—¿Seguro es por aquí?, Angie, creo que estamos perdidos—, bufo Marco. —Todo por no aguantarte las ganas de macho. —Tranquilo, estos péndulos son confiables, —lo movió la bella Angie. —me preocupa más que se nos está acabando el licor. —Marco tiene razón, esto parece una iglesia—. Luis estaba en lo cierto; la construcción tenía símbolos religiosos. —Analiza las cosas, eso es el perfecto escondite para esas cosas y aunque a mi hija las cualidades le mermaron por su desliz, ella aún tiene mucho poder, aunque le toca ahora recurrir a estos artilugios y si su hambre de macho no la sacia, le va a tocar recurrir a otros y, si no, a otro tipo de prácticas. La gran puerta se abrió ante sus ojos y de allí salieron unos hombres altos, vestidos de n***o, que los confrontaron. —¡Lárguense de aquí!

