La jovencita estaba causando en el Barón de Ziend una impresión en su alma desconocida hasta ese momento y eso confundía al Barón Reginald de Ziend, quien estaba acostumbrado a jugar sin perder el control ni una vez de sus emociones ni de sus sentimientos. A Reginald de Ziend le preocupaba lo que la chiquilla le hacía sentir, aquello debía de terminar por su propio bien y por lo que podría pasar si él permitía que su corazón lo traicionera. La chiquilla era muy joven como para tomarla por esposa, algo que le cruzó por la cabeza dejándolo anonadado a él mismo por semejante pensamiento. Además se imaginaba lo que podría pensar Arthur si se enteraba que él, precisamente él, tenía a su pequeña hermana de mujer y que la pretendía por esposa. ¡Nunca me lo perdonaría! Su esposa fue aven

