NAILEA
—¿Hola? —le solté, sin ganas de disimular mi fastidio.
—Nailea... —su voz ronca me sacó de mis pensamientos un segundo—. Te ves... increíble.
Sentí el calor subiéndome por el cuello, pero no iba a darle el gusto de verme toda sonrojada.
—Gracias. —Me hice la que no me importaba.
—¿Y Inma? ¿Ya duerme? —preguntó.
—Sí, la están acostando ahorita.
—O sea que hoy no podré verla.
—Ni modo. —Me encogí de hombros.
Asintió, como resignado.
—Será en otra ocasión.
—Sí, claro.
—¿Lista para irnos?
—Vale, vámonos.
Cerré la puerta con un último vistazo hacia adentro y bajamos las escaleras. Fue entonces cuando me frené en seco.
Una limusina. Ahí, frente a mi casa.
—Vamos. —Charles sonrió, como si fuera lo más normal del mundo.
El chofer abrió la puerta.
—Buenas noches, señora.
—Buenas noches. —Le sonreí, todavía en shock.
—Gracias, Justin, de aquí me encargo yo. —Charles entró después de mí y cerró la puerta.
—Justin —dijo él, y arrancó.
Lo miré.
—A ver, ¿me vas a decir a dónde vamos o qué?
—Ay, qué desesperada —respondió con su sonrisita.
—No es desesperación, es querer saber donde vamos.
—Tranquila, en un ratito verás.
No tardamos mucho en llegar.
Charles salió primero y me ofreció la mano. Yo la tomé y, cuando bajé, sentí su otra mano apoyándose en mi brazo.
—Gracias, Justin.
—A la orden, señora.
—Llámame Nailea, por favor.
—Sí, claro.
Pero Charles lo interrumpió con un "ya basta de formalidades" antes de que pudiera terminar.
—Te aviso cuando estemos listos para irnos —le dijo a Justin.
—Sí, señor.
Cuando la limusina se fue, giré la cabeza para ver dónde estábamos y casi se me cae la mandíbula.
—¡No lo puedo creer! ¿De quién es esta enorme mansión?
—Clark Jackson. —Charles sonrió mientras subíamos unas escaleras impresionantes.
—Está...
—Gigante. —Terminó mi frase.
Seguimos hasta unas puertas enormes custodiadas por dos tipos trajeados.
—Bienvenidos, señor, señora.
—Gracias.
Entramos, y en cuanto vi la cantidad de gente, el bullicio y las miradas, me entró un cosquilleo incómodo en el estómago.
—¿Podemos ir a un lugar menos... público?
—Claro.
Me guió entre la gente mientras yo intentaba no chocar con nadie.
—A todo esto, ¿qué es este evento?
—Una gala benéfica. Y necesitaba un acompañante... Fuiste la primera persona en la que pensé.
—Qué honor. Yo ya empezaba a creer que te habías olvidado de que Inma y yo existimos.
—Hablando de Inma... ¿cómo está?
—Bien, como siempre. Te extraña. —Lo miré de reojo.
—¿Sí?
—Ni te imaginas. No pasa un solo día sin que diga "papá". Se enoja cuando no te ve.
—Lo siento... —dijo él, y justo cuando parecía que iba a decir algo más, una voz interrumpió.
—¡Charles!
Nos giramos al mismo tiempo.
Una mujer elegante, acompañada de un hombre de mediana edad, se acercaba con una sonrisa.
—Mamá —dijo Charles.
—Hijo, pensé que no vendrías. Casi pierdo la esperanza.
—Te dije que vendría. —La abrazó, luego estrechó la mano del hombre—. Papá.
—¿Cómo estás, hijo?
—Bien.
Y entonces, como si recordara que yo existía, Charles me miró con una sonrisa.
—Les presento a Nailea Wallace, mi cita.
Y ahí me quedé, con el corazón latiéndome rapidamente, en medio de esa familia que parecía salida de una película de ricos... preguntándome en qué me había metido.
