Capítulo IV

2263 Palabras
- ¿Cuál es el nombre de su padre? —Ladeó su cabeza y Sophie elevó sus cejas sorprendida por su pregunta— El apellido Calima me resulta un poco familiar por no ser común. - Mi padre se llamaba Román —Álvaro elevó ambas cejas en señal de sorpresa y ella sintió que no debió decir eso. - ¿Murió? - Hace cinco años ya… - RC —Preguntó curioso— ¿A tu padre de decían así? - No lo sé —Encogió sus hombros tratando de parecer indiferente pero sabía que era verdad— Nunca escuché que alguien le dijera así. - Sophie —Se levantó despacio y se acercó a ella con cautela— ¿Tu padre tenía un empresa de equipos médicos? - No —Sabía que sí le decía la verdad arruinaría todo— Mi padre era el contador de una empresa textil —Álvaro no parecía convencido y ella comenzó a sentirse nerviosa— ¿Por qué tanto interés por mi apellido? - Como le dije antes, su apellido me resulta familiar —Sophie sintió nauseas. - Disculpe, debo ir al baño, no me siento bien. - Está bien, la esperaré acá.   Sophie se apresuró a ir al baño, vomitó de nuevo mientras maldecía a los De la Vega. Se lavó la boca, vio su reflejo en el espejo, se veía pálida y sus manos temblaban por los nervios.   “Tengo que buscar la manera de que se largue” —Pensó frustrada— “O al menos desviar su atención”.   Mientras Sophie estaba en el baño, Álvaro llamó a su madre. En el primer intento no le contestó, pero al insistirle, ella contestó.   - ¿Qué quieres? —Preguntó molesta. - Mamá ¿Recuerdas el nombre del amigo de papá, ese con el que siempre jugaba cartas? - ¿Román Calima? - Sí, ese mismo —Sabía que no era una coincidencia— ¿Recuerdas si tenía familia? - Claro que la tenía, ellos fueron al sepelio de tu padre ¿no lo recuerdas? No dejabas de mirar a su hija, Sophie —Los ojos de Álvaro de ampliaron y miraron en dirección al pasillo por donde ella había ido al baño. - Gracias mamá… —Ella colgó sin darle tiempo a decir algo más.   Él recordó a la chica, pero era diferente a Sophie. La recordó pálida, sus ojos almendras, de cabellera con ondas de color cobrizo. Ella llevaba un turbante de color n***o y su mirada sostenía la suya. Su piel se erizó y su corazón latió rápidamente. Tenía que ser ella, aunque Sophie tenía los ojos más oscuros y su cabello era de un tono chocolate.   Caminó hacia el pasillo y se paró frente a la entrada a éste, había tres puertas pero no sabía cuál de ellas era el baño. Miró la ranura debajo de las puertas y sólo en una vio la luz encendida.   “Está allí” —Pensó triunfante.   Se acercó a la puerta y se quedó de pie frente a ella esperando a que ella saliera. Quería confirmar sus sospechas. Sophie secó su cara y se dispuso a salir. Se topó cara a cara con él y se sobresaltó por la expresión de su cara. Tenía la misma expresión que recordaba del funeral, su mirada impregnada de ira y a la vez cargada de deseo y perversión.   - ¡Me ha asustado! —Murmuró Sophie nerviosa. - Sabes muy bien lo que yo sé —Su tono no era para nada amable— Y no me gustan las mentiras —Sophie hundió sus cejas en señal de molestia. - ¿A qué se refiere? - Tú padre era el dueño de la empresa Elite Healthcare… - Creo que me confunde con alguien más  —Interrumpió las palabras de él y pasó a su lado dando un ligero codazo en su pecho— Si ha venido, con la intención de amenazarme o algo así. Déjeme decirle que pierde su tiempo Señor De la Vega. - Puede fingir demencia si así lo desea —Encogió sus hombros— Es una experta en la materia. - Señor de la Vega, por favor, váyase de mi casa —Apuntó el camino a la salida. - No me iré hasta que me digas que eres la hija de Román Calima —Se acercó a ella hasta casi rozar sus labios— Y tú eres la heredera de Elite Healthcare. - Soy la hija de Román Calima —Decidió aceptar esa parte— Empleado de una empresa textil —Mantuvo su mirada sobre la de él— No sé cuál es su