NUEVA VIDA (Samantha).
Son las 5:30 de la tarde y recién termino de acomodar las últimas cajas que me faltaban por abrir, son todos mis libros, y los considero tesoros invaluables ya que fueron recibidos de manos de mi abuelo y otros tantos que llamaban mi atención y los compraba aún fueran usados y los vendieran en algún puesto callejero, ponerlos todos en orden era una tarea que requería dedicación por mi parte y a decir verdad disfrutaba hacerlo, tengo mas de ciento cincuenta novelas, policiacas en su mayoría, pero también algunas cuantas de ciencia ficción, de ahí en mas muchas enciclopedias, cuentos, literatura en general; las últimas tres tardes me senté con una copa de vino y fui colocando uno a uno en los estantes que conformaban el librero, dándoles un lugar específico a cada uno para cuando le necesitara ir segura a donde lo coloqué, me gusta saber exactamente donde está cada uno cuando lo busco, disfruto ser yo misma quien haga las cosas para tener certeza de que están bien hechas, recuerdo que mamá me decía que eso sería un quebradero de cabeza a la larga, y así es, pero lo disfruto, quise dedicarme a esta tarea en persona y aquí estoy, en el salón de la biblioteca, que es uno de mis lugares favoritos siempre, es donde acostumbro trabajar hasta tarde o leer alguna novela, a veces entro solo a sentarme y pensar, o a mirar hacia Central Park mientras tomo una copa de vino o un poco de café n***o, y fantaseo con mil cosas, me regala un ambiente íntimo y de mucha paz, por tanto antes de mudarme dediqué días completos a cada artículo que está aquí, el papel tapiz fue escogido a conciencia, quería un sitio sobrio y tranquilo, por ello elegí tonos beige, un escritorio enorme en roble al igual que los libreros que van a lo largo de una de las paredes, apenas hace dos semanas que me he mudado a este lugar; hace 3 meses que mi vida se vio severamente afectada con la muerte de mi abuelo y he tenido que regresar de Alemania para tomar las riendas de todo finalmente, el día que jamás pensé que llegaría llegó. En realidad no tengo deseos de hacerlo, siempre encontré muy abrumador el mundo de los negocios, y estudié la carrera porque desde pequeña mi abuelo me dijo que debía prepararme para el día que él ya no estuviera, era una idea que me aterraba porque sabía que en el momento que eso sucediera me iba a quedar sola, así que tuve que entender quisiera o no, que un día debería tomar el control de mi vida y de todo lo que mi abuelo dejara, y aquí estoy hoy; sola, lejos de mi casa, asustada aún por estar en un mundo que es dominado por hombres, y no cualquier tipo de hombres, sino de los que no se minimizan ante nada y luego vengo yo, con mi amplio conocimiento académico y casi nula práctica, lo mas que hice fue estar pendiente de la cadena hotelera mas grande de Europa, la cual también pertenece o perteneció a mi abuelo, y ahora aunque me aterra es mía, entre tanto mas; lo que mi mente no alcanza a comprender es cómo haré para mantener este yate a flote, cuando yo solo empezaba a saber remar ¡ay por Dios! Hoy, al igual que ayer quiero salir corriendo, pero también estoy dispuesta a hacer todo por mantener y hacer crecer lo que mi abuelo dejó en mis manos.
Me ha costado un poco de trabajo acoplarme a vivir aquí, y a decir verdad es algo que aún no se si en algún momento lograré hacer, soy una mujer que no sabe estar en un sitio por mucho tiempo y a partir de ahora este será mi hogar, mi vida ha sido un constante vaivén y de pronto tengo que establecerme en definitiva en un lugar.
Dana, mi mejor amiga desde hace mucho tiempo, me dijo que el ático era demasiado para mi sola, que podríamos compartir un piso mas pequeño, después de todo nos conocemos completamente, llevamos 10 años viviendo juntas cada aventura de país en país, hasta hace casi un año que ella vino para acá para iniciar con todo lo que sería nuestra agencia de publicidad, nunca imaginamos que la vida cambiaría tanto en un instante y ahora ando vuelta la loca entre la agencia y la empresa.
—Creo que deberías reconsiderar el estar aquí sola Samantha, ve el lugar, es hermoso no puedo negarlo, es el sueño de toda persona, pero creo que te va a deprimir tanto espacio vacío, al menos mientras llega la boda ven conmigo a casa y ya buscaremos algo mas pequeño, menos serio –esto último lo dice haciendo un gesto de desagrado con manos y boca— y mas acorde a tu alma aventurera.
