C15

4044 Palabras
Cailan se dio media vuelta y bajé mi vista. —Gracias —comentó con un tono firme y observé de reojo como Jayce continuaba su paso, apartándose de nosotros. Como por arte de magia, recordé las palabras que el rubio me había dicho ayer en la cafetería. "Me encantará follarte frente a tu ex-novio." ¿Acaso lo había planeado todo? Ya no sé ni por qué me sorprendía. Él regresó su mirada hacia mí y cogí el micrófono de su mano. Lo volví a introducir entre mis senos y me observó desconcertado. —¿Sabías que él iba a estar aquí? —le pregunté con un tono distante. Frotó su nuca y negó. —No, pero lo supuse. —Lo aparté de mí y me eché a caminar. Si aquel había sido su plan todo este tiempo, pues podía irse a la m****a. Si Jayce hubiese aparecido tan sólo unos minutos más tarde, de seguro nos encontraba en pleno acto. ¿Cómo me había dejado engañar por un demente como Cailan? —Eleanor, espera... —cogió mi brazo, deteniendo mi paso. Me volteé a verlo y me acerqué a él, haciéndole frente. Era extraño como hace dos minutos lo tenía igual de cerca y sólo quería devorar su boca; ahora sólo quería partirle el rostro con mi puño. —Entrométete en mi vida tanto como se te dé la regalada gana, no me importa —espeté, furiosa —, pero no te atrevas a hacerlo cuando se trata de gente importante para mí. Cailan tensó su mandíbula. —Él te jodió la vida —emitió como si por haberlo hecho, ahora yo debiera pagarle con la misma moneda. A eso se le llamaba ser rencoroso. Si se ponía así por algo que me habían hecho a mí, no quería imaginarme cómo se comportaría si se lo hicieran a él. —Sí, pero también me dio los dos mejores años de mi vida y prefiero quedarme con eso —me salí de su agarre y me alejé de él. Regresé al salón e intenté actuar con total normalidad. Busqué con la mirada a Gus y a Naya, pero no había rastros de ellos. Se suponía que no debían salirse de este lugar... Bueno, tampoco Cailan y yo. El ambiente ahora se encontraba algo tenso, distinto al que había dejado cuando Romeo me llevó a rastras al pasillo. De cualquier forma, yo debía continuar con mis identificaciones. Una mano cogió la mía y me volteé alarmada. Tenía una seriedad escalofriante en su mirada que me estaba gritando que cogiera el arma de mi pierna. —Debemos irnos —susurró —. Nos han d*********o. j***r. —¡Eleanor! —alguien llamó y volteé. Tal vez, aún no me habían d*********o a mí. Había esperado que las personas a mi alrededor conservaran aquella sonrisa lame culos que me habían estado dando toda la noche, pero ya no era así. Aquel hombre ya se encontraba apuntándome con el arma y Cailan tiró de mí como si se tratara de una cuerda. Nos echamos a correr y yo sólo me digné a seguir su paso. No conocía este lugar pero esperaba que él sí lo hiciera o que le estuvieran informando. Los disparos comenzaron a hacerse presentes y cada vez se oían más y más cerca de nosotros. El vestido me pesaba y el antifaz no me permitía ver el camino con claridad. Salimos de aquella iluminada mansión y nos adentramos a un bosque. Me quité los incómodos zapatos y cogí el arma de mi pierna. Cailan también cogió la suya y volvimos a correr. No sabía hacia dónde nos estábamos dirigiendo pero sólo esperaba que no nos descubrieran. Podía ver las luces de sus linternas detrás a lo lejos y muy de vez en cuando el ruido de los disparos. ¿Habrían Gus y Naya salido con vida? Cailan no hablaba y yo tenía mi dedo en el gatillo para cuando me fuera necesario disparar. De repente, detuvimos nuestro apresurado paso ante un acantilado y me encontré estupefacta ante la altura. Comencé a observar a mi alrededor pero ya se nos habían acabado los caminos