—No aguanto más, Don Richard; iré por ella. —Aguarda. Cálmate que ya vamos llegando al punto que quiero que sepas. Recuerdas que había quedado en que el maestro traidor de Francisco, el maestro anciano gordo Michel, con nombre de mujer, el socarrón de Guio y Luisa y familia, descubrieron que la roca debajo del pueblo era metal sagrado. Que al inyectarle energía está brillo en todo ese lugar y que el cielo se oscureció por una nube de lo que parecía ser murciélagos. Además de que algo enorme se aproximaba, ¿recuerdas, Mike? —Por supuesto que recuerdo, te fuiste al baño y cuando volviste me contaste otra cosa; me dejaste con esa intriga; por favor, continúa que todavía nos queda trago y conciencia. —Está bien, resulta que el maestro Michel, junto a Guio, porque el traidor de Francisco no

