C9

2824 Palabras
Luego de desayunar, Thea me llevó a coger algo de aire en un jardín dentro de la central. Nos sentamos sobre el césped cerca del río y percibí a los pájaros cantar. El ruido del agua me calmaba de una forma abismal y por primera vez podía sentir que respiraba aire fresco. —¿Cómo se encuentra tu pierna? —preguntó —Te he notado algo tensa cuando llegaste a la cafetería junto a señor polla celestial. —Reí —. ¿Se ha comportado como un idiota contigo? Se ha comportado como lo siguiente a idiota, pero por ahora no era nada que no pudiera controlar. —Florence me ha dicho que necesito más reposo. A la herida se le ha dificultado sanar con normalidad porque no ha tenido el debido descanso —respondí —. En cuanto a Cailan, descuida. Por el momento, creo que luce más peligroso de lo que realmente es. —Tú también. —Sonreí y volteé a verla. Curvó sus labios en una genuina sonrisa que lo único que me provocaba era ternura. Ella había sido la única -junto a Florence- que me había hecho sentir como una persona normal. Su amabilidad me hacía recordar mucho a Anya... —Ya, pero yo soy peligrosa en cuanto a golpes y él cuando se trata de poner su polla donde no se debe. —Rió. —Cailan es el paquete completo; es un excelente agente con increíbles destrezas y... —¿Han follado? —cuestioné, ya que todo parecía llevar a eso. Aquella pregunta la tomó desprevenida y aclaró su garganta antes de hablar. —No, porque tengo novio, pero no es como si Cailan no lo hubiese intentado —aquel cretino no dejaba de sorprenderme. No me sorprendería verlo follarse a una planta en estos días —. Es por eso que no le caigo demasiado bien. —Asentí. Sí había notado que aquel rubio le dirigía con suerte una sola palabra y eso era todo. —Luca lo odia por esa razón. ¿Quién no lo haría? Yo le hubiese partido el rostro en cuanto lo vi; no sólo por ser un egocéntrico de m****a, sino que también me sentiría amenazado por su atractivo paradisíaco. Que eso no lo podía negar nadie. —Diste a entender que hubieses estado con él de no ser porque estabas en una relación. —¿Quién no querría probar el sabor de la locura? —yo no. Bastante tenía ya con todo lo que estaba sucediéndome como para follarme a tremendo problema —Sin embargo, no tiraría todo a la borda con Luca por un folle con Cailan. Lo que mi novio me da es mucho más que eso, y sé que para Vaughan sólo sería algo c****l. Bajé mi mirada. Todo me recordaba a Jayce y a su estupidez humana. Dos años de relación tirados a la basura por un capricho, porque aún no comprendía el motivo de su abrupta decisión. —¿Tienes novio? Era extraño. A veces, sentía que yo sabía más de ellos que lo que ellos sabían de nosotros. Al parecer, Gwendolyn también los había privado de cruzar la línea de la empatía. —Tenía —corregí. Aún me dolía recordarlo. Me dolía sentir que en dos días había perdido a dos de las personas que más amaba en este mundo. Sentí una opresión en el pecho y me digné a respirar profundo. No podía permitir que aquello siguiera afectándome. —Rompió conmigo antes de venir aquí. —Ella curvó sus labios hacia abajo; sentía pena por mí —. Quiero creer que me ha hecho un favor y que no me ha roto el corazón por diversión. Debía de haber necesitado un excelente motivo para romper conmigo sabiendo que muy posiblemente debería de enfrentarse a mi padre después de eso... O a su puño. —¿Ustedes nos conocen? —Alzó su ceja izquierda —. Me refiero a si saben quiénes son los que pertenecen a KEK —por su parte, ella no había parecido saber más que mi nombre y, tal vez, cómo me veía. Tampoco sabía que había estado en una relación con Jayce, pero Cailan incluso sabía que había quedado embarazada. —Gwendolyn no nos expone a ese tipo de conocimiento, sólo a algunos en quien ella