—Hola, tampoco puedes dormir ¿eh? —Hola Samanthita —me saluda con amabilidad Óscar, un trabajador de la hacienda a quien conozco desde que éramos niños y tenemos una bonita amistad —es que tenía mas hambre que sueño y vine a asaltar la cocina de Ofelia. Ambos reímos. —¿Quiere un café? —Me pregunta poniéndose en pie para servirme—. —No, tranquilo, tú come que yo me sirvo sola. Tomé una taza y la llené de café, estaba caliente y tomé una cuchara para agitarlo y hacer que se enfriara un poco, mientras saqué un poco de gelatina del refrigerador y empecé a comer. —Hacía tiempo que usté no venía para acá y de pronto resulta que tiene un marido y una hijita. Solo sonrío, no digo nada y doy un sorbo a mi café. —Está delicioso, he probado tantos y ninguno sabe tan rico como este. —Pues

