Cambios

1281 Palabras
Mary no sabía cómo reaccionar ante la noticia que acababa de recibir. Esperaba un hermoso reencuentro en el que abrazaría a Jaen por haber conseguido la forma de liberarlo de aquel sucio calabozo ¿y ahora se consigue con que golpeó a Scarlet al punto de dejarle inconsciente y, además, había escapado? Esto era algo totalmente ilógico. Algo que no tenía sentido desde ningún punto de vista. –¿Estás diciendo que la persona que te hizo esto fue Jaen? –La pelirroja intentaba procesar aquella sobrecarga de información–. Perdona, pero es algo que me parece imposible. –Fui yo quien debilitó a los guardias… –Los labios de la Clorux temblaban mientras miraban al horizonte–. Tomé la llave y abrí la celda. Abrace con fuerza a Jaen… y entonces sentí un fuerte golpe en la cabeza. Pude ver su rostro… me miraba de forma extraña. No parecía Jaen. –Comenzó a llorar cubriendo su rostro con ambas manos. Mary negaba con la cabeza. –Esto no puede estar pasando. –Una y otra vez intentaba conseguir una explicación a aquella extraña situación–. Jaen no puede ser sencillamente un traidor. –No quiero aceptarlo… –La desesperación cubría a Scarlet. –Michael no puede enterarse de esto. –Concluyó Mary rápidamente–. Considero que debemos mantenerlo entre nosotras por ahora. Estoy segura de que debe haber una explicación detrás de todo esto. Scarlet asintió. Con ayuda de Mary consiguió ponerse de pie y salieron del calabozo. *** Frente a una enorme mesa se apoyaba Jaen. Miraba un mapa de toda Ashura en el que marcaba con una enorme equis Ancient City. ¿De verdad existía una manera de llegar al Palacio de la Reina Whiter? Si era el caso tenía completamente claro que estaba poniendo en riesgo su propia via al acercarse a una r**a tan peligrosa como esa. Salió de su concentración al oír a alguien tocar el marco de la puerta abierta. Miró en dirección al sonido y allí estaba ese familiar rostro Nighter, Alexa caminaba hacia él con una ceja en alto. –¿Qué estás haciendo aquí? –Preguntó con rostro inquisidor como si usara su mirada para escanear las respuestas en el chico. –Me temo que eso no es de tu incumbencia, y deberías tener más respeto al dirigirte a mí, ya que soy el hijo de tu reina. –Jaen ni siquiera se molestó en mirarla. Continuaba analizando el trozo de papel sobre la mesa–. ¿No lo crees? –Sabes tan bien como yo, Jaen, que no estás aquí por voluntad propia. –Sentenció Alexa–. ¿Qué te obliga a estar haciendo esto? –Te diré algo sencillo, Alexa. –Dejó el lápiz sobre la mesa y se acercó a la chica–. La razón por la que estoy aquí es porque quiero acabar con toda la injusticia de este mundo. –Su mirada era fría, carente de sentimientos. La joven Nighter sintió por un momento que se encontraba frente a las amenazas de Anabelle. Estaba sorprendida. –Jaen… –Musitó mirándole con compasión–. Al parecer pasó algo… –Mira, deja de hacer como si te importara. Tú no eres diferente. –Bufó negando con la cabeza–. Traicionaste a los tuyos ¿no es así? –Eso ha sido… –La Nighter estaba sorprendida–. ¿En serio crees que he traicionado a mi gente? –¿Ah no? ¿Es que eso tiene otro nombre? –El chico volvía a mirar su mapa mientras hablaba–. No seas ridícula y deja de hacerte la tonta. ¿A cambio de qué estás haciendo esto? ¿Un lugar junto a la reina? –Anabelle amenazó con acabar con lo único que me importa en este mundo. –Habló con fuerza sin importarle quien la escuchara–. Si necesito morir por mantener con vida a Andrea, lo haré gustosamente. Jaen se detuvo. Tragó saliva. Nunca pensó en la posibilidad de que Andrea estuviese siendo víctima de un chantaje. No era que sonara extraño, Anabelle era capaz de todo, entre ello matar a Alexa. Un suspiró marcó una pequeña diferencia en la actitud del chico antes de rápidamente dejar salir un bufido. –Pues no entiendo para que me cuentas esto. –Soltó con indiferencia–. No pienso ayudarte. –¿Tan grave ha sido? –Preguntó nuevamente Alexa. Estaba segura de que algo había ocurrido. –¿Disculpa? –Jaen tamborileaba los dedos sobre el mapa. –No has cambiado mágicamente, Jaen. –Dedujo la chica–. Sé que algo pasó. –¡He dicho que eso no es tu problema! –Gritó asestando un fuerte puño a la mesa–. Retírate. –Jaen… –Alexa estaba en shock. –Es una orden… –Apretó con fuerza los dientes–. A