A Marianne le pesan los párpados, está a punto de quedarse dormida, ha sido un día agradable, dentro de lo justo, cuando está a nada dejarse llevar, la imagen de esa gran bestia la saca de la ensoñación, no es que siga asustada. Petrificada es la mejor palabra. Vuelve a quedarse dormida. Y cae, cae, caer… la oscuridad es recurrente, pero esta vez, no hay esa mano que la detenga de caerse. Escucha en cambio una suave carcajada que proviene de ella misma, pero no es ella. Gira en su cama. Está despierta. Ha visto su rostro. No es ella misma. Es… Malwil Siente unas tremendas ganas de salir a la intemperie. Las ventanas se abren de par en par, pero no es Greg, el que entra. Es ella la que las ha abierto. ―Esto es nuevo para mí… En realidad no, solo que no lo recuerda. A esa hora,

