Gian miró por la ventana del carruaje. Llevaban días viajando y en principio tuvo miedo de que Joon Ho pudiera seguirlos, pero la idea desapareció cuando pasaron tres días y el soldado no apareció. No quería pensar en que su esposo ahora tenía alguien más en su vida, otro doncel al que podría tomar como esposo ante su ausencia, quien le daría hijos que probablemente le harían olvidar y que no extrañara a Do Jang. Suspiró y peinó con sus dedos el cabello de su hijo que en ese momento dormía en su regazo. Gian no quiso mostrar como sentía su corazón apretarse cada vez que Do Jang miraba a su alrededor buscando algo, o más bien dicho alguien, porque al parecer Joon Ho había pasado mucho en casa durante los últimos meses que su hijo se había acostumbrado a verlo al menos una vez en el día y e