no ser que quieras ver a Andrea como un cuerpo sin vida. Alexa ahogó un grito y llevó ambas manos a su boca. Sus ojos estaban abiertos, llenos de impresión y dolor. –¿Sabes…? –Pudo notar como las lágrimas comenzaban a hacer acto de presencia–. Creí que eras diferente… Y sin esperar nada más salió del salón. ¿Qué acababa de pasar? Incluso para Jaen lo que había dicho era algo completamente extremo. ¿De verdad había usado a Andrea para alejar a Alexa de sus planes? Eso era algo tan… rastrero. Aunque quizá, en el fondo, no era tan diferente como aquella mujer de la que todos se expresaban con odio. Tragó saliva apretando sus puños mientras se daba cuenta de lo mucho que lentamente se dejaba persuadir por cada palabra de su madre, y pensar en eso era algo que solo le causaba asco por sí mismo. Tras un suspiro de enfado continuó estudiando la forma de conseguir la ubicación exacta del Palacio Angelical. Si alguien tenía una posibilidad, era él. Hasta el momento mantenía en secreto la existencia del Cristal Terrenal, pero sabía que debía recuperar su piedra a como diera lugar. Una segunda silueta se posicionó en la entrada. –Extrañaba tenerte a mi lado, tesoro –Habló la mujer. Jaen no contestó. Ni siquiera se molestó en mirar a su madre. –Sé que puedes estar enfadado conmigo… –Se detuvo al ver el gesto de su hijo. –¿Quieres cerrar la boca de una vez? –Jaen la miró con enfado–. Por si no te has dado cuenta, estoy ocupado. –¿Hasta cuándo me odiarás? –Por un momento el castaño percibió dolor en aquella pregunta. –Hasta que dé mi último suspiro, Anabelle. –Respondió demostrando el enorme rencor que le guardaba a su madre–. ¿No lo entiendes? Solo verte me causa asco. –Sus expresiones no eran diferentes. Le demostraban a Anabelle que jamás podría recuperar el cariño de su hijo. Era demasiado tarde ya que cada vez que la miraba solo podía recordar el rostro de Hide sonriéndole día tras día; y ahora no estaba–. Has destruido reinos, has acabado vidas… mataste a Hide. –La muerte de tu amigo no fue mi responsabilidad. –Soltó velozmente intentando excusarse por aquel suceso mientras sentía como las palabras de su hijo le quemaban internamente. Jaen apretó los labios con fuerza. –Hide murió por tu culpa. Tú creaste los Doppelganger con el fin de matarlos. ¡Eso te convierte en la principal autora! –Su voz denotaba furia–. Y nada de lo que digas te restará culpabilidad. –Hablaba entre dientes separando cada palabra con una pausa aterradora. –Sé que muy pronto lo entenderás, mi querido príncipe. –Después de darle una sonrisa adolorida Anabelle salió del lugar. Jaen dejó salir un fuerte grito de rabia e impotencia y dio un golpe a la mesa. Respiraba con fuerza tratando de calmarse. La mejor forma sería dar una vuelta. Tomó un fragmento de Zafiro Congelado que su madre le había confiado y usando su poder hizo aparecer a quien seguía siendo su aliada: Fehila. El ave apareció con su característica majestuosidad, pero no reflejaba calidez y emoción al ver a Jaen. Este mantenía su mirada en el suelo, sin embargo aun así era capaz de sentir la frívola mirada de su amiga. ¿También le odiaba por lo que estaba haciendo? –¿Recuerdas el día en que accedí a estar a tu lado? –Comenzó Fehila con voz neutral–. Dijiste que seriamos aliados, no esbirro y dueño. –El ave miraba inexpresiva al chico–. Seré breve, Jaen. No deseo ser tu aliada si tu objetivo no es el correcto. –Fehila, por favor, no te vayas. –Sus ojos cristalizados denotaban súplica–. A estas alturas nadie cree en mí. Eres la única en la que puedo confiar… –Debiste pensar en eso antes de venir aquí, hijo de Anabelle. –Era la primera vez que Fehila le hablaba a Jaen de esa forma, como si se tratara de un simple trozo de basura inferior a ella. –Por favor… –Suplicó este–. Sólo déjame explicarte lo que ha ocurrido. El silencio fue largo. Ambas miradas eran fijas uno en el otro; Fehila con desprecio mientras Jaen suplicaba. Finalmente el fénix de hielo habló. –Sólo daré una vuelta. –Accedió entrecerrando sus ojos–. Si en ese tiempo no escucho una excusa válida te juro que será la última vez que me verás de tu lado, Kuze. El chico subió sobre su ave y esta emprendió el vuelo saliendo por el enorme balcón.
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