- Sophie…
- No te atrevas a decirme que me calme ¿OK? —Su madre no dijo nada— Explícame, escucha muy bien y piénsalo MUY bien antes de responder ¿Cómo terminé siendo la supuesta prometida de Álvaro? ¡Piensa bien! —Su madre guardó silencio durante algunos minutos y finalmente habló.
- Tu padre…
- ¡Tenía que ser ese bastardo! —Interrumpió a su madre.
- Me pediste explicaciones y trato de dártelas…
- Esta bien —Rascó su cabeza frustrada— Continúa.
- Tu padre llegó a un punto crítico con ésta empresa —Sophie rodó los ojos y los puso en blanco.
- No me digas —Volvió a interrumpir— El viejo De la Vega vino al rescate, le salvó el culo de caer en bancarrota y a cambio le dijo que debía casar a su única hija con su único hijo ¿Correcto? —Su madre sonrió.
- No, querida —Su rostro se tornó rojo por la ira— Ese maldito bastardo me pidió a mí como trofeo por salvarle el trasero a tu padre y, claro, el muy idiota de tu padre, ciego por la ambición, aceptó y no te imaginas las barbaridades que ese hombre hizo conmigo —Sophie la miró perpleja.
- ¿Cómo pudiste prestarte para semejante juego?
- ¿Crees que lo hice por voluntad propia? —Apoyó sus codos sobre su escritorio y apoyó una mano sobre otra— Cariño, tu padre y De la Vega me amenazaron con matar a TODA mi familia si no lo hacía, fui su maldita esclava s****l hasta el día de su MUY merecida muerte —Sophie abrió sus ojos y miró a su madre aterrada— No, no es lo que piensas —Contestó su madre a su mirada— No eres hija de ese hombre, el ADN no miente, eres una Calima al 100%.
- Bien, entiendo esa parte pero…
- ¿Cómo terminaste comprometida con su hijo? —Respondió su madre intuyendo su pregunta— Cuando naciste, su hijo recién había cumplido sus dieciocho años, él lo “formalizó”, por así decirlo, en su legado aberrante, así que debía escoger una niña a quién “robarle su pureza” y hacerla su esclava disfrazada de esposa. Fueron a la casa a buscar a tu padre para invitarlo a ir con ellos. Mientras hablábamos en la sala, tú dormías en la habitación. Escuchamos tu llanto y fui a ver porqué llorabas. Encontré a Álvaro sonriendo contigo en sus brazos mientras te acariciaba el cabello —Sophie sintió nauseas— ¿Sabes lo que dijo? “Ella es la elegida, ella será mía cuando yo lo decida, por ahora, cuida de ella” —Golpeó el escritorio con su mano— Esas palabras, ¡nunca las he olvidado!
- Espera un momento —Sophie se levantó y se acercó a la papelera, vomitó el poco contenido de su estómago y, al terminar, su madre le ofreció un pañuelo junto a un vaso con agua— ¿Me dices, que el hombre para el que ahora trabajo, me manoseó siendo un bebé?
- No, no lo creo, él no tiene preferencias por los niños, sólo quedó cautivado por lo linda que eras.
- ¿Y sólo por eso estoy comprometida con él?
- No, a tu padre le parecía buena idea unir a ambas familias, así que lo aprobó.
- Bien —Sophie inhaló y exhaló varias veces para calmarse— ¿Cómo se supone que iré a trabajar luego de saber esto?
- Aún no termino de contarte todo —Sophie boqueó incrédula— Ahí no quedó el tema. Cuando cumpliste los quince años… —Sophie levantó una mano para hacerla callar.
Sophie recordó algo que había bloqueado hace muchos años, la fiesta de sus quince años. El viejo De la Vega se le acercó para decirle que tenía un regalo que hacerle. Ella, inocente e ingenua, aceptó salir de la fiesta, él le aseguró que su regalo estaba en el garaje de su casa. Al llegar al lugar, él se paró frente a ella y le preguntó si quería saber cuál era su regalo, ella dijo que sí, en cuanto respondió él le dio una bofetada tan fuerte que se estrelló contra la pared y cayó al suelo.
Su visión se nubló y todo parecía moverse en cámara lenta. Vio a su padre subirle el vestido y sujetarlo para que De la Vega hundiera su cabeza entre sus piernas. Su lengua rozaba sus labios inferiores y sus manos mantenían sus piernas separadas. Ella intentó soltarse pero su padre golpeó su cabeza contra el suelo haciendo que perdiera el conocimiento durante un breve lapso pero aun así pudo ver cómo el hombre entre sus piernas, introducía su lengua alternándola entre su v****a y su culo.
