Beltrán estaba cumpliendo los deseos de su difunto abuelo el Conde Mortimer, se había casado con la amante de su abuelo como condición para heredar su enorme y oculta fortuna. Cuando sus familiares se enteraron de la muerte del viejo Conde Mortimer, vinieron todos con actitud de pena y mucha tristezas a la gran y suntuosa casa del viejo Conde Mortimer. Todos lucían como fieles y cariñosos nietos y parientes. Todos lo lloraban, fingiendo sentir mucho dolor por la muerte del Conde. Las visitas para dar las condolencias empezaron a llegar y la casa se llenó de gente. Los sirvientes iban y venían con charolas de plata trayendo a los invitados bebidas y bocadillos. Aquel momento que se suponía ser muy triste parecía una velada entre amigos. Pero entre toda la gente presente, el nieto más