—Dana no, en serio ya lo hablamos y estaré bien y aseguro que no estaré sola porque tú vas a pasar aquí cada día –ambas estallamos en carcajadas— además ya te dije que contrataré a una persona para que se haga cargo de la limpieza y de cocinar, la verdad es que con tanto trabajo apenas y puedo respirar así que tendré que aceptar que extraños entren a mi casa a mantenerla impecable y tú sabes que Ernesto frecuentemente me visita y quiero tener espacio suficiente y aparte sabes que disfruto de la soledad de vez en cuando.
Quizá mi amiga esté temiendo que nuestros años de aventura han llegado a su fin, y es así, con un esposo un poco machista en pleno siglo XXI que le ha dicho que al día siguiente de casados ya no trabajará mas, y yo al frente de todos los negocios de mi abuelo creo que será un poco difícil volver a vivir con desparpajo y diversión.
A veces pienso que fue muy irresponsable de mi parte no involucrarme antes en todos los negocios, bastaba con desear algo para tenerlo pero nunca supe de donde provenía todo cuanto había, ni el trabajo que implicaba conseguirlo y ahora tengo todo encima, pero tengo que poder, no puedo ser eternamente inútil y dejar que los demás se encarguen de dirigir este imperio vamos a saber de qué manera, mi abuelo no estaría contento con ello, además me he preparado para hacerlo y en mis adentros me digo que si pude con los hoteles puedo con esto ¡Ay Dios! sudo frío solo de pensarlo, pero lo que hasta ahora he visto no es suficiente para hacerme desistir.
Es domingo, hoy no me apeteció cocinar nada, llamé y pedí una pizza para almorzar, pero definitivamente no pienso cenar lo mismo.
Sí, a veces pesa la soledad, a veces hasta respirar duele cuando no hay nadie a tu lado, cuando la vida ha sido ella contra ti y no te queda mas remedio que aprender a pelear.
—Mamá, no sabes como los extraño cada día de mi vida…
Por años he echado tanto de menos su presencia, que me escuchara, que me diera su consejo, que algún día preparara mi desayuno favorito y otro me llevara al colegio, a mis entrenamientos o a comprar un helado, y hoy es uno de esos días en que mas sola me siento y mas falta me hace.
—Saldré a cenar —me digo a mi misma.
Debo apresurarme porque mi estómago está emitiendo sonidos que me indican que he postergado mucho la ingesta de alimentos, rápido me doy una ducha y busco algo casual, ya se a donde iré. Visto unos jeans azul claro corte a la cadera, un suéter gris de cuello alto y un abrigo n***o, a esta hora ya es imposible salir si no es bien abrigada, el frío otoñal se manifiesta en todo su esplendor y el viento cala, cala mucho, llevo unas botas negras a la rodilla de tacón fino; mi cabello no requiere mucho, únicamente lo seco y aplico un poco de crema para ondas y listo, de maquillaje ni hablamos, lo utilizo en pocas ocasiones, mas de eso solo una crema con poco de color y bálsamo para labios.
—Corre Samantha, es tarde —me digo a mi misma, es domingo por la noche y todo mundo está afuera, así que apresuro mis pasos y bajo la enorme escalinata, escuchando solamente mi respiración y el golpeteo del tacón, tomo mi bolso que está sobre la mesita del recibidor y pongo dentro mi móvil, no sin antes verificar la hora, son seis y cuarenta, y aunque está cerca el lugar hago 20 minutos en mi auto y he llegado, el valet parking se lleva mi camioneta y solo entrar me reciben de maravilla, lo bueno de que el dueño sea tu mejor amigo es que siempre saben qué y cómo lo quieres.
Me acerco a mi mesa y mientras reviso unos correos siento sus manos en mis hombros y me giro de inmediato.
—Hola nena, te extrañé.
—Hola guapo, ¿cómo estás?