A pesar de su lucha, lo único que lograba era ganarse más golpes de su padre. De la Vega introdujo sus dedos en ella sin dejar de lamer su entrepierna. Sophie lloró al recordar la manera en la que su padre la miraba mientras su amigo abusaba de ella.
Sacudió de su mente el resto de lo acontecido, no quiso saber más. Hizo un gesto con la mano para que su madre continuara con lo que le decía.
- El viejo De la Vega le dijo a Álvaro que tú no servirías para cumplir el propósito para el que él te había elegido y en cambio él te tomaría para ser suya —Su hija ladeó la cabeza confundida— Es decir, ya no serías la prometida de Álvaro sino de su padre. Eso, por supuesto, enfureció a su hijo y en medio de la pelea lo empujó contra la ventana de su oficina y, bueno, supongo que recuerdas cómo terminó eso, estuvo en las noticias durante meses. Nunca dieron con el paradero del “asesino”.
- ¿Cómo sabes que fue él?
- Él mismo se lo dijo a tu padre.
- Pero… —Sophie frotó su frente frustrada— Álvaro dice que no recuerda de dónde me conoce, dice que tiene la sensación de conocerme y yo siento la misma impresión.
- Eso es fácil de explicar —La mujer se reclinó en su asiento y cruzó sus brazos debajo de sus senos— Luego de que Álvaro te eligiera como suya, no volvió a verte hasta que se encontraron en el funeral de su padre ¿Recuerdas que fuimos para cumplir con nuestro deber de socios y para agradecer por la bendita muerte de ese desgraciado? —Ella no lo recordaba pero creyó tener un vago recuerdo— Estabas frente a él, se miraron fijamente durante todo el sepelio —Se reclinó de nuevo sobre el escritorio— Él no es lo que parece, hará lo imposible para lograr su objetivo.
Sophie lo recordó, recordó un Álvaro más joven, con esa mirada fría, sus cejas hundidas. Era una mirada que denotaba ira y deseo al mismo tiempo. Ahora, no sabía cómo regresar a su trabajo, ya no lo vería igual porque sabía lo que él le había hecho. Necesitaba procesar esa información y tomar una decisión al respecto.
- Agradezco que decidieras contarme todo —Sophie se levantó y se acercó a su madre— Pero debiste hacerlo antes para ayudarte con todo esto.
- Tú tampoco me dijiste que buscarías empleo en la clínica, te hubiese dicho que no lo hicieras. Además, no tengo el carácter frío que tú tienes Sophie —Su madre sollozó y Sophie se acercó para abrazarla. Hacía 5 años que no la abrazaba, la última vez que lo hizo, fue en el sepelio de su padre— Eso lo heredaste de tu padre.
- Al menos hizo algo bien.
Dejó a su madre. Llamó a Yulitza para decirle que se sentía indispuesta para volver y que la vería por la mañana. Se fue directo a su casa, permaneció acostada en el suelo del living mirando el techo y pensando cómo controlaría su impulso de golpear a Álvaro por lo que su padre le hizo o, peor aún, cómo evitaría decirle que ella sabía todo. Se sentía furiosa y no pudo evitar llorar.
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Álvaro salió de la clínica, llegó a la tienda donde compraría el regalo de su madre. No sería nada ostentoso, todo lo contrario. Se decidió por un rosal silvestre. Pagó por la planta y se puso en camino a la casa de su madre. Durante el trayecto, recordó a Sophie, no lograba recordar porqué su rostro le resultaba familiar, comenzó a frustrarse por su mala memoria.
Al llegar a la casa de su madre, ella estaba en el patio trasero arreglando su jardín. Se acercó y colocó la planta a su lado para que ella decidiera el lugar donde plantarla.
- Debería plantarlas donde no pueda verlas —Murmuró molesta.
- No importa dónde las plantes, igual morirán —Su madre volteó a míralo y frunció sus cejas— Es sólo una broma, mamá, no lo tomes en serio.
- ¿Desde cuando haces bromas? —Levantó una ceja incrédula— Creo que estás enfermo ¿Ya te revisaron en tú clínica? —Álvaro suspiró y rodó los ojos.
- Feliz cumpleaños mamá —Se limitó a decir.
