María se dio cuenta que le hacía falta descansar. ―Mi niña, estás agotada, si quieres puedes dormir conmigo. ―Eso me gustaría, la verdad, no quiero dormir sola, al menos hoy no. ―Solamente tienes que saber que ronco mucho, mi difunto marido se quejaba de que era imposible dormir conmigo. ―En ese caso, creo que te haré competencia. María dejó a Angelito a cuidado de Maiu uno y ambas regresaron a la cama. La cama era angosta y apenas cabían las dos, pero se dieron forma de estar cómodas. Marianne puso alarma para despertarse a las seis de la mañana. María se acomodó y a la primera se durmió. Marianne no podía dormir aunque estuviera agotada. Era la peor sensación que había sentido. Se acomodó mejor y pudo ver a través de la ventana, era una de las pocas que no habían roto y lo agrad