empeño en relacionarme con ese señor que menciona, pero ciertamente, mi padre, no era ese que usted cree. - No sé qué trama con su jueguito —Se alejó un poco y la miró desde los pies hasta la cabeza. - Dígame algo, Álvaro —De nuevo se alejó de él y caminó hasta el living. Él la siguió— ¿Qué interés tiene usted por ese señor con mi mismo apellido? —Se sentó en el sofá y lo miró fijamente. - Él debe entregarme algo de mucho valor para mí —Se sentó en una silla frente a ella— Algo que reclamé para mí. - “Debe” entregarle —Repitió— Eso quiere decir que EL Román que usted busca sigue vivo. - Era sólo un decir —Sophie levantó una ceja— Pero no se preocupe, su teatrito no durará mucho porque no hay muchos Román Calima en el País, así que será fácil descubrir su mentira. - Sí, imagino que para usted todo es muy fácil ¿Cierto? - Así es. - Bien, buena suerte Señor De la Vega —Un teléfono comenzó a sonar y él buscó con la mirada de dónde provenía el sonido. Ella se levantó y caminó a la cocina.   Al dejarlo solo, Álvaro buscó con la mirada otro aparato para escuchar con quién hablaría ella. Lo encontró cerca del pasillo y se levantó para escuchar.   - Sí, mamá —Escuchó la voz de Sophie— Estoy bien. Tampoco era que me echaría a morir por saber eso de él. - Cariño, cuídate de Álvaro —Los ojos de él se abrieron al escuchar la voz de la mujer, esa voz él la conocía perfectamente, era de Rebeca, la esposa de Román y eso esclarecía sus dudas con respecto a quién era ella— Ya te dije que él hará lo imposible hasta conseguir su propósito.   Con cuidado, dejó el teléfono en su lugar y regresó a su asiento. Pocos minutos después, Sophie regresó y él la miró sonriente. Ella tuvo un mal presentimiento. Tomó aire y se acercó al sofá nuevamente.   - Entonces, Señor De la Vega —Comenzó diciendo— ¿Tiene algo más para decir? - De hecho, sí —Se levantó y se encaminó a la puerta, colocó su mano sobre el pestillo— Recuerdo tu aroma y la suavidad de tu piel —Sophie quedó perpleja, palideció al escuchar esas palabras. Álvaro abrió la puerta y se fue sonriente.   Sophie permaneció en su lugar sin moverse, no podía salir de su estado, estaba impresionada y confundida. Se preguntó una y otra vez cómo él sabía que era ella, ¿acaso la había escuchado hablar con su madre? Era imposible, desde el living no pudo haber escuchado, ¿qué otra cosa pudo confirmarle que ella es a quien él espera?   Por su parte, Álvaro seguía sonriendo en su auto mientras conducía. Había esperado por ella mucho tiempo, le perdió el rastro luego del funeral y ahora que la había vuelto a ver, no quería seguir con la espera. Era la hora de hacerla suya como era debido y ella debía cumplir con la promesa que Román le había hecho.   Sophie salió de su espasmo, pasó sus manos por su rostro y gritó enojada. Ella no sería la esposa de él y mucho menos sería su juguete. Sabía lo que quería hacer en su vida y, ciertamente, ser el tapete de un De la Vega no estaba en sus planes. Se planteó tomar cartas en el asunto, de alguna forma las voltearía a su favor y él pagaría por todo el daño que le hicieron a su madre y por lo que él quería hacer con ella.   Por otro lado, Álvaro se encaminó al aeropuerto para buscar a su prima. Ella era su única prima y la quería mucho más que al resto, sobre todo, la adoraba porque ella lo respetaba y obedecía sin contradecir nunca sus palabras.   - ¡Hola Alvarito! —Gritó la chica al verlo. - Hola Helen —Ladeó una sonrisa y la abrazó con fuerza contra su pecho— ¡Oye! ¿Cuántos años tienes? ¿Quince? - ¡Veintiuno! —Le dio un codazo en la costilla— Gracias por decir que tengo cara de niña —Hizo una mueca y le mostró su lengua. - Bien, ya tienes tu licencia de conducir ¿Cierto? —La chica bajó la cabeza. - Reprobé dos veces y no lo intenté de nuevo. - Está bien, te prestaré mi auto para que practiques camino a casa. - No, mejor otro día —La chica agarró su maleta y se la entregó— Estoy cansada. - Vamos a casa para que descanses —La tomó de la mano y caminaron hasta el auto.   