opcionales. —Nos arrojaremos al agua —Cailan le informó a mis senos y alzó su vista para verme —. Quítate el vestido o te hundirás con él —me ordenó, como si no lo supiera. No era momento para quejarme ante su petición. Afortunadamente, no me encontraba desnuda debajo de todo este cúmulo de telas. El problema estaba en que les había tomado una hora meterme en este vestido y no tenía ni puta idea de cómo quitármelo. —Entendido —volvió a acercarse a mis senos. Metió sus manos entre ellos y rasgó mi vestido de lado a lado. Me ayudó a quitármelo sin quitar nuestras miradas del bosque, esperando a que la compañía apareciera. Lo arrolló y arrojó al mar. Me encontraba vistiendo el corsé y unos pantalones blancos, y sabía que me congelaría del frío en una noche como esta. Lancé también mi antifaz al agua y podía oír las olas romper contra las rocas. Sólo esperaba que no nos estrelláramos contra alguna al arrojarnos... —Salta —me exigió mientras apuntaba con su arma hacia el bosque. Cogí algo de distancia y comencé a correr hasta que no hubo más tierra sobre qué caminar. La caída se hizo larga y rogaba por salir viva. Morir por haber dado contra una roca no era algo que me causara gracia alguna. Prefería que fuera una muerte por bala o algo más digno de un agente. Al caer al agua, sólo me guiaba por la luz de la luna para encontrar la superficie. Nadé hasta que logré salir y coger aire. Observé hacia arriba y no oía disparos, pero tampoco podía descifrar si Cailan continuaba estando allí o no. Había perdido mi arma al caer y también mi peluca. Mientras tanto, sin rastros de mi acompañante. Algo me jaló del pie y hubiese muerto de un infarto si él no hubiese salido a la superficie. Me señaló unas rocas y nadamos hacia ellas. Las escalamos y permanecimos allí, esperando que una ola no nos alcanzara y nos devolviera al mar. —¡El vestido! —gritó alguien y divisé las luces de las linternas sobre el agua. Varios disparos dieron contra mi antiguo atuendo de Julieta y me alegraba no seguir estando en él. Los minutos parecieron convertirse en horas, pero esperamos hasta que las luces desaparecieron y clavé mi mirada sobre él. Esperaba que hubiese tenido tiempo de idear un plan mientras tuvimos contacto con Gwendolyn. —Estamos solos —me confirmó jadeando y arrojé el micrófono al agua. —¿Gus y Naya están a salvo? —Asintió y respiré aliviada —. ¿Cuál es el plan? Se quitó el chaleco y lo arrojó al agua. Comenzó a masajear su sien con sus dedos índices y suspiró. Las gotas de agua caían por sus mechones de cabello y la concentración estaba instalada en su expresión facial. —Lo primero que debemos hacer es salir de aquí. No me digas... —Cailan, tienen un plan, ¿verdad? —Pregunté — Imagino que idearon algo antes de que se nos cortara la comunicación —añadí entrando en desesperación. —Algo así —emitió —. Gwendolyn estaba encargándose que tanto nosotros como Gus y Naya saliéramos con vida. De haber sido por ella, no hubiésemos acabado aquí. Esperaba que nuestro fin no fuera ser comida de tiburones. —Si nadamos un poco, seguro nos encontraremos con la orilla, pero no puedo asegurarte que no haya nadie esperándonos allí. —Asentí. No parecía haber una mejor opción que intentarlo. —¿Gwendolyn no sabe dónde nos encontramos? —Negó. —Tampoco yo —se arrojó nuevamente al agua y lo seguí. Las olas nos dificultaban nadar y eso también provocaba que nos agotáramos con más facilidad. Sin importar cuán entrenado estuvieras, el cansancio se haría notar para cualquiera. Jamás creí que acabaría en un acantilado y sin saber dónde nos encontrábamos. En un momento, me encontraba a punto de follar con Cailan y, al otro, cerca