—¿Dónde te has metido, señorita? —Carl, le pregunto a Luisa. —Don Carl, ella estaba con nosotros; mil disculpas fueron cosas muy importantes. —Si es que tenemos que salvar el mundo o el universo y algo más que eso. —Francisco le explicó moviendo las manos como si limpiara un espejo. —Bebe, estábamos muy preocupados—, empezó a llorar la señora Mery, la mamá de Luisa. —Tranquilos, señores, Entiendo la preocupación, no alcanzamos a avisarles de nuestra demora. Por favor, permítanos pasar y buscar algo en su patio —Papá, ellos quieren examinar la piedra que está debajo de la casa. —La enorme piedra, pues suerte con ello, que ni la dinamita le hizo rasguños; aunque de pronto hubiesen traído a su compañero Marco, quien es tan musculoso, tal vez podría partir esa roca—, mencionó don Carl mo