—Buenas noches, señora… —Le tendí la mano a su mamá, tratando de no parecer nerviosa.
—Ay, por favor, dime Grethel —me cortó antes de que terminara.
—Encantada de conocerte, Grethel.
—Igualmente, querida. —Sonrió con amabilidad.
—Y yo soy Pierre. —El papá de Charles me extendió la mano con firmeza.
—Mucho gusto. —Le devolví la sonrisa.
—El gusto es mío —dijo él con una mirada curiosa—. Nunca había conocido a ninguna de las mujeres de este muchacho después de…
—Papá, ya basta —lo interrumpió Charles de inmediato.
—Es la verdad —dijo Grethel con un tono juguetón—. Siempre evita salir con alguien. Todavía me pregunto cómo se casó en primer lugar.
Casado.
La palabra quedó flotando en el aire, pesada como una piedra en el estómago. Mi mirada se clavó en Charles.
—¿Casado? —pregunté, sintiendo que el suelo se movía.
Grethel abrió los ojos con expresión de "ups".
—Oh… ¿No te lo dijo?
Negué con la cabeza, todavía en shock.
—Ay, niña, lo siento. No era mi intención soltarlo así. —Me miró con pena y luego fulminó a Charles con los ojos—. Pero bueno, él te lo explicará cuando se sienta listo.
Tragué saliva y simplemente asentí.
—Deberíamos ir a nuestros asientos. La subasta empezará pronto —intervino Pierre con naturalidad.
—Sí, vamos —dijo Grethel, y el matrimonio se adelantó.
Charles, como si nada, me jaló una silla para que me sentara cuando llegamos a la mesa.
—Gracias —murmuré, todavía con la cabeza dando vueltas.
Se inclinó un poco y susurró cerca de mi oído:
—De nada.
Un escalofrío me recorrió la piel.
La subasta comenzó, pero mi mente estaba en otro lado. Intenté que no se me notara.
—Entonces, ¿a qué te dedicas, Nailea? —Grethel rompió el silencio con su tono amigable.
—Trabajo en el departamento de asuntos legales de Holt.
—¿Holt?
—Sí, el lunes le cambiaron el nombre.
—Entonces, ¿trabajas de cerca con el director general?
—No, ese es el trabajo de otra persona.
—¿Y tu familia?
Me tensé un poco, pero me forcé a sonreír.
—Tengo una hija, Inma.
—¿De verdad?
—Sí. Es la niña más tranquila que conozco. Solo llora cuando tiene hambre o necesita un cambio de pañal. La amo con todo mi corazón.
—Me encantaría conocerla. Hablar de ella me recuerda a Charles cuando era pequeño. Tampoco lloraba mucho. Siempre fue un bebé muy feliz.
Sonreí, pero entonces Grethel lanzó otra pregunta:
—¿Y el padre de Inma? ¿Está en su vida? No quiero entrometerme, solo…
—No hay problema —dije—. Inma es adoptada.
Grethel asintió con una expresión comprensiva.
—¿Y tus padres?
Mi sonrisa se desvaneció un poco.
—Murieron en un accidente.
—¡Oh! Lo siento muchísimo, querida.
—No te preocupes. Fue horrible, pero con Inma, todo es diferente. Ella me mantiene en pie.
—Eso se nota. —Me sonrió con calidez—. Sabes, Charles nunca trae a nadie a estos eventos. Me sorprendió cuando dijo que vendría contigo. Y ahora que te conozco… me gusta. Eres buena para mi hijo.
—No sé qué decir…
—Solo digo que podrías ayudarlo. Ha pasado por muchas cosas desde que murió su esposa. No sé realmente cómo se siente porque se cierra a todo el mundo. Pero contigo… quién sabe.
Volteé a ver a Charles. Estaba conversando con un hombre mayor.
—Lo intentaré —dije sin estar del todo segura.
Porque, ¿cómo se intenta ayudar a alguien cuando apenas lo estás conociendo?