Gabriel Miré a Facu desde la silla de su escritorio, le había contado lo que pasó anoche con el Padre Manuel y no dejaba de mirarme con una sonrisita burlona. No había dicho nada desde que terminé de hablar, pero sabía perfectamente lo que estaba pensando en este momento; sabía que en cualquier momento iba a recordarme lo mucho que me gustaba. Desvié la mirada esperando a que dijera algo, cualquier cosa que fuera a usar para burlarme, pero en su lugar, se quedó en completo silencio. Era raro en él que no aprovechara una oportunidad como la que tenía ahora. De repente, agarró mis manos, lo miré de nuevo, ahora estaba sentado al borde de la cama con semblante serio. —Che, quiero que hablemos de algo, ahora que pasó una semana —dijo jugueteando con mis manos—. ¿Qué pasó en realidad con Mate

