—¡Cállate! —la reprendió Damian con dureza.
Su rostro, de por sí frío, se volvió aún más sombrío en ese momento. Sumado a su imponente presencia, Yasmine no pudo evitar bajar la mirada.
—¿Aún no entiendes en qué te equivocaste? Yasmine, siempre habrá personas más capaces que tú. Normalmente no digo nada cuando eres arrogante o grosera con quienes consideras inferiores, pero al menos deberías ser más inteligente y saber protegerte. Deja de actuar como una tonta enfrentándote a alguien más fuerte que tú. Por muy poderosa que sea la familia Blackwood, nada bueno saldrá de eso.
Yasmine quiso responder, pero Damian continuó:
—Si no puedes entender lo que digo, quédate en casa y reflexiona hasta que lo hagas. Ahora, vete.
Aunque sus otros hermanos no destacaban demasiado, al menos no causaban problemas difíciles de manejar. En cambio, su única hermana era impulsiva, simplista y tendía a menospreciar a todos fuera de la familia Blackwood.
—Está bien… lo entiendo, Damian.
Yasmine salió de la villa furiosa, y Victoria la siguió en silencio.
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Una vez dentro del auto, Victoria secó suavemente las lágrimas de Yasmine con un pañuelo.
—Pobrecita… debió ser difícil. Tu hermano nunca había sido tan duro contigo.
Yasmine asintió, con los ojos llenos de ira.
—Sí… ¿qué le pasa, Victoria? Antes me dijo que la evitara, y ahora incluso la llama alguien más fuerte que yo. ¡Maldita sea! ¿Qué tiene de especial esa campesina?
No era que no entendiera las palabras de Damian, sino que siempre había creído que, aparte de la realeza, no había nada que la familia Blackwood no pudiera manejar. Para ella, no había nadie más poderoso que su hermano, ni ninguna mujer por encima de ella.
Ariana Valmont ni siquiera era digna de ser su sirvienta.
Victoria bajó la mirada y esbozó una sonrisa amarga.
—Tal vez realmente tenga algo especial… de lo contrario, tu hermano no se habría vuelto tan frío conmigo en tan poco tiempo.
Aunque Damian nunca había mostrado un gran interés por ella, tampoco la había ignorado por completo como ahora.
Le costaba creer que una mujer como Ariana, abandonada el día de su boda, pudiera cambiar tanto la situación.
Pero, al recordar cómo Damian había bebido de la taza de Ariana, sintió como si innumerables agujas le atravesaran el corazón. Un dolor punzante que le dificultaba incluso respirar.
—¡Ja! ¿Qué podría tener de especial esa mujer? —replicó Yasmine con desdén—. Seguro solo sabe usar trucos indecentes para seducir hombres. No te preocupes, Victoria, no la dejaré en paz. Damian se divorciará pronto de ella y la echará. Entonces podrás convertirte oficialmente en mi cuñada.
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Por otro lado, Damian seguía bebiendo de la taza de Ariana.
Ella no lo detuvo, pero tampoco pensaba usar nada que él hubiera tocado.
—Tráiganme otra taza —indicó al sirviente.
—¿Por qué? ¿No te agrado? —preguntó Damian, entrecerrando los ojos mientras la miraba con frialdad.
Ariana sostuvo su mirada sin inmutarse.
—No me mires así. No soy tu hermana menor, no voy a asustarme.
Damian arqueó ligeramente una ceja.
—Asusté a mi hermana para ayudarte… ¿cómo piensas agradecérmelo, Ariana Valmont?
En realidad, lo lógico habría sido que se pusiera del lado de Yasmine y Victoria, y también la reprendiera.
Pero no sabía por qué no lo hizo. Tal vez porque, después de todo, ella tenía razón: estaban casados.
Aunque no sintiera nada por ella, tampoco le correspondía quedarse al margen y verla ser humillada.
Ese matrimonio había sido impuesto por su padre. No era culpa de esa joven.
Ariana ladeó la cabeza y preguntó:
—¿Estás seguro de que lo hiciste para ayudarme? Solo temías que, si me enfadaba, tanto tu hermana como tu querida amante sufrirían mi ira.
Damian puso los ojos en blanco.
—No la llames mi amante. Victoria y yo solo somos amigos.
—¿Amigos? Dejaste tu boda por una “amiga” e incluso pasaste tres días con ella.
Aunque a Ariana no le importaban sus relaciones, a nadie le gusta ser humillado, así que no iba a olvidarlo tan fácilmente.
—Eres tan inteligente… no me digas que no sabías que estaba intentando avergonzarte.
Ariana enarcó una ceja.
—¿Escuchaste lo que les dije a tu hermana y a Victoria?
—Claro que no, pero no hace falta. Puedo imaginarlo. Probablemente las amenazaste para que se apartaran de tu camino.
Aunque solo llevaba unos días conociéndola, Damian ya entendía su carácter. Ariana no toleraba ofensas; respondía sin dudar a cualquiera que la provocara.
Sería extraño que hubiera sido amable con Yasmine, a quien había golpeado la primera vez que se vieron, o con Victoria, que claramente había cruzado los límites.
Ariana bajó la mirada y dio un sorbo a su té.
Este hombre no es ningún tonto, pensó.
Había esperado que fuera el típico arrogante que la culparía sin pensar y defendería ciegamente a Victoria, pero no fue así. Parecía entender perfectamente lo que ocurría entre las tres.
Al cabo de un rato, un sirviente anunció que el almuerzo estaba listo.
Ariana tenía hambre, así que se levantó de inmediato… olvidando por completo su tobillo lesionado. Perdió el equilibrio y cayó hacia adelante.
Damian reaccionó por reflejo y la sostuvo.
Sus brazos rodearon su cintura, atrayéndola contra su pecho. Su barbilla rozó su cabeza, y el suave aroma de su cabello lo envolvió.
La vez anterior que la había tocado había sido para provocarla.
Pero esta vez… no había sido intencional.
Y aun así, era la primera vez que notaba lo que se sentía tenerla tan cerca.
—Lo siento… fue un accidente —murmuró Ariana, sonrojándose mientras intentaba apartarse.
Pero Damian no la soltó de inmediato. Sus dedos se tensaron ligeramente en su cintura, acercándola aún más.
Cuando Ariana alzó la vista, sus miradas se encontraron.
—Después de decir que cada uno seguiría su camino… vienes a caer directamente en mis brazos —susurró él, con voz baja y peligrosa—. ¿Estás jugando a hacerte la difícil?
—¡No! Simplemente no me levanté bien. Será mejor que me sueltes ahora.
Justo cuando Ariana empezaba a cambiar su opinión sobre él, volvió a lo mismo. Un diablo siempre sería un diablo; mostraba su verdadera naturaleza cada vez que tenía la oportunidad.
—Está bien, te soltaré.
Damian la soltó de forma abrupta. Ariana ni siquiera tuvo tiempo de sostenerse y cayó al suelo con un sonoro plop.
No solo fue vergonzoso, también le dolió muchísimo.
—Ay…
Cerró los ojos con frustración antes de mirarlo desde el suelo.
—Eres muy poco caballeroso, ¿lo sabías?
Su actitud cambiaba de un momento a otro; era desesperante.
Para sorpresa de Ariana, Damian sintió una ligera satisfacción al verla enfadada.
Alzó una ceja, se inclinó y la levantó en brazos mientras decía con tono burlón:
—¿Y ahora? ¿Soy un caballero?
—¿Qué estás haciendo, Damian Blackwood? ¡Bájame ahora!
Ariana quería que la tierra se la tragara. Era demasiado vergonzoso con tantos sirvientes presentes.
A Damian, en cambio, no parecía importarle en absoluto.
—Quédate quieta. Te llevaré a almorzar.
Después de todo, alguien tenía que darle una lección por moverse tanto con una pierna lesionada.