Nos saludamos con un abrazo efusivo, es mi amigo desde hace muchos años, creo que es la persona que mejor me entiende y conoce; nos conocimos en Italia en una discoteca, donde vivía con uno de sus hermanos, y de ahí nos volvimos con él y Dana inseparables, cada que nos mudábamos a él le caía de maravilla, así pudo conocer la cocina de diversos países de primera persona, hace dos años regresó a Nueva York porque había logrado montar su negocio, un restaurante de comida internacional, poco después abre otro exclusivamente vegetariano y la cereza del pastel es este, es el favorito de nosotros los latinos pues es como un pedacito de patria en otro país.
—Todo bien muñeca, te esperaba con ansias; tienes tres meses aquí y te has convertido en cliente frecuente y distinguido para todos. Ven, toma asiento —dice mientras coloca nuevamente la silla para mi—.
Llega un mesero con una botella de vino que previamente ordenó Daniel y nos sirve dos copas.
—Su cena no tarda señorita Larsson.
—Gracias, siempre tan amable David —respondo con una sonrisa—.
—Qué tal el cambio del hotel a tu ático, ¿finalmente has terminado?
—Justo hace un par de horas, fueron días largos y cansados, pero ya está todo en su lugar.
—Si nos hubieras dejado ayudarte habrías terminado antes –me reprende—.
—Lo se, pero también tú tienes mucho trabajo, y a Dana siento que le he cargado mucho la mano y he descuidado un poco la agencia.
—Es comprensible… bebe —me ordena con gracia al ver que no he probado la copa que puso en mis manos —tienes mucho trabajo y dime entonces si no estamos para eso nosotros, tus amigos, para ayudarte en todo lo que podamos ¿para qué estamos?
—Ustedes son los mejores, y gracias en verdad, se que se ofrecen de corazón, pero sabes que no me siento cómoda sintiendo que abuso de ustedes.
—Te hace falta un jalón de orejas para que entiendas que no es así —me dice divertido—.
—La semana próxima cenarán conmigo, a manera de redimirme por la falta ¿Te parece bien?
—Me parece perfecto —dice dando un sorbo generoso a su copa—.
—Entonces agéndalo para que no nos plantes.
—Eso jamás, sabes que disfruto mucho estar con ustedes y una cena es siempre el momento propicio para ponernos al día. Tendrás mucho que contarme, aunque nos vemos seguido trabajas mucho y supongo que el cambio no te ha venido del todo bien.
—Supones bien —hago un gesto obviando mi respuesta y clavando mi vista en la mesa, no puedo mentirle, él sabe lo difícil que me resulta la idea de pensar en establecerme en un lugar y crear lazos —pero debo acoplarme, esta es mi vida ahora y no hay mucho por hacer.
—Sam, quizá ya es tiempo de que hagas algo, vamos, ya no somos unos críos, era increíble viajar, y conocer el mundo sin ningún tipo de ataduras —me toma las manos y las acaricia suavemente —pero es momento de enfrentar la realidad y debes hacerlo de la mejor manera —ahora besa mis manos y mis ojos son acuosos, él tiene razón —tú puedes, eres fuerte y muy inteligente, te prepararon muy bien para esto.
—Ay Daniel, siento que mi abuelo esperaba demasiado de mi, debió elegir a Erick, o a alguno de mis hermanos, ellos son hombres y llevarían el mando con firmeza y autoridad, yo, yo solo soy alguien a quien se le dio todo y ahora que me veo en la necesidad de enfrentarme al mundo me da pavor hacerlo.
—No, no muñeca, tú puedes, siempre tuviste las mejores notas, hablas varios idiomas, tienes tanta preparación y capacidad y tu carácter es bastante —duda, el cabrón duda —bastante bueno para ese negocio, —quería decir que tengo un carácter de los mil demonios, lo se, pero me quiere tanto que me disfraza la verdad —el abuelo vio algo en ti por eso quiso que fueras tú; en ese medio se requiere de personas con tu determinación y tu gallardía, siempre fuiste su orgullo, la luz de sus ojos y se que no se equivocó.
—No se qué haría sin ti, te amo.
—También te amo preciosa —y vuelve a besar mis manos—.
Lo veo dirigir su mirada atrás de mi.
—Permíteme un segundo, ahora regreso. –Dice mientras se pone de pie y se encamina a atender a alguien, apenas se ha ido y noto una presencia a mis espaldas, siento la mirada sobre mi y una figura perfecta y cautivadora se planta ante mis ojos, 1.85 como mínimo lo aseguro, cabello n***o en absoluto con un largo bastante decente, una barba de 3 días tan perfecta y mientras contemplo ese rostro él aclara un poco su garganta, quizá para decirme “deja de mirar y pon atención que voy a hablar”
—Hermoso lugar, y grata sorpresa encontrarse con una chica tan linda, me preguntaba si puedo acompañarte.