realmente confía —explicó. Uno de ellos era mi queridísimo secuestrador —. Conocemos algunos nombres, pero no más que eso. Irene también ha sido muy cuidadosa con lo que se sabe de ellos, es como si se encontraran en una cápsula apartados del mundo. JBG también había sido muy cuidadoso en cuanto a quiénes exponía. Irene sólo nos informaba sobre a quiénes debíamos cargarnos; Gwendolyn, Cailan y Frederick Vaughan siempre habían sido mis objetivos y los de todos. Mi cadena fue arrancada del agarre de Thea y alcé mi rostro hacia aquel bruto demente. Su mirada volvía a estar cargada de ira; vaya que era difícil tratar con él y sus estados emocionales tan cambiantes. —Recuerda las palabras de tu madre —espeté, mientras tiraba de mi cadena para hacerme poner de pie. Si en veintiséis años no había aprendido a tratar a una mujer, no lo haría ahora ni aunque le llovieran coños. —¿Por qué la necesitas con tanta urgencia? —Thea se puso de pie y clavó su mirada sobre él. Vaya, era la primera vez que veía una gota de seriedad en su rostro. Casi que sentía como si aquella fuese una máscara. —Gwendolyn está buscándola —respondió, pero no sabía cuánto podía creerlo. Luego de su juego de ayer, puede que 'Gwendolyn' fuera el nuevo nombre de su polla —. Andando —jaló de mi correa cual perro, obligándome a caminar. —¿Volverás a llevarme a la habitación de ligue? —mi broma no le había causado gracia. Que antipático que era. Su rostro seguía serio sin apartar la mirada de su paso. No me molestaría en intentar sacarle una sonrisa, para eso contrataba a un payaso ya que ese no era mi trabajo. —La tortura no ha acabado aún—comenzó a decir, inesperadamente —, pero tendrá que esperar. —Como me vuelvas a llevar allí, te parto el rostro de un golpe. —Él sonrió con malicia. —No te atreverías, soy la mayor atracción aquí dentro —alardeó. Jamás había conocido a alguien tan egocéntrico y arrogante como él. Ya me gustaría bajarle los humos de Apolo a este idiota. —No eres un títere de circo para ser el entretenimiento de nadie —espeté. —Soy el pasatiempo de muchas, pero tú eres mi títere y yo tu titiritero. Fue lo último que dijo antes de abrir una gran puerta de vidrio ante mí. Me encontré en una habitación muy grande como si fuera una sala de reuniones. Los grandes ventanales dejaban entrar la luz del día y las cortinas claras estaban echadas a sus lados. Había una gran mesa de madera en el medio que de tan sólo verla ya me intimidaba, y varias sillas que la rodeaban. Me preguntaba si aquí y ahora dictarían mi sentencia de muerte o decidirían qué demonios harían conmigo. Cailan me obligó a tomar asiento e hizo lo mismo a mi lado sin soltar la cadena. De repente, la puerta por la que habíamos entrado volvió a abrirse y tomaron asiento en la mesa. Gwendolyn tomó lugar en una de las puntas de la mesa -yo me encontraba en la otra con la agobiadora compañía de el rubio-, Mitch a uno de sus lados y en el otro se ubicó aquel canoso hombre: Frederick Vaughan, el padre de Cailan y mi tercer objetivo de la misión. También tomaron asiento el amigo de señor autoestima nivel Dios, Gus, y una morena despampanante. Su cabello marrón lacio y largo caía por sus hombros y sus ojos café se posaron sobre la carpeta que tenía en frente. Ya eso me terminaba de confirmar que hacían algún tipo de concurso para aceptar sólo a mujeres atractivas aquí. —Gusto en conocerte, Valdine —Vaughan mayor me hizo notar su presencia. Sus ojos eran más oscuros que el alma de Uker. Cailan no era para nada parecido a su padre; de hecho, me atrevería a decir que era la versión masculina de su madre. Preferí permanecer en silencio. Aún no sabía qué hacía aquí y cualquier cosa que dijera sólo retrasaría enterarme la razón por la cual me encontraba