De un cuarto salió un hombre muy elegante, vestido con un traje fino de esos con los que se casan, armado tan solo con una botella de champán y unas copas, saludando: —Bienvenidos, me disculpan su recepción; quería ver qué eran capaces de hacer, por favor tomen asiento para hablar de negocios. —No hemos venido a negociar—, Marco gritó materializando un martillo de guerra, —venimos por la espada, Dármela. —Por favor, Marco, no grites que arriba está mi nueva esposa, quien no se debe exaltar y ya debió de haber sufrido mucho por todo ese ruido de ahí afuera y quien por desgracia está embarazada. —Eres muy cruel, debería de partirte con mi espada, fulgor de fuego—, Angie intercedió mirándole el cuello. —No soy cruel, es que es bueno comprar una vaca y que salga preñada, lo que no lo es mi

