Greg entra tempestivamente al dormitorio de Marianne. Ella ya no se sobresalta. ―¿Lo mataste? ―le pregunta sin levantar la mirada. ―¿A quién? ―A mi docente… ―No, nada de eso, solo le advertí que no se metiera contigo… ―Pero él… ―Es una Ofrenda demoníaca fallida. ―¿Eh? ―Olvídalo… tenemos mejores cosas que hacer… ―¿Cómo cuáles? ―Hacerlo aquí… Su mirada se vuelve sugerente, eso a Marianne le despierta ciertas necesidades. ―Es muy tentadora tu oferta… ―A que sí… Más tarde, a la orilla del río que queda cerca de la cabaña, él le dice: ―Es un viejo conocido… ―¿Qué quería de mí? ―Solo que reconoció mi halo, y no le gusta nada que te vea. ―¿Y a eso a él qué le puede importar? ―Pregúntale a él, son sus reglas absurdas… En teoría debería borrarte definitivamente los recuerdos.

