"Iniciando una nueva etapa en mi vida"
Patricia y Paola eran dos amigas inseparables, tenían mucho en común, eran extremadamente divertidas, soñadoras, amorosas, muy amigables, pero sobre todo eran muy apasionadas.
Cuando se enamoraban lo entregaban todo, sin dudarlo desnudaban su alma, sin importarles nada más, arriesgándose con su actuar a no ser correspondidas.
Coincidían en el mismo criterio, pensaban que era mejor amar y no ser igualmente amadas que ni tan siquiera arriesgarse a amar por el temor de no llegar a ser tan queridas como ellas lo hacían.
Ya habían sufrido varias desilusiones, esto les afectaba emocionalmente pero solo de manera temporal, pues se aconsejaban mutuamente y juntas volvían a salir adelante, ansiosas de disfrutar la adrenalina de vivir un nuevo amor.
Aun así, arriesgándose a ser ellas las que lo entregaban todo en una relación y conscientes de que podían sufrir feos desengaños anhelaban algún día encontrar un bonito amor.
Un hombre que las correspondiera, a lo mejor no de la misma manera que ellas lo llegaran a querer, pero al menos que casi las igualara, un hombre que de solo mirarlo les estremeciera todito su ser.
Patricia era trigueña, de ojos verdes como esmeraldas, cabello rizado y largo, tenía una sonrisa preciosa, dientes muy alineados y un bonito cuerpo.
Paola no tenía un físico tan bonito como su inseparable amiga, pero aun así no la envidiaba, realmente eran como hermanas y no solo de palabras, se querían mucho.
Desde pequeñas estudiaban en la misma escuela, su amistad era prácticamente hereditaria ya que sus madres también eran amigas de toda la vida, ellas tuvieron un lindo ejemplo de amistad reflejado en sus madres.
Paola era rubia, de pelo corto, ojos azules muy expresivos, su mirada decía todo de sí, dicen que: "los ojos son el espejo del alma", y en ella se veía plasmado, Patricia de tan solo mirarla sabía lo que le pasaba, pues su mirada lo decía todo.
Eran muchos años ya los que llevaban juntas, tanto era el conocimiento que tenía una de la otra que en ocasiones una decía: te tengo que contar algo y ya la otra se le adelantaba y le decía a lo que se iba a referir, la otra siempre le respondía:
¿cómo sabías lo que te iba a decir? y rápidamente le expresaba: te conozco bien.
Ellas a pesar de su similitud en su personalidad y sentimientos tenían una diferencia, y es que a pesar de ser muy discriminatoria en ocasiones a ellas nunca les había afectado, pues no poseían la misma solvencia económica.
Patricia se crio en una familia muy humilde, sencilla y honrada, a diferencia de Paola que nació en el seno de una familia adinerada y no todos en su familia eran sencillos y honrados, claro que esto a ellas no les importaba, su amistad estaba por encima de cualquier cosa material.
Los padres de Patricia se habían esforzado toda la vida para que su querida hija asistiera a un buen colegio, era por esto que iba al mismo de Paola desde pequeñas, pues la educación de su hija para ellos era primordial.
El tiempo pasa muy rápido y ya comenzaba su primer día en la universidad, llenas de ilusiones y expectativas esperaron durante muchos meses ansiosas este gran día, se arreglaron el cabello, se hicieron las uñas y se compraron un rico perfume.
Paola pasó a recoger a Patricia en el carro de su mamá para que no se tuviera que ir en autobús el primer día de esta nueva escuela.
- ¡Que emoción! - exclamó Patricia que no se aguantaba las ganas de llegar ya a la escuela.
- Si, verdad, que nervios, ¿habrá muchos chicos lindos? -se preguntaba Paola.
Al fin llegan, las dos tenían las manos sudadas de la ansiedad que les causaba este día tan esperado, eran muchas las expectativas que tenían para esta nueva etapa de sus vidas.
La primera impresión fue muy buena, la escuela era enorme, muy bonita, limpia y al parecer los compañeros de aula eran muy sociables, que más podían pedir, solo les faltaba conocer un lindo amor, pero no estaban apuradas por ello, estaban muy concentradas en disfrutar estos primeros días de clases y conocer nuevas amistades, lo demás venía solo.
¡Lo que no sabían ellas era que no iba a tardar mucho para que sus corazones fueran robados, y vaya por quienes iban a ser robados! ...