en este lugar. El silencio entre nosotros no era incómodo; más bien, era tenso y parecía como si ninguno se atreviera a hablar. Gus observaba a Cailan, él a mí, la morena sobre su amigo 'sonrisa egocéntrica', Mitch tenía su cabeza baja, Frederick sobre Gwendolyn y ella sobre mí. —¿Alguien dirá algo o nos pondremos a contar moscas? —pregunté y la líder aclaró su garganta tras ponerse de pie. —Te enlistarás en una misión en dos días —me informó y sus palabras impactaron sobre mi caparazón. ¿Qué parte de "pertenezco a KEK" no habían comprendido? Además, enviarme con la pierna herida no era la mejor idea que habían tenido. Sólo sería un estorbo y un verdadero dolor de t*****o. —No queríamos exponerte tan pronto, pero se nos agota el tiempo. ¿Y qué les hacía pensar que yo los ayudaría? Una cosa era dejar de esperar que KEK me rescatara y quedarme en este lugar, pero otra muy distinta era empezar a trabajar para ellos. No traicionaría a mi equipo, a Irene o a mis amigos. Hasta no estar segura de cuál corporación era la que estaba o había estado mintiéndome, me convenía mantenerme al margen. —No estoy en condiciones —me defendí, esperando que aunque sea de esa forma me dieran algo más de tiempo hasta que se me ocurriera algún plan —. No puedo caminar con propiedad sin cojear. Frederick volteó a verme. Sus ojos marrones me intimidaron y aquello destruyó la hipótesis que había tenido en mente todo este tiempo; que mi padre sólo hubiese intimidado por sus ojos celestes había sido una mentira. Ese poder lo llevaba la mirada, y tanto él como el hombre que se encontraba frente a mí habían sabido y sabían hacer uso de la misma. —Lamento informarte que no tienes demasiada opción —añadió. —Los que no tienen opción son ustedes —espeté y les mostré las esposas —. En primer lugar, llevarme encadenada levantaría sospechas y no pueden estar controlándome las veinticuatro horas del día. Soy sigilosa y manipuladora, por lo que me daré a la fuga en cuanto tenga la oportunidad. En segundo lugar, ¿ustedes creen que mi grupo no me reconocerá? Ambos Frederick y Gwendolyn clavaron su mirada seria sobre Mitch. No sé qué estaba sucediendo, pero nada de esto me daba buena espina. Bay cogió el móvil del bolsillo de su pantalón y me observó. —Se suponía que tanto tú como Rufus morirían en la explosión de la cafetería. —Tragué grueso. Pues claro, si todos eran unos malditos asesinos —. Puedo ver en tu mirada que comienzas a dudar sobre lo que te rodeó toda tu vida —como había dicho, Mitch era el más peligroso por conocerme tan bien. Se puso de pie y llevó su móvil al centro de la mesa —. Quise darte más tiempo para que lo descubrieras por tu propia cuenta y no tuvieras que enfrentar más golpes, pero se nos acaba el tiempo y te necesitamos. El cuerpo se me tensó y el temblor en mis manos regresó. Me dejé caer en el respaldo de la silla y ver si así lograba relajarme. No deseaba exponer mis nervios ante ellos de tal forma. —Tu padre le dejó un mensaje a Mitch antes de morir. —La opresión en mi pecho también regresó e intenté controlar mi respiración antes de que me jugara una muy mala pasada —. Espero que esto sea prueba suficiente para que te des cuenta quiénes son los verdaderos enemigos que querían tu cabeza y la de tu padre —me dijo Gwendolyn con cierta frialdad y Mitch comenzó a reproducir el audio. Leer su carta había sido una tortura, pero volver a oír su voz era un verdadero suplicio con garrotes incluidos. Mi primera reacción fue ponerme de pie y querer acercarme a su voz, como si al hacerlo me fuera posible volver a abrazarlo. Sin embargo, Cailan tiró de mis cuerdas, obligándome a tomar asiento otra vez. Ojalá alguien me hubiera avisado que nuestro último abrazo sería aquel día en el coche mientras