Manuel —¿Qué vas a hacer, Manuel? Hace un mes que andás llorando por los rincones. —Nada, María. ¿Qué querés que haga? —Que patees el tablero de una vez. ¿Vas a dejar ir a Gabi así? —Basta. Te lo voy a decir una última vez: lo que pasó no fue más que un error. Además, ¿qué me hablás vos de patear el tablero? Ella frunció el ceño suspirando. —¿Querés que mande todo a la mierda? Bueno, mirá qué fácil —dicho eso, se sacó el habito dejando al descubierto su pelo rubio—. Listo, Manuel, a partir de ahora no soy más novicia. —Volvé a ponerte el hábito. —Estás loco, yo no soy como vos. Yo sí quiero vivir mi historia sin que me importe nada. —Bueno, al menos tu novia no humilló a alguien frente a todo el barrio. —Se lo merecía y lo sabés. —No sé nada. Si terminaste, voy a hacer el papele