de ser asesinados. —Allí —mencionó, agitado, hacia la costa y una sensación de alegría me invadió. Suerte que era de noche porque ir vestidos como personajes de época no nos haría pasar desapercibidos. Al llegar a la orilla, ni siquiera atiné a ponerme de pie, sólo me dejé caer sobre la arena y mi compañero hizo lo mismo. Ahora mismo me vendría genial un respirador de soporte para recuperar el aliento que me faltaba. Él se puso de pie y, aún con sus piernas temblorosas del cansancio, me ayudó a mí. —Debemos llegar a algún motel cercano —me informó. ¿Y con qué dinero creía que pagaríamos? ¿Creía que ir a un motel vestidos de esta forma no llamaría la atención? Ya nos imaginaba siendo arrestados por comportamiento extraño. Entre lo agotados que estábamos y cómo vestíamos, seríamos considerados borrachos o peor. —¿Tienes dinero o algo? —le pregunté. —No hace falta, tengo un código —me informó —. En cuanto se lo dé a la persona de la recepción, se comunicarán con Gwendolyn y vendrán por nosotros. Allí radicaba la diferencia entre Irene y ella; una intentaba ayudar a sus miembros y la otra intentaba asesinarlos. La noche estaba fría. Llevaba poca ropa y todo estaba húmedo. Si mañana no despertaba enferma, sería un verdadero milagro. Por su parte, a Cailan no parecía molestarle el aire frío que lo golpeaba. Caminamos tantas cuadras que ya no sentía mis pies y caminaba por inercia. Luego de lo que habrá sido media hora, finalmente divisamos un motel. Parecía cerrado dado que se veía oscuro por fuera y no tenía luces, pero yo seguí el paso de mi Romeo que ya casi no lucía como él. Se adentró a la recepción y lo recibió un señor con una amable sonrisa. —¿Necesitan una habitación? —nos preguntó y Cailan negó. —Necesito que se comunique con alguien, tengo un código. —El señor hizo una mueca. —Lamento informarles que no hay electricidad. j***r. Que suerte de m****a. —Hay otro motel a media hora de aquí. Pueden coger un taxi o pueden darme el código y me comunicaré con quienes desean tan pronto regrese la energía —sugirió el señor. Eso sonaba bien. —¿Y qué hay de nosotros? —le preguntó el rubio, ya algo irritado, y el anciano le dio papel y bolígrafo. —Primero, debo corroborar hacia quién va dirigido su pedido de ayuda. —Cailan bufó. Escribió el código en el papel y se lo entregó. El señor lo leyó y se apartó de nosotros. A poco sentía mis manos congeladas y quería tomar asiento en el suelo de lo cansada que me encontraba. Aquel se apareció y nos entregó un juego de llave. —Última habitación de la segunda planta —nos indicó y también nos entregó ropa abrigada —. Me comunicaré tan pronto me sea posible. —Romeo se marchó y yo le di una sonrisa de agradecimiento al anciano. Subí las escaleras y la puerta al final del pasillo se encontraba abierta. —Date una ducha —me ordenó apenas me adentré. Era una habitación pequeña y tenía una cama de dos plazas en el medio. Esperaba que la energía regresara pronto y no debiéramos dormir en el mismo lugar. Cogí una muda de ropa que nos había sido entregada y me adentré al tocador. La dejé a un lado y encendí la llave del agua caliente. Mis pies y manos sentían como si recibieran pinchazos al caer el agua sobre ellos. Me enjaboné el cuerpo tan bien como pude en aquella oscuridad, y limpié mi cabello y rostro asegurándome de quitarme cualquier rastro de maquillaje que aún me quedara. Vestí la ropa y mi cuerpo comenzó a calentarse con rapidez. Me salí del tocador y Cailan se adentró sin siquiera observarme. Debía quitarme los lentes de contacto ahora mismo o me quedaría sin ojos. En primer lugar, ya había pasado muchas horas con ellos y comenzaban a