Naya y yo nos encontrábamos en una habitación con unas mujeres que nos ayudarían con nuestra transformación y nuestro disfraz. Mientras tanto, Gwendolyn nos iba informando sobre lo que debíamos saber en cuanto en quienes nos convertiríamos y cómo debíamos comportarnos. —En cuanto supe que Cecilia López no iría a la fiesta, me fue inevitable no pensar en ti —le dijo la asiática —. Tiene una personalidad fuerte y d*******e. Emilio también lo es, por lo que es bueno que se hayan complementado y no aniquilado en el intento. —Naya rió —. Ambos son muy demostrativos frente a las cámaras, por lo que tendrán que otorgarles algunos besos —ahora se volteó hacia mí, mientras los maquilladores continuaba con la morena —. Eleanor es todo lo contrario; le gusta mantener un perfil bajo y no suele hablar a menos que sea sumamente necesario. Eso es muy importante porque podrían reconocer tu voz si te oyeran hablar —bien pensado —. Su relación con Miles se ha mantenido en secreto por años hasta que salió a la luz hace unos meses atrás. Las cámaras mueren por tener una fotografía de ustedes juntos pero siempre se muestran distantes cuando los ven. Eleanor es muy culta y le encanta leer, y ese es la razón de la elección de tu disfraz. Ahora me encontraba impaciente por saber qué sería. —Necesitaré que me digas exactamente a quiénes ves de KEK. —Asentí. —¿Para qué lo necesitas? —me atreví a preguntarle. Ella detuvo su incesante paso de una punta de la habitación a la otra y clavó su mirada sobre mí. —KEK es un enemigo invisible. Se han mantenido ocultos por años y hay muchos miembros que desconozco. Te prometo no hacerles daño, si es eso lo que temes. Oír aquello me trajo algo de alivio. A Naya le aplicaron lentes de contacto color miel y a mí verdes. Sorpresivamente, se veían muy reales y algo incómodos. No acostumbraba a llevarlos, pero esperaba hacerlo para cuando llegara la noche. También dibujaron un lunar debajo de mi labio en la esquina derecha e imitaron un tatuaje que Eleanor llevaba en su mano. Era una preciosa especie de enredaderas que iba desde mi muñeca hasta los dedos. Me pusieron una peluca de color castaño como el de ella y me realizaron un recogido. Ya luego sólo les quedaba maquillarme y vestirme. Sonreí al verme al espejo y encontrarme irreconocible. Definitivamente, habían hecho un increíble trabajo. ¿Cómo había sido posible que no lo hubiese d*********o por el estilo del tatuaje? Era Julieta. Al parecer, ella era una aficionada de Shakespeare. Cailan estaría maldiciendo por los cielos al tener que encarnar a un personaje tan romántico y amable; igualito a él. No sólo eso, sino también el traje que debería de usar. Yo llevaba un vestido de época color rojo con una franja blanca en el medio que tenía algunos detalles. Parte de mi pecho quedaba al d*********o y mis hombros tenían más tela para hacerlos ver más prominentes. El largo del vestido sólo me obligaba a caminar con cuidado o caería al suelo en cuanto diera un paso en falso. También llevaba un antifaz del mismo color para ocultar más mi identidad. Al ver a Naya, quien ya no lucía como ella misma, iba disfrazada como Hermione pero una versión más acorde a la personalidad de Cecilia. Suponía que Gus iría vestido como Ron y no podía esperar a verlo para echarme a reír en su rostro. —Julieta te hubiese envidiado —dijo Naya al observarme con una sonrisa de sorpresa en su rostro. —Ron te hubiese propuesto matrimonio en el tren de camino a Hogwarts. —Ella soltó a reírse. —Ambas irán en coches separados —intervino Gwendolyn y nos entregó nuestras invitaciones —. Recuerda mostrarte muy afectiva