Ya casi acababa su primer día en esta nueva escuela, después de haberse presentado los profesores que les impartirían las clases y de que el director expusiera las normas a seguir.
Fue entonces que llegó Fabián, retrasado como de costumbre, con aires de grandeza y superioridad, era el niño mimado del director, pues sus padres eran amigos de este desde hacía muchos años.
Fabián era único hijo, el consentido de mamá, esto le había afectado en su personalidad ya que se había criado con malos ejemplos, se pensaba que se lo merecía todo, creía que siempre tenía que estar él de primero y el resto del mundo después, procedía de una familia muy adinerada y detestaba a los que no eran de su clase social, los veía muy inferiores a él.
Desde que Fabián se incorporó sutilmente a la explicación que estaba terminando de dar el director cautivó los ojos de Patricia, y es que estaba delante de ella todo lo que físicamente le gustaba de un hombre, se parecía mucho a ella en este único aspecto, en el físico, era trigueño, de ojos verdes, a su apreciación medía alrededor de 1.85 metros, a través de su uniforme se podían notar sus músculos y resaltaba el ancho de su espalda.
-Mira ese chico que acaba de llegar- le dijo Patricia bajito a Paola.
- Gira discretamente la cabeza para que lo veas, no quiero que piense que somos indiscretas ni mucho menos ofrecidas - insistió Patricia.
Esta hizo lo que su amiga le recomendó, lentamente y disimulando en buscar algo en su mochila logró ver a Fabián.
- Está muy lindo, pero no es mi tipo- aclaró Paola -
-Qué bueno que no es tu tipo, me alegro que de tantas cosas que tenemos en común en el gusto no coincidamos- riéndose le contestó su querida amiga.
Pronto terminó el director de dar las conclusiones de su intervención e indicó dar la salida por ser el primer día después de que conocieran a cuál aula de clases pertenecería cada cual.
Para sorpresa de Patricia y como perfecta coincidencia del destino Fabián sería compañero de clases de ella, y por suerte su inseparable compañera de vida también.
Patricia no podía ser más feliz en un solo día, su cuerpo comenzaba a experimentar muchos sentimientos a la vez, esos ojazos verdes de Fabián la tenían hipnotizada.
Comienzan a ocupar las mesas de estudio para dejar todo organizado, por supuesto que Patricia y Paola se sentarían juntas, pero Patricia le pidió de favor a Paola esperar a que Fabián eligiera primero su puesto para luego ellas sentarse detrás de él y así ella podría estar cerca de este todo el tiempo.
Así podría verlo mejor y aumentar las probabilidades de conocerse lo antes posibles, temía que un chico tan lindo durara poco tiempo sin novia, debía lograr captar su atención rápidamente.
Patricia confiaba en sus virtudes, pero lamentablemente estaba lejos de llamar la atención de su galán, pues a este no le bastaba un rostro o un cuerpo bonito, al contrario, se fijaba más de la familia que venían las chicas, si tenían un buen status social, buena economía, esto sí que captaba su atención.
Pero esto ella no lo sabía aún, ella era muy sana, no imaginaba las decepciones que le preparaba la vida, conocía de las diferencias sociales, pero nunca había chocado contra ello.
Llegó la hora de retirarse del aula, era la oportunidad de Patricia para de una vez por todas llamar la atención de Fabián, no sabía cómo hacerlo, estaba muy nerviosa y no quería correr el riesgo de causar una mala primera impresión.
Decidió hacer como en las telenovelas: chocar con el chico y pedirle disculpas de forma tímida mirándolo fijamente a los ojos.
Y así lo hizo, este amablemente se disculpó con ella de inmediato:
- Lo siento, soy un poco torpe, no te vi que estabas detrás de mí- le dijo con voz fuerte Fabián.
Patricia se quedó sin habla al mirarlo fijamente, se percató que de cerca era aún más lindo, además sintió su olor a perfume que le encantaba, esa fragancia ya la había olido antes pero no recordaba dónde.
Ella podría haber pasado todo el día ahí parada, hipnotizada, pero su amiga que se dio cuenta le dijo:
- Patria, vámonos ya, mi mamá está al llegar a recogernos-
Entonces esta reaccionó y tartamudeando le contestó a Fabián:
- Discúlpame tu a mí, estaba conversando, me entretuve y no te vi, discúlpame una vez más-.