molestarme y, en segundo lugar, sabía que no se suponía que durmieras con ellos puestos. Me arrojé sobre la cama y mi cuerpo se relajó al instante. De esa forma, creía que me sería más fácil removerlos y había estado en lo cierto. Los arrojé en el cesto de basura y regresé a la cama. ¿Cómo había sido posible que todo se hubiese ido a la m****a tan rápidamente? No tenía idea de cómo nos habían d*********o, pero esperaba que no me hubiesen d*********o a mí. Si Irene sabía que me encontraba con vida y luchando para el enemigo, sabía que no le sería suficiente con tener mi cabeza. Oí la puerta del tocador abrirse y me acomodé en mi lugar, dándole la espalda. Incluso habiendo estado al borde de la muerte, estaba segura que se encontraría con su torso d*****o, siendo su único objetivo provocarme. Cerré mis ojos y me obligué a dormirme, pero no me era tan fácil con él a mi lado. No importaba cuán cansada estuviera, mi cabeza no paraba de repetir todo lo sucedido hoy; Ron y Hermione, Yuna y Jayce, el muy idiota de Uker, los besos desesperados con Cailan, el bosque, el salto desde el acantilado... Todo había sido demasiado para tan sólo unas horas. Volteé con sigilo para ver si se encontraba dormido y, efectivamente, lo estaba. Sus ojos estaban cerrados, uno de sus brazos reposaba debajo de su cabeza y su respiración era tranquila. La cobija le llegaba hasta la cintura y, aunque no supiera si estaba vestido debajo, llevaba su torso al d*********o como bien había descifrado. ¿Acaso no tenía frío? Yo había tenido que acostarme con el jersey que el señor nos había otorgado y un pantalón. Admito que no era sólo por el frío, sino porque también me negaba a estar desnuda en la cama con Cailan y no tenía ropa interior que ponerme. La mía había quedado en el tocador, sucia, húmeda y congelada. Su cabello ya no lucía oscuro. Al parecer, se había disipado al arrojarnos en el acantilado, así como también mi tatuaje. Era extraño no verlo con su mirada llena de ira o con su mandíbula tensionada; ahora mismo se veía como una persona amigable que no te hacía temer por tu vida. Estando a oscuras, no podía notar todo a la perfección, pero la luz de la calle nos permitía no estar en las penumbras por completo. Detallé cada uno de sus rasgos faciales, su mandíbula bien definida, sus pestañas, su nariz recta y sus tan apetecibles labios. No cabía duda del por qué todas en la central estaban muertas por él. Bajé mi rostro a su marcado y d*****o torso y tragué grueso. En comparación a él, a mí no me sería para nada fácil conciliar el sueño. —¿No puedes dormir? —Me sobresalté al oír su voz. Joder... Esperaba que no se hubiese dado cuenta que había estado admirando su belleza por algunos largos minutos. Poco a poco, abrió sus ojos y clavó sus perlas ahora azules sobre mí, siendo la oscuridad la culpable de hacerlos ver más opacos de lo usual. No respondí a su pregunta. Tras todo lo sucedido, aún tenía un sabor amargo en la boca y era por lo sucedido con Jayce. —Lo siento. Debía de haberse golpeado con una de las rocas al arrojarse del acantilado. ¿Cailan disculpándose? En primer lugar, no sabía bien por cuál de todas las cosas que me había hecho lo estaba diciendo y, en segundo lugar, ni siquiera creí que conociera esa palabra. Se movió en su lugar para voltearse a verme y con su mano sostuvo el peso de su cabeza. —No sabía si estaría allí y tampoco me interesaba —emitió con su hipnótica voz. —Me encantará follarte frente a tu ex-novio —repetí lo que me había dicho. Él asintió y aclaró su garganta. —Una cosa es lo que digo y otra lo que hago —señaló —. No me gusta que me encuentren follando con alguien. ¿Acaso esa