capítulo 15

1341 Palabras
Ariana levantó la cabeza, ligeramente molesta. —¿Quién dijo que no vamos a comprarlo? Lo compraremos si le queda bien. ¡Pruébatelo! Por alguna razón, aunque la ropa de Ariana también era sencilla, la asistente de ventas percibió en ella un aura inexplicable. No se atrevió a mirarla por encima del hombro. —Está bien, la ayudaré a probárselo. Justo cuando la asistente estaba a punto de retirar el vestido del maniquí, una voz arrogante resonó desde la entrada: —Estoy comprando ese vestido. ¡Nadie puede probárselo! Todos en la tienda giraron la cabeza hacia la mujer que acababa de entrar. Era una mujer seductora. Llevaba un chaleco de piel de zorro ártico, una falda de cuero n***o y botas altas hasta las rodillas. Sostenía un pequeño bolso de piel de cocodrilo, mientras su cabello castaño caía elegantemente sobre sus hombros. Detrás de ella, una mujer de mediana edad cargaba varias bolsas de compras, probablemente su asistente. Parecía tener poco más de veinte años y, sin duda, provenía de una familia adinerada. La asistente de ventas, que la reconoció, se inclinó de inmediato. —Bienvenida, señorita Austin. ¡Por favor, pase! Sophie Austin asintió con la cabeza y caminó directamente hacia el vestido. —Se ve bien. Empáquenlo para mí. —¡Con mucho gusto! La asistente de ventas, que segundos antes iba a ayudar a Elena, extendió la mano para retirar el vestido. —Espere —dijo Ariana, sujetándolo—. Mi amiga vio este vestido primero. Por favor, elija otro. Sophie cruzó los brazos y observó a Ariana y a Elena de pies a cabeza. Luego alzó la barbilla con arrogancia. —¿Lo vieron primero? ¿Saben cuánto cuesta? ¿Pueden pagarlo? Pensó que aquellas dos chicas se intimidarían al escucharla. Pero Ariana le lanzó una mirada burlona. —No somos tan pobres como crees. No vendríamos a comprar si no pudiéramos pagarlo. Tenemos cosas mejores que hacer. Íbamos a probarnos este vestido, así que aléjate y deja de hacernos perder el tiempo. —Perra, ¿estás diciendo que no puedo pagarlo? —Sophie estalló de furia. Sus ojos se abrieron con indignación—. La familia Austin es la reina de la industria cerámica, y yo soy su heredera, Sophie Austin. ¿Y tú dices que no puedo pagar este vestido? ¡Qué pueblerina eres! Seguro solo viniste a armar un escándalo. Ariana dejó escapar un suspiro de impotencia. —Señorita Austin, ¿verdad? Creo que tiene algún problema… Parece que no entiende lo que estoy diciendo. Justo cuando Sophie estaba a punto de estallar, la asistente de ventas intervino y se dirigió a Ariana: —Señorita, ¿dice que puede pagar este vestido? —Por supuesto —respondió Ariana, lanzándole a Sophie una mirada de desdén. Fue entonces cuando Sophie comprendió que Ariana insinuaba que no tenía nada mejor que hacer. Aquella mujer realmente se atrevía a hablarle así. —Aunque pueda pagarlo, no se lo pueden vender. Si lo hacen, ¡no volveré a esta tienda! —Por favor, cálmese, señorita Austin. Se lo venderemos a usted. Sophie era una clienta habitual. Compraba al menos dos vestidos cada mes. Si tenían que elegir entre ella y Ariana —quien parecía una clienta ocasional—, la decisión era obvia: elegirían a la rica Sophie Austin. —¡Humph! Mucho mejor. Sophie sonrió con satisfacción y miró a Ariana de reojo. —Pueblerina. No creo que puedas permitirte este vestido. Seguro sedujiste a algún hombre viejo y rico con esa cara y ahora pretendes ser alguien importante. Déjame darte un consejo: si no vienes de una familia adinerada, por muy bonita que seas… no eres más que una cara bonita sin valor. —¡Eres una maldita prostituta! ¡Tú y toda tu familia lo son! ¡Más te vale cuidar lo que dices! —estalló Elena, colocándose delante de Ariana como una leona protegiendo a su cachorro. No iba a permitir que nadie hablara