Manuel Escuché los pasos de Gabriel acercarse a mí por la espalda. Se sentó al lado mío haciendo que lo mire. Le sonreí, pero él no cambió su expresión seria. Me sostuvo la mirada, de nuevo me sentía un poco raro con él, tenía la misma sensación que cuando lo agarré de la mano en el confesionario. Sus ojos oscuros eran hipnóticos, daban ganas de mirarlos toda la vida. Me confundía sentirme así con él, nunca me había pasado con nadie. —¿Puedo hacerte una pregunta, Padre? —La que quieras. Se mordió el labio visiblemente nervioso. —Quería preguntarte sobre Isabel. La vi muy peg... —No —lo interrumpí—. Sé lo que querés preguntar y la respuesta es no. Ni me interesa, ni quiero que se acerque así a mí. Justamente tenía miedo de esto. Desvió la mirada de mí. —No te preocupes, Padre, todos