Álvaro abrió la puerta para que ella subiera. Rodeó el auto, subió y puso en marcha el motor. La chica colocó su mano sobre la pierna de él y la acarició.   - Primo —Él la miró— Tengo hambre ¿puedes alimentarme? - No creí que lo pidieras tan pronto —Sacó su m*****o endurecido y ella se apresuró a darle placer con su boca— Tómalo con calma. - Te extrañé mucho… - Tendrás tres meses para disfrutarlo —Acarició su cabeza y se puso en marcha para llevarla a casa— Hazlo cómo te enseñé, no me hagas llegar tan rápido ¿Está bien? —La chica asintió y continuó con su labor.     ******************************   Por la mañana, Álvaro se despertó animado, sería el día en el que Sophie tendría que aceptar su destino junto a él. Apenas se levantó, fue directo a buscar a Helen, la encontró desnuda y dormida boca abajo. Se detuvo a observarla. Sabía que no podía perder su virginidad con él, pero él tampoco quería quitársela, Por lo menos no la de su v****a. Él anhelaba hacerlo de otra forma y ese día sería hoy. Así que tomó un frasco de lubricante y untó su m*****o. Se acercó a la chica, acarició sus nalgas y su entrada para esparcir el gel. Se arrodilló sobre ella y colocó su glande sobre su entrada trasera. Presionó para entrar y ella no hizo ningún movimiento. Él volvió a empujar, la chica seguía inmutable, decidió hacerlo rápido; se hundió por completo y ella despertó gritando tan fuerte que su voz hizo eco en la habitación.   - ¡POR DIOS ÁLVARO, SÁCALO DE MI CULO! —Álvaro se relamía de gusto. - ¿Por qué debería de hacerlo? —Se acostó sobre ella empujando con suavidad— Tu culo se siente rico. - ¡Me duele! ¡Sácalo! —Él la ignoró y comenzó a darle fuertes embestidas— ¡Me haces daño, sácalo! - Tú querías tenerlo dentro —Murmuró en su oído. - ¡Pero dentro de mi v****a! —Trató de moverse— ¡Eres un idiota! - Y tú estarás feliz de ser mi putita estos tres meses — Ella no dijo nada. Continuó con sus embestidas hasta llenarle las entrañas. Cayó sobre ella cansado.   Álvaro entró al baño a tomar una ducha, recordó el día que vio Sophie, era apenas una criatura de poco más de un mes. Su piel blanca, sus ojos grises, sus rizos cobrizos y esa linda sonrisa que le regaló al verlo. Esa sonrisa fue lo que bastó para hacer que su mano se moviera sola hacia sus piernas y la acariciaran. Cerró los ojos y se concentró en sus recuerdos. Él deslizó sus dedos sobre su delicada y sedosa piel, ella sonreía y movía sus piernas. Él sonrió como tonto por tan grato recuerdo.   Del otro lado de la ciudad, Sophie estaba peinando su cabello, casi lista para  ir a trabajar y dispuesta a enfrentar a su jefe si éste intentaba hacer algo en contra de su voluntad. Fue a la cocina y preparó un desayuno ligero, tomó su jugo de naranja y salió rumbo a su trabajo.   Álvaro ya estaba en camino cuando Sophie salió, escuchaba una canción en la radio y comenzó a tararearla sonriente.   - Alexa —Escuchó un bip— Cancela un evento. - ¿Qué evento deseas cancelar? - Todos los eventos del día - ¿Estás seguro que quieres eliminar todos los eventos del día? - Si - Listo, los eliminé  - Tendré todo el día para ingeniármelas con ella —Esbozó una sonrisa amplia al ver que se acercaba a la clínica— Bien, por ahora, disimularé mi felicidad, no quiero que me hagan preguntas —Buscó su puesto en el estacionamiento, bajó y entró al edificio— Buenos días —Saludó al portero y a la recepcionista como era costumbre. Subió hasta el piso de su oficina, notó que Yulitza aún no había llegado pero no le importó, al contrario, le pareció perfecto porque si ella no lo veía, diría que él no había llegado aún.
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