y sociable —se acercó a Naya y le puso algo dentro de su camisa. Se acercó a mí y metió su mano entre mis senos. Era el pequeño micrófono —, y tú todo lo contrario. Necesito que seas mis ojos y mi comunicadora esta noche. El sol ya se estaba ocultando e iba siendo hora de que nos marcháramos. Naya y yo nos dirigimos hacia la puerta trasera y esperamos allí a nuestros acompañantes. —Si necesitas algo, búscame —mencionó —. Todo siempre empeora cuando se va a la m****a y espero que esta noche no suceda eso. Las cosas jamás se me habían dificultado demasiado en una misión, pero sí sabía de algunas que habían acabado en m*****e. —Tú también. —Me dio una sonrisa. —Señorita López-Weasley —Gus apareció muy bien personificado. Llevaba lentes de contacto azul y su cabello naranja —. Tendremos que practicar nuestros besos de camino a la fiesta. —Ella rió. Cecilia y Emilio López debían de ser unos verdaderos fanáticos de Harry Potter. Cailan se apareció detrás de Ron y se encontraba echando humo por las orejas. De seguro, vestir como Romeo no era lo que había tenido entre sus planes. Llevaba una camisa blanca y un chaleco n***o sobre la misma. La parte más llamativa era el ajustado leggin n***o que llevaba puesto. Remarcaba a la perfección tanto su parte trasera como su parte delantera. —No quiero oírte decir ni una sola palabra —me ordenó. Su vestimenta me había dejado sin palabras, no había mucho que pudiera decir. —Descuida, Val —comenzó a decir Naya —, yo lo diré por ti. —Él la acribilló con la mirada —. Tienes un c**o fantástico y... —Gus le cubrió la boca para que evitara continuar hablando. —Kline y Reyes se adentrarán primero al coche —Gwendolyn se apareció —. Serán los primeros en aparecer en la fiesta y luego llegarán Vaughan y Jensen. —Los cuatro asentimos —. Recuerden, no los agobien o quedarán al d*********o —suspiró y nos dio un último vistazo antes de llevar su mirada al móvil —. Kline y Reyes, ya pueden montarse a su coche. —Ambos salieron por la puerta, dejándonos a los tres solos —. ¿Preparada, Valdine? La peor parte era tener que volver a ver a mis amigos y no poder decirles que era yo personificando a Eleanor Connor. Definitivamente, así no era como había planeado nuestro reencuentro, pero lo que sea con tal de acercarme a mi objetivo y lograr mi cometido. —Sí —respondí, tan segura como pude, y volvió a dirigir su mirada al móvil. —Ya pueden montarse a su coche. Buena suerte —nos deseó y Cailan abrió la puerta. Con sigilo, nos montamos en él y la limusina comenzó a moverse. Por supuesto, dos personas adineradas como Eleanor y Miles no podían llegar a una fiesta en algo menos que un vehículo como éste. Mi vestido era más incómodo de lo que hubiese creído, provocando que me moviera con lentitud. Yo debía llevar el antifaz hasta que regresara a la central y Cailan, por el contrario, lo llevaba en su mano. —No te quedan los ojos verdes —espetó. Nunca un "te ves decente", ¿verdad? No sé ni siquiera por qué esperaba que fuera un tanto amable por una vez. Él llevaba su cabello de color n***o y sus ojos del mismo color. Hubiese sido más sencillo que Cailan hubiese sido Ron y Gus hubiese sido Romeo, pero la personalidad de Emilio López no encajaba en lo absoluto con el rubio. ¿Qué decía? ¡Romeo le encajaba mucho menos! —A ti no te queda nada de lo que vistes. —Torció los ojos y se apoyó sobre el respaldo del asiento. —Estarás siempre a mi lado y no dirás ni una palabra, ¿entendido? —Asentí —. Tu único trabajo aquí es reconocer a los miembros de KEK —me entregó una Glock G19 —. Tienes una liga debajo de tu rodilla —me recordó y la escondí allí —. Es sólo por si las cosas llegaran a salirse de control. —Entendido. —Gus y yo llevamos un intercomunicador y Gwendolyn puede hablarme por el aparato que llevo escondido en el oído. A través de tu micrófono nos comunicaremos directamente con ella —explicó. Cailan me dio un leve vistazo y regresó su mirada al frente. —El vestido de época te sienta... —veamos con qué nos sorprende ahora —conveniente. —Contuve mi risa. No sabía si era un halago honesto o estaba intentando sonar correcto porque nos estaban oyendo desde los micrófonos. Volteé a verlo y conservaba su seriedad usual. Se puso su antifaz y debía admitir que rubio, moreno, de ojos azules o negros se veía igual de tentador. —Pues, Romeo parece haber sido creado justo a tu medida —bromeé y me lanzó una mirada de advertencia. —Hemos llegado —nos informó el conductor —. Las cámaras los esperan. Cogimos nuestras invitaciones y Cailan volteó a verme antes de abrir la puerta del coche. —¿Preparada? —por una vez, me preguntaba algo. Asentí. Él abrió la puerta y los flashes de las cámaras no tardaron en aparecer. El rubio -ahora moreno- bajó del coche y alargó su mano hacia mí para que la cogiera. Me salí del vehículo y me compadecía por las personas famosas que tenían que tolerar esto todos los días de sus vidas. —Eleanor, ¿cómo se siente estar en una relación con Miles Desmond? —fue una de las preguntas que oí mientras Cailan me arrastraba hacia la recepción de aquel lujoso lugar. El resto sólo se oía como murmullos. La infinidad cantidad de luces amarillas le daba un toque cálido y las decoraciones de oro le otorgaba lo extravagante y elegante. Detuvimos nuestro paso frente a un señor de unos sesenta años que nos admiraba con detenimiento. Ambos le entregamos nuestras invitaciones y nos señaló hacia dónde debíamos dirigirnos. Una mujer rubia muy bien vestida abrió una tela que caía desde una elevada altura y nos encontramos con más gente de la que había esperado ver. Encontrar a miembros de KEK no sería tan fácil como había creído... Cailan jaló de mi mano y divisé a Ron y Hermione a lo lejos. Ambos ya estaban socializando y dando comienzo al plan. El rubio cogió dos copas de lo que parecía ser champaña de una bandeja y me entregó una. Esbozó una sonrisa y golpeó la suya con la mía. —Tu bebida favorita, cariño. —Por mucho que quisiera fulminarlo con la mirada o decirle que se fuera a la m****a, no podía hacerlo. Sólo atiné a sonreír y bebí un sorbo de ella. —Eleanor Connor —un hombre en sus casi treinta se apareció frente a nosotros y cogió mi mano para posar un beso en el dorso de la misma. Iba vestido de pirata y lo único que me permitía ver su vestimenta era sus ojos color avellana. Le di una amable sonrisa y dirigió su mirada hacia Cailan —, Miles Desmond —se estrecharon las manos —. Es un placer tenerlos en mi fiesta. El rubio me acercó más a su cuerpo y le dio una falsa sonrisa. —El placer es nuestro, Branko Wolf —al parecer, alguien había estudiado —. Gracias por la invitación. —El pirata me hizo una reverencia y se esfumó entre la gente. j***r. Eleanor Connor tenía mucho poder y también era muy respetada. Sin duda, era un privilegio ser ella por una noche. Cailan bufó y volteé a verlo. Su rostro se veía tenso y clavé mis insistentes ojos sobre él, ya que no podía hablar. Gwendolyn le había informado sobre algo. —Debo hacerme cargo de una cosa —musitó, mientras buscaba a algo o alguien entre la gente —. Tú encárgate de identificar —se marchó, dejándome sola. ¿Y ahora qué hacía? Cailan era mi voz, y sería muy irrespetuoso de mi parte no responder si alguien me hablaba. Con mi copa