Y sin esperar una respuesta retira su silla al tiempo que tiende su mano hacia mi al notar que no respondo nada, solo lo miro con detenimiento, normalmente el atrevimiento en las personas me resulta un poco molesto, pero vamos, el hombre es perfecto y tiene una confianza increíble en si mismo.
—Bruno Michel, un gusto conocerte… —hace una pausa esperando mi nombre, yo guardo silencio y él vuelve a hablar —normalmente, este sería el momento en que me das tu nombre —me da una sonrisa coqueta que me hace ver estrellitas, muestra una dentadura blanca y perfectamente alineada, sus labios gruesos hacen una mueca que me encanta—.
—Buenas noches, Bruno —digo sin tomar su mano y dando un sorbo a mi copa—.
—¿Puedo? —Pregunta al tomar asiento en la silla donde se encontraba Daniel hacía unos momentos, y sin atisbo de mesura toma su copa y da un trago.
—En realidad Bruno, como puedes ver –digo señalando las copas— estoy acompañada.
—Oh Daniel no vendrá pronto, está en una importante charla con mi amigo, así que yo seré tu compañía durante la cena, sería una pena que una mujer tan bella cenara sola—.
¡Joder, esas son agallas! Y su media sonrisa tan sensual me mata, tiene unos labios que juro que no son de este mundo. Y su seguridad y aplomo, o quizá arrogancia sea mas apropiado llamarle, pero aun así le va perfecto.
Es guapo, muy guapo en realidad, sus facciones tan bien definidas, tan pulcras lo hacen perfecto a la vista.
—Le conoces —digo señalando a Daniel y reposando mi cuerpo en el respaldo de la fría silla—.
—Paul acostumbra venir aquí a menudo y tienen una buena amistad, digamos que sí le conozco. ¿Es tu novio? —pregunta mientras pone mas vino en la copa, insisto en que es muy atrevido, pero aunque debería, no me molesta en lo mas mínimo; puedo notar sus músculos a través de la tela blanca de la camisa, deja ver un poco, muy poco su pecho al llevar los primeros botones sin abrochar.
Se acercan con mi servicio y él aprovecha para ordenar.
—Lo mismo que la señorita, por favor.
—¿Qué es? Pregunta cuando el mesero se ha retirado.
No puedo ocultar mi sonrisa, ha ordenado sin saber que comerá.
—Enchiladas verdes, muy picantes ¿no has venido antes aquí?
—Sí, un par de veces, pero a decir verdad soy un poco precavido con los condimentos y el picante —hace un puchero y yo sonrío por lo bajo—.
—Bueno, pues ya le perderás el miedo, o lo tendrás justificado —le digo un tanto divertida—.
—¿Es tu novio?
—No. —Respondo secamente, hace dos minutos hablo con él y ya indaga— Pero suponiendo que lo fuera, creo que estarías siendo un poco desleal e irrespetuoso con los de tu género al dejarte ir sobre una mujer a la cual su novio ha dejado sola por un momento ¿no crees?
Se limita a sonreír, es una sonrisa de suficiencia y altanería, pero le va bien al sujeto.
Espero a que traigan su plato y este no demora mucho, tenemos preferencia.
Cuando David se acerca a dejar su cena me sonríe. —¿Los conoces a todos?
—Daniel es mi mejor amigo, a veces vengo y me meto con él a la cocina, otras veces ayudo como mesera, a veces solo espero a que cierren para ir a tomar algo, creo que sí los conozco a todos.
—Eres encantadora, aparte de bella.
Creo que me sonrojé un poco, es el típico cumplido de cualquier tipo queda bien, pero me gustó que fuera él quien lo da, el resto de la cena lo hacemos rápido y en silencio, creo que fue la cena mas rápida de mi vida.
—Y bien, dime, ¿Seré a caso merecedor de saber tu nombre?
—Samantha Larsson —digo mientras tomo mi copa y termino el vino que había en ella—.
Al notar que termino mi copa y sin parar de mirarme sirve mas vino para ambos.
—Larsson ¿de empresas Larsson a caso?
—Sí —le respondo un poco intrigada—.
