—Viejo Richard, ¿qué quieres decir? Es que Yuri Pérez también se llama mi novia, que también está embarazada y un narco me la robó. Me estás tomando el pelo, me tomas por tonto. —No, cálmate, Mike, de pronto es coincidencia o puede que te convenga, como lo que me faltó contarte, otro extremo de la historia. Uno que sucedía en un lugar apartado del bosque, el alfa de los hombres-lobo o lobeznos, envió a su mejor beta, a Estrello y a su hija Paola, a una misión muy importante y delicada en el bosque. Ellos se camuflaron muy bien a pesar de su gran tamaño. Pasaban desapercibidos, de no ser porque la loba se arrimaba y rastrillaba su espalda contra el macho: —¿Qué haces?, Paola, estate quieta—, ladró Estrello. —¿Qué ocurre? ¿Me tienes miedo? ¿No te gusto? —le interrogó Paola sin dejar de fr