Paola la tomó del brazo y se la llevó porque si se guiaba por Patricia esta se quedaba ahí pidiendo disculpas todo el día.
A Fabián también le llamó la atención Patricia, hasta el momento el gusto era mutuo, y es que eran pocos los hombres que se resistían de mirar a esta hermosa chica.
Por donde quiera que ella pasaba se robaba las miradas, pero había dos cosas que se quedaron grabadas en su mente, la primera era el por qué debía irse esta bella chica en el carro de la madre de la amiga, le preocupaba de que los padres de esta no tuvieran carro propio, y lo segundo, su olor a perfume, que al igual que a ella a él también le recordaba a alguien pero no imaginaba a quién.
Llegó la madre de Paola y estas se fueron juntas de regreso a casa, las dos amigas llevaban caras diferentes dentro de aquel lujoso auto, a Patricia le brillaban los ojos, llevaba dibujada una sonrisa en su cara que en largas horas se le borraría, al contrario de Paola, esta iba con aires de tristeza reflejada en su rostro, y es que el chico que a ella le gustaba de su escuela anterior no se había incorporado en esta, y al parecer ya no lo haría, ya a ella le habían comentado que se iría a estudiar al extranjero.
-No estés triste por Ernesto- le dice Patricia a Paola.
- Ya conocerás muchos chicos lindos en esta escuela nueva, alguien diferente, alguien que, si te valore, te quiera y te respete, ten fe, eres una muchacha muy buena y algún día serás retribuida por eso- abrazándola le reafirmó su incondicional amiga.
Así se quedaron un rato, abrazándose y Patricia pasándole la mano por el cabello a Paola en forma de consuelo, hasta que llegaron a casa de Patricia.
- Muchas gracias por llevarme y traerme en este día tan importante para nosotras -le dice Patricia a Yeny, la madre de Paola.
- No tienes nada que agradecer, para mí eres también una hija, te conozco desde niña y quiero mucho a tu mamá, por cierto, me la saludas, le das un beso grande de mi parte y dile que pronto vengo a conversar un rato con ella para que me ponga al tanto de las novedades y comerme un trozo de pastel que tanto me gusta como lo hace- le responde Yeny.
Diciéndole adiós con las manos y lanzando un beso al aire se despide Patricia de estas valiosas mujeres.
Entró a su casa como flotando por el aire, se quitó la mochila, la ropa y se dio una ducha, mientras el agua le caía en su rostro podía recordar exactamente la cara de Fabián, cada rasgo permanecía en su memoria intacto, terminó de ducharse cuando siente que llegó su mamá a la casa.
Moría por contarle lo vivido en este emocionante día a su madre, principalmente sobre el chico que había logrado robar toda su atención, ellas tenían mucha confianza la una en la otra.
- Mami ven, siéntate aquí, tengo muchas cosas para contarte, hoy tuve un día exaltante, no quiero que te pierdas ni un detalle- entusiasmada le dijo Patricia a su madre.
Isabel (la madre de Patricia) se notaba feliz de ver a su hija con ese brillo en su mirada, es que es la luz de sus ojos, única hija, muy querida por sus padres, después de que su hija le contase todo le aconsejó que se acostara a dormir temprano para que amaneciera descansada y relajada para así pudiese atender mejor a clases.
Así lo hizo Patricia, se durmió pensando en el rostro y gentileza de Fabián.
Por otro lado, su amiga Paola no tenía las mismas ilusiones de que amaneciera ya que estaba muy triste porque ya no vería más a Ernesto, además, ningún chico le había llamado la atención, al menos esa fue la primera impresión.
Al otro día ya Patricia no llegaría en auto a la escuela sino en el autobús, esto para ella no significaba nada hasta el momento, pero no imaginaba en lo que repercutiría en su futuro, al contrario de Paola que llegó en el lujoso auto acompañada de su madre.
Que alegría al verse las amigas, se saludan con un abrazo y entran a la escuela juntas.
Paola estaba lejos de sospechar que este sería uno de los mejores días de su vida, que la decepción y nostalgia que estaba sintiendo pasaría al olvido al conocer a una persona muy especial.
Comienzan las clases de la asignatura de Historia, Patricia era mucho más aventajada y estudiosa que Paola, pero siempre Patricia la repasaba para las pruebas y así esta lograba salir bien.
