesta de matrimonio. Al llegar a casa de su madre, la buscó hasta encontrarla en su habitación peinando su cabello.   - Así que no te das por vencido ¿Eh? —Murmuró su madre mirándolo a través del espejo. - Hola madre —La saludó desde la puerta— Solo vine a buscar un consejo. - Puedo hacer eso —Dejó el peine sobre el tocador y giró en su asiento para mirarle— ¿Se trata de tu prometida? Esa pobre chiquilla a la que elegiste para ser tu mascota —Ella bajó la cabeza y miraba sus manos, parecía sentir vergüenza. - Si —Álvaro se acercó y se sentó en la orilla de la cama— Creí haberle perdido la pista pero ella misma ha llegado hasta mí —Pasó sus manos por su rostro— Ahora es mi empleada y temo no poder controlar mis impulsos de besarla por primera vez —Su madre elevó una ceja. - Álvaro, tú le perdiste la pista porque Román se encargó de que así fuese, lamento no poder ayudarte —Se levantó y se acercó a él para acariciar su cabello— Me temo que ese es un tema que solo Eliecer… —Álvaro la miró con odio. - No vuelvas a mencionar a mi padre —Dijo apretando los dientes— Para mí, él fue un gran hombre. - ¿Qué no hable de él? —Se alejó de él y se acercó a la ventana— Tu padre fue un cáncer para ésta familia. Tú sabes las barbaridades que le hizo a la madre de Sophie, también sabes lo manipulado que tenía al viejo Román y… —Hizo una pausa— No tienes idea de lo que yo soporté y tú me reclamas sin saber lo que le hizo a la zorra de Sophie cuando te fuiste a Europa.   Los ojos de Álvaro se abrieron ampliamente y luego reflejaron una mezcla entre odio y curiosidad. Él sabía perfectamente que su padre tenía preferencias aberrantes y sádicas pero no lo creía capaz de tocar algo que le perteneciese a él. Rápidamente hizo a un lado ese pensamiento cuando recordó que su padre lo llamó para decirle que Sophie no podía ser para él. Revivió la rabia que sintió ese día, se levantó y se acercó a su madre.   - Dime qué te hizo y qué le hizo a ella —Exigió. - ¿Estás seguro que quieres saber todas las cochinadas que me hizo durante años? —Lo miró y movió la cabeza en negativa— No vale la pena recordar eso ahora, él ya no puede pagar por sus actos, pero si quieres saber lo que le hizo a ella, mejor pregúntale a ella, seguro te dará mejor los detalles.     ********************************     Sophie había llegado a la casa cegada por las lágrimas, cerró bien la puerta y las cortinas de las ventanas. Se encerró en su habitación, se metió debajo de las sabanas, permaneció hecha un ovillo ignorando todas las llamadas. Durmió hasta casi entrada la tarde. El sonido de una llamada entrante en su móvil la despertó. Se removió y buscó el aparato guiándose por la música.   Al ver la pantalla vio el nombre de su mejor amigo, Bruno. Respiró aliviada, hacía tiempo que no lo veía, ni sabía de su paradero. No tuvo tiempo para contestar, la llamada terminó antes de que su dedo tocara la pantalla. Molesta, decidió regresar la llamada pero justo cuando iba a marcar, su teléfono sonó de nuevo pero ésta vez era un mensaje.   Sophie miraba el texto pensativa. "Te necesito" era lo único que decía. Eso no era normal en él, así que le respondió diciendo, "Sabes que cuentas conmigo".   Cuando vio su auto estacionado frente a la casa, supo que no estaba bien. Lo recibió con un abrazo porque sabía que lo necesitaba y él la estrechó con fuerza contra su cuerpo. Olía a ron, era un indicio muy claro que algo había sucedido.   - Ven —Lo invitó a entrar— Vamos a dormir, ya luego me contarás. - Esta bien —Murmuro Bruno cansado.   Lo ayudó a quitarse la ropa, quedó sólo con el short que siempre usaba debajo de su pantalón. Se acostó y ella se acostó a su lado. Le dio la espalda y se dispuso a dormir nuevamente.   - Oye —Murmuró su amigo— ¿Puedo dormir como lo hago en mi casa? - Claro —Segundos después, se durmió.   