Gabriel Manuel me trajo una taza de té y se sentó conmigo en el sillón. Me acurruqué contra él mirando el hogar a leña, tomé un sorbo y cerré los ojos pensando en el último año. Las cosas después de irme de mi casa habían cambiado bastante, mis padres habían dejado de hablarme por escaparme con el cura de la parroquia, pero no me importaba demasiado, era el precio a pagar por estar con Manuel. Una vez que dejó los hábitos frente a la diócesis, decidimos venir a Bahía Blanca, el lugar donde había nacido y criado. Me dolió tener que dejar el barrio en el que yo había vivido toda mi vida, dejar a mis amigos y mi entorno, pero era lo mejor, ya no podría estar ahí, sabía que me apuntarían como el que llevó a pecar al padre de la parroquia. No era que me importara demasiado, pero a Manuel sí le
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