Maximilian Von Stein La puerta de mi despacho se cerró tras Marcus con un clic seco, dejando tras de sí un silencio que pesaba más que el oro que acabábamos de transferir. Me quedé inmóvil frente al ventanal, observando el cielo de Manhattan, pero no veía los edificios ni el tráfico lejano. Solo veía la imagen de Gia, alejándose con esa seguridad tranquila, con esa mano sobre mi brazo que no pedía permiso ni auxilio, sino que simplemente… estaba. Había recuperado su 25%. Había recuperado su vida. Y lo primero que hizo fue decirme que se iba a trabajar. Caminé hacia mi escritorio y tomé el teléfono encriptado. No podía dejar que este vacío de información me consumiera. Si Gia era libre, yo necesitaba saber exactamente de quién era libre, además de sus abuelos. —Dimitri —dije cuando