Despertó de nuevo y vio que ya había oscurecido, volteó a ver a su amigo y lo primero que notó fue su m*****o apuntando hacia arriba. Estaba dormido, desnudo y descubierto.   “¡Dios! Él con esa herramienta lista y yo sin nadie que me repare. Es una lástima que sólo le gusten los hombres." —Pensó Sophie sintiendo el calor en su rostro. De nuevo le dio la espalda y se durmió.   Una caricia en su cadera la despertó. Sintió el calor del cuerpo de Bruno en su espalda y, sorpresivamente, su m*****o estaba rozaba su trasero.   - ¿Despierta? —Murmuro Bruno en su oído mientras metía su mano debajo de la blusa para acariciar el abdomen de Sophie. - Ahora si —Sonrió. - Siempre he querido hacer esto —Su mano se deslizó hábilmente dentro del pantalón de Sophie y sus dedos entraron sin permiso en su v****a. - ¡Bruno!... Pero... —Estaba anonadada, no se suponía que ella le atrajera sexualmente. - Shhhh —Bruno deslizo su mano libre debajo de ella y cubrió su boca— Nunca había tocado así a una mujer. Es cálido y delicioso, quiero saber qué se siente coger a una mujer, y me gustaría que tú fueses la primera —Su lengua recorrió el borde de la oreja de Sophie y ella sintió un escalofrío que la hizo estremecer— ¿Me lo permites? - Es que... —El movimiento de sus dedos dentro de ella le hicieron olvidar lo que diría. En su lugar gimió y se giró para buscar su mirada— ¿Seguro? —No quería que terminara luego arrepentido. Él asintió y la besó sin darle tiempo a nada.   Sus dedos se movían cada vez más rápido y ella comenzó a mover sus caderas ofreciéndole su hendidura mojada.   - ¿Qué posición me recomiendas para no olvidar nunca el momento cuando la metí en una v****a? —Murmuro Bruno jadeando.   Sophie no dijo nada. Se separó para desnudarse, se posó sobre él y se puso en cuclillas. Bruno la miraba directo a los ojos.   - No me mires a los ojos, mira mi coño —Le ordenó sonriente. Bruno asintió, ella agarró su m*****o, colocó su glande justo en su entrada y lo miró para ver su reacción— No dejes de ver lo que haré con tu amiguito —Dicho eso, se deslizó milimétricamente sobre su pene hasta llegar a la base.   Bruno no dejó de mirar y ver que él estaba completamente dentro de ella le hizo delirar, echó la cabeza hacia atrás y jadeo.   - ¡Santo Padre! —Exclamó extasiado— Estás tan caliente, húmeda y suave —Miró de nuevo a su amiga y la sujetó por las manos— Te lo suplico, no te quedes allí tranquila, quiero llenarte. - No, eso no será posible —Bruno la miró confundido, ella ladeó una sonrisa perversa— No te correrás hasta que yo lo diga —Permaneció inmóvil mientras Bruno intentaba mover sus caderas.   Cada vez que él intentaba moverse, ella pellizcaba su abdomen haciendo que él se retorciera.   - ¿Te gusta cómo se siente? —Preguntó ella acercándose a su boca para besarlo. - Si. Me gusta cómo se siente —Acarició sus nalgas y ella quitó sus manos. - No me gusta que me toquen —Bruno la miró extrañado— Mantén tus manos alejadas de mí —Sophie se levantó y se deslizó hacia abajo para agarrar su m*****o y masturbarlo. - ¡Eso es trampa, Sophie! —Se quejó él— Quiero cogerte, no que me masturbes. - Es mi casa —Apretó con fuerza su pene— Es mi cama —Chupó su glande— Son mis reglas. - Ya veo —Frotó su rostro y la miró— Debí decirte que fueras a mi casa. - ¿Quieres saber qué me gustaría que hicieras? —Bruno asintió— Imagina que soy un hombre… - Es difícil, tienes tetas y no tienes pene —Dijo casi riendo. - Por eso dije —Apretó su glande tan fuerte como pudo— I-ma-gi-na —Bruno ahogó un grito e intentó soltarse de su agarre pero ella golpeó sus manos para evitarlo— Hazlo o no te soltaré. - Está bien —Jadeó— Lo intentaré, pero suéltame, ¡por favor! —Sophie lo soltó, se bajó de la cama, se colocó de espaldas a él y recogió su cabello haciendo una coleta. - ¿Así se te facilita imaginar?
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