en mano, comencé a merodear por el salón en busca de algunos de mis amigos o cualquiera que reconociera. Algunos desconocidos paseaban a mi lado y me daban una sonrisa respetuosa. Naya y Gus continuaban siendo sociales para distraer a las personas y yo seguía con las órdenes de identificación. Me habían entregado un tazón con olivas y cuando estaba por llevar la primera a mi boca, mis ojos divisaron la belleza asiática de mi mejor amiga. Iba vestida como una vaquera y un puñal me atravesó el pecho. ¿Cómo le habría sentado la noticia de mi s*******o, o lo que fuera que le hubiese informado Irene? Sólo querría correr hacia ella y darle un abrazo. Una mano se posó sobre su cintura y otro puñal me atravesó. Jayce. Era la primera vez que lo veía desde nuestra ruptura. Él iba vestido como cowboy y j***r que era difícil volver a verlo. Sus palabras aún me dolían como aquel día pero mi escudo se había fortalecido tras lo sucedido con mi padre. Reía a mis adentros al pensar que Yuna estaría queriendo remover sus manos de encima de ella. Nunca le había agradado, al igual que al resto de mis amigos. Sin embargo, en una misión te tocaba aceptar las órdenes y hacer todo al pie de la letra para no cagarla. Acerqué la copa a mis labios y bajé mi rostro cerca del micrófono. —Yuna Turner y Jayce Buckley frente a mí —susurré —. Vaquera y cowboy —bebí de la champaña para no levantar sospechas. Me decidí a continuar con mi identificación, dejándolos atrás. Habían pasado algunos minutos y había identificado a varios miembros de KEK con quienes rara vez había entablado una conversación pero que reconocía. Anya aparentaba no encontrarse en este lugar, así como tampoco Broc. Ron y Hermione se pasaban de persona a persona, muchos de ellos del grupo de Irene, para distraerlos. —Señorita Connor... —Mi cuerpo se tensó al oír su voz a mis espaldas. m*****o hijo de p***a mentiroso. Intenté contener mi enojo, siendo él el causante de mi ruptura con mi ex-novio —, ¿me concedería un baile? Lo único que le puedo conceder es mutilarle la polla. Llené mis pulmones de aire, intentando descifrar qué debía hacer. No podía hablar y, tal vez, concederle la pieza era lo mejor que podía hacer para no levantar sospechas. El hecho de que me tocara ya me daba horcadas y me gustaría evitarlo a toda costa, pero no tenía opción. Volteé y me encontré con aquel pedazo de m****a vestido como Hugh Hefner. Ya quisiera... —¿Me permite este baile? —estiró su mano hacia mí para que la cogiera. Fingí una sonrisa, ocultando mis ganas de asesinarlo, y asentí. Hace unos días atrás, me hubiese cortado los dedos con tal de no tocarlo, pero ahora no me quedaba otra opción. Alargué mi mano para coger la suya y Cailan se posicionó entre ambos. Gracias a Dios. Era la primera vez que me alegraba que se entrometiera en algo que me incumbía. —Lo siento —su voz se había vuelto más grave, de repente —, pero ella es mía —le dijo y casi me ahogo con mi propia saliva. Yo no era de nadie, pero aceptaba que lo dijera si me quitaba a Uker de encima. Él le dio una sonrisa de disculpas a mi Romeo y se marchó. Cailan cogió mi mano y me acercó a su cuerpo, simulando bailar lo que parecía ser vals. Afortunadamente, no éramos los únicos que lo estaban intentando. —Uker Pikes —susurré entre mis senos y él se echó a reír —. No vuelvas a dejarme sola —le dije de la misma forma, algo irritada. Al parecer, tener a Uker cerca me ponía más furiosa que tenerlo a Cailan cerca. Uno había destruido mi relación, y el otro mi paciencia. —No lo haré —comentó, observando a su alrededor —. Lo has visto. —Fruncí mi ceño, pero luego caí en