lloraba mi rompimiento con Jayce para así disfrutarlo al máximo. No sólo el calor que emanaban sus brazos al rodearme con ellos, sino que también su particular colonia ácida y dulce con olor a naranja y su incomparable voz. —Mitch, sé que no hemos hablado en mucho tiempo, pero me veo o******o a llamarte —su voz se oía agitada y la angustia me consumía —. He hecho algunos descubrimientos en cuanto a Irene y es una vil y perversa persona —m****a —. Creí que quedarme en KEK sería beneficioso y que lograría sacar adelante a la compañía, que las cosas mejorarían de una vez por todas, pero... —el silencio se hizo presente —todo ha ido de mal en peor. Temo por mi vida y sé que la de Val también corre peligro. —Mi boca comenzó a temblar y mis ojos estaban conteniendo las lágrimas para que no cayeran sobre mis mejillas —. He d*********o tantas cosas pero no tengo tiempo. Te enviaré los archivos ahora mismo. Estoy de camino a la cafetería 'Mon Chéri' para reunirme con Val y contarle todo —entonces, ese era el motivo por el cual estaba tan ansioso el día que lo vi antes de que todo se fuera a la m****a —. La obligaré a darnos a la fuga y no daré el brazo a torcer. Estoy seguro que la misión de hoy a la noche es sólo una excusa para deshacerse de ella de una vez por todas —su suspiro se oyó más como un peso sobre sus hombros que de alivio —. Espero que oigas esto antes de que sea muy tarde. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros y lamento no haber cumplido con lo que prometí. Adiós, Mitch. Sus palabras me golpearon como cien puños dando de lleno contra mi rostro y sentía como si hubiesen roto uno y cada uno de mis huesos. Entonces, mi padre le había pedido ayuda a Mitch y era por eso que JBG había aparecido tras la explosión... Por mucho que intentara no echarme a llorar y que me agarrara un ataque de nervios, que la lágrimas no cayeran con abundancia era imposible. Eso era algo que no podía controlar. Se me estaba haciendo difícil respirar pero debía controlar mi respiración o me enfrentaría a otro ataque de pánico. Mis puños se contraían con fuerza y sólo quería golpear lo que fuera que tuviera más cerca. No mentiría y diría que ya había superado su muerte o siquiera haber hecho el duelo. En las noches era el único momento en el que me encontraba sola pero tenía tantas cosas rondando en mi cabeza que no me permitía enfocarme solo en un pensamiento. Mi padre no quería que sufriera por él y, para ser sincera, sólo estaba permitiendo que pasaran los días, lidiando con la situación y el dolor como me era posible. Sin embargo, me era imposible no derrumbarme al oír su voz. —Val, cariño... —Mitch me obligó a ponerme de pie y me rodeó con sus brazos. Aquel me dio el permiso para echarme a llorar a mares y respirar agitada, pero ahora con normalidad. Ya no me quedaba nada. Mis dos padres estaban muertos, mis abuelos por parte de mi madre también y por parte de mi padre habían desaparecido de la faz de la tierra hace muchos años atrás. Mitch era lo único semejante a familia que me quedaba. A partir de ahora, mi familia sería únicamente aquellos a quien yo eligiera. Él me apartó un poco y cogió mi rostro dulcemente entre sus manos, clavando sus ojos azules sobre los míos. —Tenemos sangre en nuestras manos pero no el cuchillo con el que fue apuñalado —repitió lo que ya muchas veces me había dicho —. Cargamos con su sangre por no haber podido salvarlo como a ti —emitió con un hilo de voz —, pero KEK fue el cuchillo que lo traicionó y lo asesinó. Me alejé de él y limpié mis húmedas mejillas con el dorso de mi mano. Llené mis pulmones de aire con una sensación de sofocación en mi pecho y volteé hacia Gwendolyn. —Cuenta conmigo
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