- Gracias, y gracias por la planta —Se levantó y sacudió su ropa— Ya puedes irte, total, tú nunca tienes tiempo para tu madre.
- Iba a quedarme a comer, pero veo que estás de mal humor —La mujer, impresionada, tocó su frente y mejillas.
- ¿En serio te siente bien? —Hundió sus cejas y caminó en dirección a la casa— Llamaré una ambulancia, ¡estás delirando!
- ¡Leonor! —Exclamó molesto— ¡Por eso es que nunca comparto tiempo contigo!
- ¡Ay, por favor! —Manoteó molesta en el aire— Tú nunca has mostrado un pizca de cariño por mí, siempre estabas pegado de tu padre, a mí me ignorabas, para ti, siempre he sido un cero a tú izquierda. Lárgate de mi casa, no regreses, no vayas a mi sepelio, no finjas que te dolerá mi muerte y nunca te atrevas a llevar o enviar flores a mi tumba.
- Madre, yo…
- ¿Eres sordo? ¡LARGATE!
Álvaro se sintió herido, si bien era cierto lo que decía su madre sobre su preferencia por su padre, eso no indicaba que no la amara. Enderezó su cuerpo, arregló su camisa, miró a su madre y pasó por su lado. Volteó para mirarla y decirle algo, su madre alzó su mano haciendo un gesto para que se fuera pero igual no se detuvo.
- Siempre te he amado —Dijo cabizbajo— Pero tú nunca mostraste afecto por mí, no me abrazabas, no me besabas, ni siquiera me elogiabas o decías alguna palabra que me animara cuando me sentía derrotado —Su madre intentó alejarse— Me iré. Si me necesitas, llámame.
Salió de la casa tan rápido cómo pudo, se sentía dolido por el trato de su madre, aun así, decidió restarle importancia, conocía a su madre y sabía que su enojo era pasajero. Abandonó el lugar y fue a la tintorería a buscar sus cosas.
Al llegar, no tardó mucho en regresar al camino. Llamó a su prima para confirmar su vuelo. Aún estaba en marcha ir a buscarla. Llamó a Yulitza para saber las novedades del día.
- La Doctora Calima se siente indispuesta —Le dijo la chica un tanto indiferente— regresará mañana.
- Es su primer día ¿Y ya se toma el resto del día libre? —Su tono parecía molesto— Envíame su dirección.
- ¿Que por favor qué? —Preguntó Yulitza con sarcasmo.
- Por favor, pasame la dirección de la Doctora Calima —Masculló molesto.
- Con gusto, Señor De la Vega —La chica terminó la llamada sin decir nada más.
Minutos después, recibió la dirección, buscó en Google Maps, era muy lejos desde donde se encontraba pero aun así se dispuso a ir hasta allá, la Doctora no podía tomarse esas atribuciones sin el permiso de un médico de la clínica. Él se encargaría de hacerle saber las normas de su trabajo. Se sentía molesto por la falta de ética de la Doctora.
Al llegar a la casa de la Doctora, caminó rápido hasta la puerta y tocó la misma con fuerza. Sophie se asustó y creyó que alguien tenía una emergencia o necesitaba su ayuda. Se levantó y corrió a la puerta. Al abrir y ver la cara de Álvaro quedó sorprendida. Álvaro, al ver sus ojos rojos cambió su expresión.
- Sophie ¿Se siente bien? —Sus cejas se hundieron expresando preocupación— Me ha dicho Yulitza que estaba indispuesta para volver
- No me siento muy bien —Mintió— ¿Usted se preocupa de la misma forma por todos sus empleados?
- En realidad —Pasó un dedo por su mentón— Si me preocupo, pero no los visito en casa, usted es la primera.
- Pase —Se hizo a un lado para dejarlo entrar, por alguna razón se arrepintió al cerrar la puerta— Tome asiento, ¿Quiere un café, agua, o un whiskey?
- Gracias, estoy bien así.
- No lo tome a mal, pero ¿debo sentirme afortunada por su presencia?
- Entiendo que le incomode mi presencia, pero ningún empleado se ha ausentado en su primer día, por lo general les toma dos o tres meses.
- ¡Ah! Entiendo —Cruzó sus brazos debajo de sus senos haciendo que éstos se elevaran aún más— Supongo, que debí hacerle saber a mi cuerpo que no debía enfermarse tan pronto.
- Entiendo su malestar —Enfocó su mirada en los senos de Sophie y luego buscó sus ojos— ¿Puedo hacerle una pregunta personal?
- Supongo que puede…