—¡Vaya sorpresa! —exclama con una sonrisa —eres todo un enigma, no hay fotos tuyas en la red, solo se sabía de una nueva directora, pero jamás imaginé a alguien como tú.
—Alguien como yo —digo con ironía —Dígame, señor Michel ¿cómo es alguien como yo?
—Joven, hermosa y encantadora —dice con una voz seductora que seguro con todas les funciona y yo estoy a punto de no ser la excepción —imaginaba a una mujer de unos cuarenta y de muy mal carácter —me dice sonriendo de medio lado —y nada mas alejado de la realidad.
—Lo tomaré como un cumplido, bastante innecesario por cierto.
—Es muy necesario Samantha, tu empresa es una compañía de proporciones inmensas, y que alguien como tú esté al frente habla de que tus capacidades para liderar son indiscutibles y el plus lo da el hecho de que seas tan joven y hermosa.
—Gracias —un simple “gracias” me pareció suficiente, es un desconocido y no me interesa quedar bien con él—.
—Cuéntame de ti, Samantha, quizá sobre alguna afición…
Soy una persona con desconfianza por todo y por todos, no me gusta que indaguen en mi vida y el hecho de que pregunte me genera cierta incomodidad, yo no se sus intenciones, no le conozco y por si fuera poco tengo escuela vieja de “no debes ser tan confiada".
—Agradezco tu compañía Bruno, pero me tengo que ir.
Me pongo en pie y al querer dar un paso me toma de la muñeca y me mira fijamente y eso hace que me tense totalmente, no soporto que me toquen así, de hecho no tolero el contacto físico con casi nadie y viene este hombre y me toma con tal fuerza y confianza.
—No, espera, por favor —me dijo con suave voz, pero su tacto, su tacto me estaba matando en dos segundos—.
—Suéltame Bruno —digo elevando un poco el tono de mi voz y sacudiendo con fuerza para zafarme de su agarre, lo que provoca que algunas personas volteen a mirarnos, creo que se ha asustado un poco, pero en definitiva yo lo estoy mas—.
—Samantha, perdón ¿te he lastimado? —Se nota preocupado—.
—Déjame, Bruno, buenas noches.
Me dirijo a la salida y solo alcanzo a despedirme de Daniel a lo lejos diciendo adiós con mi mano, gesto que él corresponde de igual manera al estar atento al tema con dos hombres.
—Mi auto por favor.
Tardan dos minutos y noto al hombre que se acerca.
—Samantha, por favor espera…
Desaparezco entre las luces y me doy cuenta que he dejado mi bolso, ahí va mi cartera y teléfono; mi respiración es agitada, muy agitada y me siento nerviosa y con miedo, con un miedo tan incomprensible como injustificado, lo único que atino es ir poco a poco calmando mi respiración diciéndome a mi misma que todo está bien, que no ha sido mas que un roce y ya, consigo controlarme de a poco hasta que de pronto noto una suv blanca situarse junto a mi en un alto y el cristal de la ventanilla del copiloto desciende para dejarme ver un rostro conocido y no se porque no me sorprende verlo, en realidad sí lo se, me guiña el ojo y asiente con su cabeza “Todo está bien" me quiere decir, bajo un poco mi ventanilla también y le lanzo un beso que lo hace reír un poco.
Al llegar a mi departamento me quito las botas y las llevo en mis manos mientras subo de prisa las escaleras hasta entrar en mi habitación ¡Vaya nochecita! –digo para mi, mientras caigo en mi cama, ni como llamar a Daniel. Mi abrigo también se ha quedado
Tomo un libro que he dejado sobre la mesita de noche y enseguida lo boto, no me apetece leer, entonces saco un folleto con sopas de letras y crucigramas que compré hace dos días en un puesto de periódicos, comienzo a resolver algunos y me adentro tanto en lo que estoy haciendo que se me pasa el tiempo sin darme cuenta, normalmente no duermo mucho, sufro de insomnio desde hace algunos años y leer o dibujar me distraen bastante.
Son las 2 de la mañana y dejo lo que estoy haciendo para intentar dormir, no se en que momento lo consigo, después de vueltas y vueltas en mi cama, solo se que despierto en un grito, como sucede la mayoría de las veces, un poco alterada, las pesadillas, el miedo, nada fuera de lo normal… y justo en ese momento suena el comunicador y de inmediato atiendo.
(