era una indirecta por lo que había sucedido con Gus? —Aunque estaba siendo honesto con la primera parte —cogió el cuello de mi jersey y me atrajo hacia su rostro. Sus ojos viajaban de los míos hacia mi boca. Tenerlo tan cerca con la mitad de su cuerpo d*****o y cerca de mí, tenía un efecto más que poderoso. El d***o y la excitación regresaban como si aquel momento en el pasillo no hubiese sido interrumpido. Mis manos en su t*****o y sus besos en mi cuello... No podía describir en palabras lo que el hombre que se encontraba en frente provocaba en mí. —¿Esperas mi permiso? —susurré sobre su boca y capturó mis labios. Llevó su mano hacia mi nuca, acercándome más a él, y jamás podría cansarme de la suavidad y el sabor de sus labios. Aquellos eran adictivos y podría pasarme todo el día gozando de ellos. Bajé mis besos hacia su mandíbula y luego hacia su cuello que, pese a haberse duchado, su piel olía exquisita. Mis labios dejaron su húmedo rastro sobre su pecho y regresé a su rostro. Tenía sus ojos cerrados, gozando de mis besos sobre su piel, y me monté sobre su pelvis. Tener esta vista de él debía ser considerado como la octava maravilla del mundo. Su pecho al d*********o debajo de mí y sus labios aclamando la llegada de los míos... Es que quería cabalgar su polla como la diosa que me creía ser ahora mismo. Abrió los ojos y llevó sus manos debajo de mi jersey. Mi piel se estremecía ante su simple tacto y comenzó a alzarlo impaciente para que me deshiciera de él. El d***o que sentía parecía como si hubiese sido algo contenido por años. Cuando había recibido su fotografía, ni por un segundo se me había cruzado por la cabeza que estaría a punto de follármelo o que lo haría algún día. Sólo lo había visto como mi enemigo y eso había sido todo. Me lo quité y mis senos quedaron al d*********o. Él los veneró y me acerqué a su rostro. Capturé sus labios y me deleité con el sabor de ellos. Temía que lo que ahora me parecía una leve necesidad, llegara a convertirse en una futura adicción. Sus manos atraparon mi t*****o por encima del pantalón y, de un segundo a otro, Cailan se encontró encima de mí. Sus dedos acariciaron mi desnuda cadera hasta llegar al borde de mi pantalón y me deshice de él con gran agilidad. Lo arrojé al suelo y sentí sus piernas desnudas. El muy hijo de puta se había recostado en la cama completamente d*****o. Regresó a mi boca y su lengua se enlistó en una batalla con la mía. Una de sus manos masajeó mis senos y no pude evitar jadear. Ante su simple tacto sentía que me desmoronaría. Busqué su boca con desesperación pero bajó sus labios hacia mi cuello, sabiendo bien qué era lo que eso provocaba en mí. —Cailan... —mi voz se oyó inaudible, perdida en aquel glorioso momento. —Hazlo —me pidió y sus labios se posaron en aquella piel fina y sensible. No quería pensar en las marcas que me dejaría o cómo explicaría su repentina aparición. Sólo quería gozar de la excitación que me provocaba y en cuánto estaba deseando sentirlo dentro de mí. De todos nuestros encuentros que nunca habían llegado a nada, él no era el único que se había quedado con ganas de más. Necesitaba que me hicieran suya como nunca antes lo habían hecho, como si todas mis veces anteriores hubiesen sido un minúsculo momento pasional en comparación a este. Su boca se prendió de mi piel y no pude evitar soltar un gemido. Llevó una de sus manos a mi entrepierna -que ya hace días venía esperando por su llegada- y posó uno de sus dedos en mi clítoris. Abrí más mis piernas, dándole lugar para que hiciera lo que quisiera conmigo, y comenzó a masajearlo. Su boca regresó a la mía y el placer que comenzó a invadirme