cuenta que no podía verme con el antifaz —. A tu ex-novio. —Bajé mi vista y asentí. Odiaba no poder hablar ni decir una sola palabra. Esperaba que no me provocara, sabiendo que no había mucho que pudiera hacer. Bueno... siempre le podía dar un buen golpe o provocarlo con otra cosa que no fueran palabras. Él se acercó a mi oreja y su cercanía me erizó la piel. > era en lo único que podía pensar. —Julieta y un cowboy no se ven bien juntos —se apartó de mí con una divertida sonrisa y clavé mi mirada sobre él. Tampoco es como si Romeo y Julieta hubieran acabado muy bien... —Eres aburrida estando callada. —Torcí los ojos y jaló de mi brazo para arrastrarme fuera del salón. Eso lo decía ahora pero, cuando tenía sexo, aquello le parecía de lo más conveniente. —No —chisté, intentando salirme de su agarre con disimulo. Se suponía que no debíamos apartarnos de donde las cámaras no pudieran vernos. Continuó arrastrándome por unos pasillos, ahora para nada concurridos, y me estampó contra la pared. Sus ojos destilaban d***o y yo podría rendirme ante ellos ahora mismo. —¿Qué hac...? —Cubrió mi boca con una de sus manos, y la otra la introdujo entre mis senos, removiendo el micrófono. Una vez en su mano, lo cubrió con la misma y regresó su rostro al mío, quedando a centímetros de mí. —La vas a cagar —le advertí y negó. —No, te voy a follar —capturó mis labios en un desesperado beso y la poca cordura que me quedaba se fue a la m****a. Atrapó mi t*****o con la mano disponible por encima de toda esa tela y me atrajo hacia él. ¿Cómo demonios nos sería posible hacerlo con la cantidad de trapos que tenía sobre mí? Su lengua se introdujo en mi boca y la mía la aceptó sin queja alguna. Entre la excitación, sus perfectas facciones y su colonia, ya me consideraba en el paraíso pero, como había dicho Thea, para muchas eso no era suficiente y deseaban más. Eso me incluía. Su boca se apartó de la mía y bajó hacia mi cuello, capturando mi delicada piel, lo que provocó que mordiera mi labio inferior. Sentía como si mi corazón estuviera a punto de salirse de mi pecho y mi entrepierna comenzaba a recibir las señales de excitación. —Aquí no debes guardar silencio —musitó y clavó sus ojos sobre los míos. Al igual que mi padre y Frederick, volvía a confirmar que el color de ojos no era el que tenía el poder. La mirada de mi padre había provocado que medio mundo se cagara encima, los ojos de Frederick me intimidaban, y la mirada de Cailan me hacía humedecer mi entrepierna en un segundo, sin importar que fueran celestes o marrones. Acerqué mi boca a la suya y me detuve antes de apropiarme de ella. Él tragó grueso y suspiró. —¿Qué haces? —nuestros labios estaban rozándose y moría de ganas por volver a saborearlos. —¿Seguro que no nos oirán? Él asintió. Me acerqué a sus labios y disfruté cada segundo de ellos como si fuera mi último beso. Ahora fui yo quien cogió su t*****o entre mis manos y lo acerqué a mí. Cailan emitió un suave jadeo y sonreí bajo sus besos. Él la hizo desaparecer al capturar mis labios con fiereza y no podía negar que disfrutaba lo que provocaba en mí. —Enhorabuena por su noviazgo —la voz que reconocí me dejó estupefacta. La excitación desapareció de un segundo al otro y el rubio se apartó sólo un poco de mí con su respiración agitada. Me negaba a verlo a los ojos. Observarlo a la distancia era una cosa, pero verlo a los ojos sería como enfrentarlo y no estaba preparada para ello. Hace días no oía su voz y la última palabra que me había dicho había sido "vete". Uker podría haber destruido mi noviazgo, Cailan mi paciencia pero Jayce había destrozado mi corazón