así de ella. Se enfrentaría a cualquiera, incluso a la realeza, y mucho más a la hija arrogante de una familia rica. Sophie desvió la mirada hacia Elena con desprecio. —¿Cómo te atreves a gritarme, perra? Te doy tres segundos para disculparte. Si no, yo… —¡Basta! Ariana no tenía paciencia para seguir discutiendo. —Deja de amenazar a la gente con tu apellido. Estamos aquí para comprar un vestido —miró a la dependienta con frialdad—. Solo dime si están dispuestos a vendérmelo. No estamos de humor para seguir probándonos nada. Lo compraré ahora mismo. —¡Yo también lo compraré ahora mismo! —Sophie sacó una tarjeta platino y la agitó con arrogancia. —Eh… —la dependienta miró a Ariana con una sonrisa incómoda—. Señorita, ¿le importaría ver otros diseños? La señorita Austin es clienta habitual. Como le interesa este vestido, debemos vendérselo a ella. —Je… ¿en serio? —Ariana esbozó una sonrisa peligrosa. De repente, tomó el vestido y, con un movimiento seco, rasgó la tela. —¡Ah! Un jadeo colectivo recorrió la tienda. —Si a la señorita Austin no le importa comprar un vestido defectuoso, adelante. No tenemos inconveniente en dejárselo. ¿Un vestido defectuoso? Sophie jamás aceptaría algo así. Solo lo mejor era digno de ella. —¿Cómo te atreves a ser tan arrogante frente a mí, perra? ¡Te voy a dar una lección! Levantó la mano y trató de abofetearla. Pero Ariana la detuvo en el aire. Sujetó su muñeca con firmeza y, con un leve empujón, la hizo caer al suelo. —Mi nombre es Ariana Valmont. Recuérdalo bien —dijo con voz fría—. Cuando pongo los ojos en algo, nadie en Haverton se atreve a quitármelo. Y quien lo intente… se arrepentirá. No habló en voz alta, pero su tono fue suficiente para helar el ambiente. El silencio se volvió pesado. Las miradas alrededor se llenaron de sorpresa, tensión… y miedo. El gerente de la tienda fue el primero en reaccionar. —¿Quién te crees que eres? ¿Cómo te atreves a arruinar nuestro vestido y lastimar a la señorita Austin? ¡Llamaré a la policía! Sophie, aún en el suelo, se levantó con ayuda del gerente. Sus ojos ardían de furia mientras miraba a Ariana. —¡Sí, llama a la policía! ¡Quiero ver a esta perra tras las rejas! Desde que nació, nadie —excepto aquella hija ilegítima de la familia Graham— se había atrevido a desafiarla de ese modo. Prepárate para ser destruida, pensó Sophie con odio. —Está bien, adelante. Ariana llevó a Elena a un área de descanso cercana. Luego sacó su teléfono y llamó a su asistente, quien anteriormente la había ayudado a comprar un automóvil. —Necesito hacerme cargo de la boutique XXX. Hazlo lo antes posible. Elena estaba atónita. —¿A quién llamabas? ¿Podría ser a Damian Blackwood? Adquirir una tienda de ropa de una marca de renombre mundial costaría decenas de millones de dólares. Sin embargo, Ariana hablaba como si no fuera nada. Aparte de Damian Blackwood, Elena no podía imaginar a nadie más capaz de hacer algo así. Ariana puso los ojos en blanco. —Querida, debes creerme. Aparte de nuestro certificado de matrimonio, no tengo nada que ver con Damian. Está bien, seré honesta contigo. Cuando tenía 18 años, mi abuela creó una empresa para mí. Además, antes de fallecer, me dejó una gran cantidad de dinero. La persona a la que acabo de llamar es mi asistente. —¡¿Qué demonios?! —Elena se atragantó con su propia saliva—. ¡Eres secretamente increíblemente rica! ¿Por qué siempre mantienes un perfil bajo? Elena había conocido a la abuela de Ariana varias veces en el pasado. Siempre pensó que era una anciana común y cariñosa. Al parecer, estaba muy equivocada. A juzgar por la forma en que Ariana actuaba en ese momento, su abuela debía haber tenido activos valorados en miles de millones de dólares.
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