con el movimiento de sus dedos era descomunal. Es como si no fuera la primera vez que él se apoderaba de mi cuerpo y sabía exactamente lo que debía hacer. Sus labios se movían suavemente sobre los míos como una canción clásica, pero lo que sus dedos estaban provocando allí abajo se parecía más a una mágica melodía que si no lo sentía, no me lo creía. Un gemido más fuerte salió de mis labios, teniendo que apartarme de él para liberar aquella descarga, y comenzó a moverlos con más rapidez hasta llevarme al clímax. Sus dedos se apartaron y mis piernas estaban a punto de ceder ante lo que fuera que me deparara. Él me tenía toda para él y yo lo tenía todo para mí; disfrutarlo, gozarlo, venerarlo. De un segundo a otro, su m*****o erecto y potente se adentró en mí, dejándome casi sin aire. Mis paredes estaban gozando la calidez que emanaba su polla y aquella volvió a adentrarse en mí, volviendo a provocar el mismo efecto. Aferré mis manos a su t*****o d*****o y lo apreté más a mí, como si eso fuera posible. Su m*****o estaba dentro de mí por completo y, aún así, no se me hacía suficiente. Sus embestidas comenzaron a hacerse más constantes y frenéticas, haciéndome creer que lo que este hombre provocaba en mí no era normal, que nuestros cuerpos también debían de haber estado conectados en alguna vida pasada. Podría jurar que mi entrepierna estaba prendida fuego y que podía sentir lujosamente la venas de su polla en mis paredes que demostraban que tanto él como yo nos estábamos deseando como dos par de bestias en celo. Sus penetraciones eran feroces y parecíamos no saciarnos el uno del otro. Sus golpes contra mi zona se mezclaron con nuestros jadeos en aquel silencio de la habitación y sus embestidas estaban a punto de llevarme al orgasmo. Se detuvo. Él me poseía. Por poco que me gustaba reconocerlo, todos nuestros encuentros habían sido obra suya y no habían llegado a nada debido a él. Que fuera Val Jensen, la hija de Rufus, que hubiese atravesado todo lo que había atravesado y que en algún momento había sido su enemiga, ahora parecía importarle una m****a. Lo aclamé con desespero, intentando que regresara a mí, y clavé mi mirada deseosa sobre él. No podía dejarme así... Cailan se puso de rodillas, cogiendo mis caderas con ambas manos y me acercó abruptamente a él. Su polla volvió a enterrarse dentro de mí y todas las sensaciones regresaron. Comenzó a embestirme como nunca antes lo habían hecho y con una rapidez exorbitante que provocaba que me perdiera en el acto. Ya nada me interesaba, sólo quería extraviarme en él y que me diera lo que se había estado conteniendo estos días. Sus manos cogían mis caderas con fuerza y una sensación de escalofrío me recorrió la espina dorsal. —¡j***r! —gemí, y ahora volvía su rostro al mío para ocultarlo en mi cuello. Sus jadeos me provocaban y excitaban aún más, causando que un temblor recorriera mi cuerpo y me mareara por unos segundos, siendo este provocado por el mismo placer. Me había dado un puto orgasmo. Rápidamente, lo sentí derramarse dentro de mí y... Madre mía. Cailan me había llevado a mi punto máximo de placer, al paraíso, a lugares aún no descubiertos y hasta el reino de los cielos. ¡Es que hasta me había dado un paseo entre las galaxias! Su cuerpo rendido cayó a mi lado y la adrenalina viajaba con locura por mis venas. Mi coño estaba en llamas, ahora intentando acostumbrarse a la ausencia de su m*****o en mi entrada. Mis piernas aún temblaban y mi entrepierna estaba más húmeda de lo que alguna vez había estado. Mi pecho bajaba y subía con una rapidez desmedida y... m****a. El condón
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