Gian apoyó la mano en el hombro de Yuen, agradecido de que ella no siguió caminando. Cerró los ojos y respiró profundo en un intento de que el mareo que estaba sintiendo pasara. Odiaba esos momentos, pero los que más odiaba, era cuando olió o vio algo que le desagradaba y terminó vomitando. Cuando abrió los ojos, se encontró con la mirada de la mujer, que parecía en silencio estar haciendo una pregunta que Gian sentía que temía la respuesta, porque él conocía esos síntomas, los había temido hace más de tres años y, aunque la idea de lo que podía ser no le gustaba, tampoco le aterraba. Luego de la primera vez que compartió la cama con Shaoran, las visitas a su alcoba se volvieron frecuentes, por lo que Gian sabía que había la posibilidad de volver a embarazarse, pero no estaba seguro de e

