Alois

1181 Palabras
Alois estaba sorprendido. ¿No se suponía que en ese momento le recriminara e incluso llamara a los guardias de la ciudad para sacarlo por espiarla? Definitivamente en ese mundo las cosas se movían de una forma bastante extraña. Por fin entró sintiéndose temeroso. Miraba a todos lados como un niño que descubre un enorme lugar. La sala era pequeña y con muebles desgastados. No se parecía en nada a los hogares de las familias de su mundo. Era muy… peculiar y desgastado, en comparación a las gigantescas salas que se observaban en las familias prominentes de Ashura. –Bien, es extraño que recién nos conocimos hoy y ahora estás en mi casa por mi propia voluntad… no eres algún v******r o asesino ¿verdad? –Anabelle le miró de arriba abajo–. De ser el caso te advierto que soy cinta negra en artes marciales y aprendí a manejar la katana. No soy alguien a quien puedas forzar sin que pueda defenderse. –Vale, eso da miedo. –Alois soltó una risa nerviosa, aunque estaba claro que no entendía lo que era ser “cinta negra en artes marciales”. Lo que sí sabía era que él mismo no se consideraba exactamente un idiota en combate–. Pero no, no soy un maleante. –Eso me tranquiliza. –Anabelle ahora estaba sirviendo el té–. Pero me da aún más curiosidad. ¿De dónde vienes? El chico sonrió mientras accedía a sentarse. –Me gusta conocer muchos lugares. –Comenzó por fin–. Digamos que no tengo un lugar de origen. Soy un trotamundos. –Trotamundos… vaya. Y bien, ¿Qué lugares has visitado? –La chica colocó una pequeña taza de té de menta en la mesa y sostuvo la suya en sus manos. Tomó asiento sin despegar su mirada de curiosidad del rostro ajeno. Parecía ser que Alois no lograría destruir sus ansias de conocimiento con simples respuestas vagas. –No creerías los lugares en los que he estado… La insistencia de Anabelle era cada vez mayor. Su mirada inquisitiva era voraz; deseaba saber los orígenes del chico a como diera lugar. La mente de este trabajaba a toda velocidad creando una historia creíble para cualquier ser humano. –Bien ¿en qué lugares ha estado este chico bonito? –La sonrisa de ella era un motivo sencillo para mirarle todo el día. –Pues… –Los ojos de Alois se abrieron como platos a la vez que su rostro se tornaba rojo–. He visitado las pirámides de Egipto, los jardines babilonios…. –Azaba y el resto de los dioses había dotado a su servidor con información completa sobre el mundo humano. Era el momento de darle uso–. El monte Everest, entre otros lugares… –Vaya, realmente has recorrido bastante. –Respondió asombrada–. Es la vida que siempre he deseado… –¿Hablas en serio? –Los ojos de Alois se abrieron asombrados. –Despertar, trabajar, volver a casa y reponerte para un próximo día rutinario. –Soltó Anabelle con aburrimiento en su voz–. ¡Creo que todos nos merecemos mucho más que esto! Tú puedes viajar, disfrutar la vida. ¿Acaso era ella? ¿Era la indicada para confiarle el Cristal Terrenal? –Todos los humanos tienen familia. ¿Vives sola? –Inquirió el forastero. Anabelle entornó los ojos. –¿A qué te refieres con “los humanos”? –Esta vez Anabelle parecía extrañada. Era la primera vez que escuchaba a un chico referirse a las personas con ese término. –Lo siento, es una mala costumbre. –Alois rio nervioso rascando su nuca. –Entiendo. –Aunque, a decir verdad, la curiosidad de la castaña seguía latente–. Pues bueno, mi esposo falleció hace un par de semanas… –Su voz se quebró de inmediato–. Sólo teníamos un mes de casados. –Es una pena. Mi mayor sentido pésame. –Alois acababa de conseguir un factor común en ambos mundos. La muerte definitivamente era un enemigo al que ninguna r**a había podido derrotar. –Me fui de casa siendo joven debido a que mamá era alcohólica y papá nunca estaba allí para defenderme cuando ella me golpeaba. El Vigilante tragó saliva. Realmente tenía un pasado triste. Ella podía entender muy bien el dolor de todos los seres humanos. Si, era la indicada. Los pensamientos positivos sobre la conclusión de su trabajo comenzaron a tomar lugar. Se disponía a hablar pero entonces algo en él se sintió extraño. Ver a Anabelle derramar lágrimas hizo que un sentimiento desconocido se activara. De forma automática se puso de pie, caminó hasta ella y la envolvió con sus brazos. –Debió ser muy duro… –Musitó intentando consolarla–. Pero puedo ver que eres fuerte. La mujer estaba atónita. Un extraño de hermosa apariencia había llegado a su vida de forma accidental y, antes de que pasaran 24 horas la estaba abrazando y consolando. Lo peor de la situación era que ella no tenía interés alguno en pedirle que se retirara. Ambos cruzaron miradas antes de esbozar una sonrisa. No, este no era el momento de hablarle sobre Ashura. *** En uno de los postes del Castillo de la Noche reposaba la figura de Jaen cruzado de brazos. Un par de guardias seguían uno a la derecha y otro a su izquierda, vigilando cada movimiento que este hacía. Era evidente que el chico no estaba allí con las mejores intenciones ni mucho menos se observaba alegre por saber que allí se encontraba. No tardaron en resonar las fuertes pisadas de Anabelle. Entró finalmente al salón del trono. Se detuvo al confirmar por si misma que su hijo estaba en el palacio. A diferencia del castaño, esta si se mostró emocionada al saber que su pequeño retoño estaba en su castillo. –Así que finalmente has venido, Jaen –la sonrisa hizo presencia en sus labios. –Sí, aquí me tienes, madre –respondió inexpresivo. –No puedo creer que finalmente desees estar junto a mí en esto –dando zancadas se acercó a su hijo y colocó una mano en su hombro. Jaen la quitó sin dudarlo ni un instante. –No te confundas –la miró a los ojos con una mirada asqueada–. No eres más que un monstruo. ¡Una asesina! La única razón por la que estoy aquí es porque los habitantes de Ashura no son diferentes a ti. –¡¿Cómo te atreves a hablarle así a mi señora?! –uno de los guardias desenfundó su espada. Anabelle extendió su mano sin mirarlo como señal para que se detuviera. Por lo visto los guardias de la mujer seguían sin comprender al cien por ciento quién se encontraba en el castillo. Jaen sonrió burlándose. –Y quiero que tengas clara una cosa –apuntó con su dedo directo al rostro de su madre–. Estaré a tu lado por ahora, pero cuando menos lo esperes serán estas manos las que te darán muerte.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR