Punto de vista Alois Sinai llamó a la puerta, cosa que hizo que me levantase de la cama de forma espabilada para que no vea mi cara toda demacrada de tanto dormir. No pude evitar esta tarde y dormí casi cuatro horas. No sé ni de dónde saqué las fuerzas para dormir tanto, pero al parecer me fue estupendo dormir. -Otro día más en la oficina –me sonrió al verme-. ¿Cómo estás? -Bien, un poco dormida de ver una película sola –le di un abrazo-. ¿Y tú? -Con dolores de espalda –se estiró un poco para atrás-. Les llevo diciendo meses que me cambien la silla de vieja que tengo, pero no me han hecho ni caso. Le di un beso en la mejilla. -Al menos mi cama es blandita y suave –me miró casi a punto de reír. -Tú sí que eres blandita y suave –nos reimos por lo bajito. -Sabes que mañana me dan

