Debo admitir que, aunque esta experiencia es absolutamente escalofriante, el hecho de estar con Alejandro pasando por todas estas pruebas, ha hecho que sienta que hay esperanza, esta mañana me trajo una jarra que había entre los escombros, no tiene una idea de lo feliz que me ha hecho al tener donde hervir agua y poder preparar un poco de café, en este momento siento que es un total lujo, poder tomarme uno.
Hasta donde sé, la comida de los aviones tiene una vida útil de consumo de 72 horas, mientras esté empacada y perfectamente refrigerada, pero debemos esperar que se pueda consumir con mas tiempo y que ya no esté dañada, nuestro sistema de detección, la nariz.
Comimos arroz, pollo y verduras hasta cansarnos, tenemos el pescado que cocinamos, guardado en hojas de plátano para que se conserve, hay muchas hormigas intentando meterse al contenedor de la comida, así que tenemos que mantenerlo sellado.
Me siento debajo de un árbol, cerca a la playa a tomarme un café recién hecho, no tengo vasos así que tuve que servirlo en uno de los cocos vacíos a los que Alejandro amablemente les hizo un hueco lo suficientemente grande para que parezca un jarro, el café tiene un ligero sabor a coco, pero no voy a quejarme por eso.
El se sienta a mi lado, a tomarse uno también y chocamos nuestros cocos como un brindis, por otro día mas de supervivencia; me pregunto ¿que habrá pasado con el resto de los tripulantes del avión? ¿habrán sobrevivido? ¿los habrán rescatado ya? ¿por qué no vienen por nosotros? es muy extraño que hayan pasado 4 noches desde el accidente y no hemos escuchado ni un avión, helicóptero o hemos visto un barco pasar cerca de aquí, ¿donde demonios fuimos a caer? ¿porqué no nos han rescatado? tengo tantas preguntas en mi cabeza que creo que debe parecer que se mueven engranajes en ella.
-¿Sigues preocupada porque no han venido a rescatarnos?- Lo miro aun con mis pensamientos muy revueltos en la cabeza.
-Es que es muy extraño Alejandro.- Pienso que deberíamos haber visto algún movimiento de algo.
- Alex.- No entiendo al principio a que se refiere.- Puedes llamarme Alex.- Oh... eso era.
-Está bien.- Sonrío como colegiala enamorada, ahora ya tenemos la confianza de llamarnos por diminutivos, - Querido Dios, no permitas que intente entrarle a este hombre.- Hago una oración silenciosa al Dios todo poderoso, porque si no nos rescatan pronto, voy a cometer una locura que me hará quedar en completo ridículo.
- ¿Que me decías?- Por estar pensando locuras olvide lo que iba a decirle.
-oh, si eso,- Ni siquiera puedo disimular que me vuelvo idiota en su presencia.- Te decía que es muy extraño que no haya ninguna actividad cerca de aquí, no lo entiendo.- Por fin logré organizar mis ideas.
-Es como esa serie, la de el avión que cayo en la isla.- Paso de embobada a asustada, recuerdo esa serie, Alex es muy malvado.
-Estaban muertos, no quiero estar muerta.- Le digo lloriqueando.
-Pues seria muy triste pasar la eternidad aquí.- Pues si es con el, para mi, seria el mismísimo cielo.
No sé como podríamos pasar mucho tiempo aquí sin volvernos locos, no hay nada que hacer, no hay r************* , ni teléfonos, ni televisión por cable, extraño ver películas en Netflix, creo que voy a perder la razón pronto.
- Vamos a explorar antes que te vuelvas completamente loca - dice mientras se levanta de mi lado y me da la mano para que me levante yo también, me tropiezo accidentalmente con su duro pecho cuando hago un movimiento muy rápido y todos mis sentidos se encienden al recibir su olor a sudor y macho primitivo, no puedo evitar olfatearlo, si, lo olisquee como si fuera una perrita en celo, que vergüenza y lo peor es que mi boca no tiene ningún filtro porque pregunto:
- ¿Como es que no hueles mal?- Huele como a sal de mar, sol y sudor limpio.
- No lo se.-Dice un poco confundido por mi ridícula pregunta. - Me bañé el mar mas temprano, supongo que es eso.- Es tan injusto.
- Yo apesto como si tuviera 3 días de muerta.- Respondo con molestia.
- No digas eso, solo hueles como si fueran 2.- Suelta una carcajada y lo miro mal.
Lo golpeo en el hombro y me aparto refunfuñando; las cosas están poniéndose un poco demasiado amigables, y eso me asusta, imagínate, somos como Adán y Eva en el jardín del edén.
Voy al refugio a cambiarme, me pongo unos pantalones deportivos de los que encontré en una de las maletas y me calzo mis converse, no quiero que algún animal me muerda por tener las piernas al aire. Alejandro usa uno de los pantalones de chándal que encontró en la otra maleta y que le queda bastante justo, déjame decirte que no había visto a nadie con un culo como el de el, esos pantalones están en el lugar al que pertenecen.
Esta vez vamos por otro lado, abriéndonos paso y haciendo un camino; andamos unos dos kilómetros, cuando divisamos una colina que nos lleva a un acantilado, llegamos hasta la cima y debo decir que estoy exhausta.
- Este lugar seria perfecto para la fogata, tendría mas visibilidad.- Dice un poco para el mismo.
-Tendríamos que mudarnos aquí y quedaríamos muy expuestos.- Que tal haya un huracán, moriríamos.
Miro hacia abajo y puedo ver hacia donde está la cascada y nuestro campamento con la gran fogata ardiendo.
- Es una gran vista desde aquí hacia el océano.- Le digo mirando hacia la inmensidad.
- Lo es- Concuerda conmigo.
-¿Logras ver alguna embarcación?- Es increíble que no logremos divisar nada mas que el océano.
-Sólo el océano y mas océano.- Me pongo a pensar en lo difícil que sera salir de aquí, quiero volver a mi hogar, necesito recuperar mi normalidad.
Bajamos la colina y nos vamos camino al campamento nuevamente.