Termina el turno de clases y salen al receso cuando ven aproximarse a un muchacho muy bien parecido, alto, rubio, fuerte, muy elegante, todas las chicas comienzan a mirarse y susurrar entre sí:
- ¿Quién será ese galán? - pregunta bajito Paola a Patricia.
- No sé, parece actor de telenovela, viene con portafolio, no puedo creer que sea profesor, tan joven- responde Patricia.
Y sí, este radiante hombre era profesor, nada más y nada menos que de la asignatura de matemáticas, todas las alumnas estaban deslumbradas, toca el timbre que indica el comienzo del turno de clases y entran todas, inquietadas por conocer esta maravilla de profesor.
Paola estaba atontada ante tales encantos, además del físico era obvio que era inteligente pues para impartir clases en esta escuela y de esta asignatura, pues eso llevaba muy buena preparación.
-Buenos días- saluda el profe David.
- Buenos días profesor- responden a coro los estudiantes.
- Es precioso, me encanta, fíjate que cuerpazo se le nota con ese traje, que voz más fuerte tiene- le dice Paola a Patricia con la mirada perdida ante tal monumento.
Ya con un motivo para estar activa Paola durante este turno de clases se siente muy feliz, pues esta materia siempre le ha golpeado mucho, ha estado a punto de suspenderla, pero gracias a los profesores particulares que sus padres pueden costear ha podido pasar los exámenes finales.
Ese turno de clases para Paola fue como estar en un sueño, el profesor hablaba y ella perdida en sus labios, en sus grandes manos cuando gesticulaba, y en el encanto de su voz gruesa, no interiorizó nada de la clase, ella estaba comenzando a enamorarse, David tenía todo lo que ella anhelaba en un hombre, por fin estaba delante de ella lo que tanto había buscado.
David era muy bello, pero esa no era su mejor característica, él era muy inteligente, honesto, laborioso, buen padre, sí muy buen padre, a pesar de que en su ámbito familiar las cosas no iban muy bien tanto económicamente como de salud hacía lo imposible porque a su hijo Daniel no le faltase lo imprescindible.
Él fue padre muy joven, cuando estaba cursando la universidad su novia quedó embarazada, no se dieron cuenta de inmediato y decidieron asumir la responsabilidad antes de tomar otra decisión de la cual pudiesen arrepentirse.
Al profe David ya no le iba bien en su relación con su esposa Alejandra, pero como tenían a su hijo hacían lo posible para mantener las apariencias en el hogar y este no se diera cuenta, pensaban que con esto hacían a su hijo feliz, aunque para ello sacrificasen su felicidad.
Tenía una vida modesta, aunque él ganaba muy bien en este instituto, ya que su madre recibía atención médica muy costosa debido a una enfermedad terminal que tenía, además su mujer no trabajaba desde que nació su hijo porque este es muy enfermizo y decidieron que ella se quedara al cuidado del mismo, no querían correr riesgo alguno con su querido hijo.
Cuando concluyó el turno de clases Paola aún estaba atontada mirando fijamente al profesor, Patricia la tocó bruscamente con el codo para que reaccionará y riéndose de forma jocosa le dijo:
-Pao, aquí tu amiga te solicita en la tierra, pudieras bajar de las nubes un momentico por favor-
- ¿Qué me dijiste Patri? - de manera despistada le pregunta a su fiel compañera.
-Nada, nada, anda y recoge tus libros que sí te percatas ya acabó el grandioso turno de clases- le responde Patricia.
Así entonces recogieron sus pertenencias y salieron del aula para irse a sus casas.
Las dos se despidieron, Patricia le dice:
-Me voy contenta a casa porque hoy tienes un mejor semblante, espero que de ahora en adelante estés siempre así, lo único malo es que estoy segura de que esa felicidad que refleja tu rostro es debido a la llegada del profe David y es lo que me preocupa, tienes que tener presente las normas de este instituto, hay que respetarlas y los profesores y alumnos no pueden involucrarse sentimentalmente, no lo olvides amiga mía por favor, sé muy bien que en los sentimientos no se manda pero lo último que quiero es verte sufrir-
Paola no le contestó ni una sola palabra a Patricia, solamente le dio un beso sonriente y se fue.
Patricia que si la conocía muy bien ya sabía lo que rondaba su mente y le preocupaba, pues tenía claro que las aventuras entre alumnos y profesores no estaban permitidas y nunca acababan bien.