LA LLEGADA DE LOS INVASORES

1281 Palabras
Al bajar de la montaña, veo unos arboles frutales al otro lado del sendero,  le digo a Alejandro que se detenga y le señalo el lugar: — Creo que son naranjas y mangos. — Me emociono al pensar que conseguiremos frutas para nuestra comida. —Vamos a mirar — Dice mientras nos desviamos de nuestro camino y vamos a explorara el lugar. Efectivamente son mangos y naranjas, no pensé que me hiciera tan feliz ver una fruta que prácticamente se consigue en cualquier parte en mi ciudad, incluso se desperdician y aquí son un lujo, momentos como este nos hace darnos cuenta que tomamos todo por sentado y no disfrutamos los pequeños privilegios que la vida nos da. Alejandro se quita la camisa hacer un saco y poner ahí la fruta que necesitamos, el ruido del viento y de los pájaros, hace que el ambiente sea un poco espeluznante. — Vi una película de una isla desierta, donde un monstruo salía de un orificio y se comía a las personas.— Pienso en como estos arboles y el paisaje en si, me recuerdan esa peli. — Gracias por meter esa idea en mi cabeza.— Dice retomando la caminata hacia nuestro campamento. — Y si hay un monstruo asesino ¿Qué haríamos? — Alex rueda los ojos y se ríe como si hablara con una niñata tonta. —Ves demasiada televisión.— Me reprende. —Tengo mucho tiempo libre. — Me excuso. — ¿Acaso no tienes un novio con quien perder el tiempo? — ¿Cómo le digo a este hombre que mis problemas metales imaginarios, no me permiten confiar mucho en el sexo opuesto? — No.—  Respondo automáticamente. — ¿Cómo es que que una chica tan guapa no tiene un hombre en su vida? — Quiero enojarme y regañarlo por ser tan macho y pensar que una chica no puede ser feliz sin un hombre, pero la verdad es que yo yo también me pregunto lo mismo, así que le contesto:  — Supongo que no ha llegado alguien que me acepte tal cual soy. — Una pequeña mentira no le hace mal a nadie. — Podrías conseguir un amigo con derecho, que supla tus necesidades. — me dice sugestivo. — ¡Por supuesto que no! no soy una chica fácil.— Como si no lo hubiera intentado, el problema es que tiendo a involucrar sentimientos y termino con el corazón roto. — No se trata de ser fácil, pero puedes divertirte mientras llega tu príncipe encantador.— Mmm al parecer mi compañero de tragedia es un experto en picar aquí y allá. — ¿Te estas ofreciendo?—  Pregunto con falsa coquetería, este hombre esta demasiado por encima de mi liga. —Tal vez — Responde siguiéndome la corriente. — Ja, Ja, muy gracioso.— Seguimos caminando hasta llegar a nuestro campamento, recogemos algunas ramas y madera de árbol que vamos encontrando en el camino, también rellenamos las botellas de agua, así que al llegar estamos exhaustos por el paseo de hoy. Tenemos cerca a la hoguera una pila de escombros, madera, ramas, tronco de arboles caídos secos, para mantener viva la hoguera, ahí dejamos los que trajimos de la expedición; esperamos que no vuelva a llover, porque prender fuego luego de la lluvia es bastante difícil. Lo bueno, es que en una de las maletas que encontramos habían cosas valiosas como perfume, alcohol y unas aspirinas, así que el perfume y el alcohol lo podremos usar como combustible para el fuego de ser necesario. De la comida que encontramos en el contenedor, solo se salvaron algunas cosas, otras se dañaron y tuvimos que deshacernos de ellas, fue difícil para mi, tener que botar la comida, pero no había otra solución, la arrojamos al arrecife donde hay infinidad de peces y ahora sabemos la táctica para una pesca efectiva. — Debemos hacer una estrategia para empezar a pescar  en el arrecife — Me dice mientras comemos esa tarde sentados frente al mar. — Deben haber tiburones en el arrecife, no quiero morir de esa manera — I magino que debe ser una muerte muy dolorosa. — Y la diarrea por comer coco y naranja es una mejor manera de morir— Dice con sarcasmo, yo hago cara de asco. — Que horrible lo que dices,  nunca podre sacar esa imagen de mi cabeza. — el ríe a carcajadas le gusta picarme, le devuelvo la sonrisa mientras me quito mis zapatos. Me duelen mucho los pies de la caminata, no creo que unas Chuck, sean la mejor opción para caminar por un bosque tropical en una isla desierta, ya casi se esconde el sol pero igual voy a la orilla del la playa  y con mucho cuidado me enjuago el sudor de la caminata, mañana iré al riachuelo y me bañare como se debe, me siento feliz de tener un poco de desodorante, shampoo y crema dental, aunque la estamos racionando para que nos dure mas tiempo.  Salgo del mar y me voy a nuestro pequeño refugio y me pongo un vestido de los que encontré en la maleta, la ventaja que tengo es que soy bastante delgada, y soy pequeña, gracias a esto, toda la ropa me sirvió. —  ¿Qué querías ser de niño? — Pregunto curiosa cuando estamos acurrucados cada quien en su lado del refugio. — Soñaba con ser bombero, era mi mayor sueño — Dice con un brillo en los ojos. — ¿Qué sucedió, porque no te dedicaste a ello — Me gusta como es tan fácil hablar con el, no es para nada la estrella inalcanzable y malcriada que pensé que seria. — Supongo que no era mi destino — Dice somnoliento. — No creo en el desino — Me da una sonrisa y se duerme rápidamente,  cosa que yo también  hago. Me despierta un extraño sonido entre los matorrales que están muy cerca de nosotros, escucho susurros y pisadas que parecen de personas, Alejandro duerme cerca a donde estoy y trato de despertarlo porque estoy asustada. — Alex despierta—  Lo muevo un poco y susurro para que los intrusos no sepan que ya los escuché. — ¿Qué es lo que sucede?—  Me responde desorientado, tratando de enfocar la vista, aun somnoliento. — Escucha eso, parecen pisadas — Se pone alerta y pone el dedo índice en su boca para que no haga ningún ruido, escucha de donde viene el ruido y sale sale refugio de manera sigilosa con la linterna en la mano, pero aun la tiene apagada, esta oscuro pero la fogata hace que se vean iluminados los alrededores, me tapo con la manta hasta la cabeza, tengo mucho miedo, si a Alejandro le pasa algo, no creo que pueda sobrevivir sola. No escucho nada por un buen rato, pero luego de unos momentos escucho pasos, ruidos de forcejeo y luego un golpe seco y como la linterna de Alejandro cae al piso, luego solo escucho el grito de un hombre y tengo que salir del refugio, corro en busca de Alex para ayudarlo y encuentro la linterna, la enciendo y apunto hacia el lugar donde están los cuerpos, ¡oh sorpresa! tiene a un hombre agarrado por el cuello. — ¡Alejandro! — Le llamo, el mira a la cara de la persona que está debajo de el y pregunta sorprendido: — ¿Juan San Martin? — Se levanta del suelo y luego ayuda a levantarse al tipo. Ahora reconozco al hombre, es otro actor, no tan famoso y reconocido como Alejandro pero también tiene una gran carrera en el mundo de la televisión y al parecer también iba en el mismo vuelo que nosotros.
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