Ya está por llegar la noche y ni rastro de Samantha, Madi ha preguntado por ella en repetidas ocasiones y le han dicho que mas tarde vendrá. —Señor ¿quiere que le prepare algo especial para la merienda? —Gracias Ofelia, solo quiero saber a qué hora vendrá mi esposa. —No debe tardar —me contesta con gentileza—. —Eso me va diciendo desde que llegamos, quiero ir a donde está ella. —Que pena, eso no es posible, necesita la autorización de la niña Samantha o del señor grande, pero puedo llamarle para saber cuánto mas tardará —De acuerdo, la espero. Mientras ella se dirigía dentro de una habitación con puerta grande de roble yo salí al jardín, la temperatura aquí es bastante elevada y hace calor, yo venía en mi pantalón y camisa y ya no aguantaba, caminé un poco por el frente conociendo

