Gomes siente que su vida, aunque resulta ser buena, es vacía, siente que le falta algo. Tras muchas noches de meditarlo con la almohada, se decide y pide un turno con un psicólogo que le ha recomendado su hermana que vive en otra provincia. —Es joven, pero es de los mejores. Vos confíale todo, y él te va ayudar—le dice antes de colgar la llamada. —¿A dónde sales? –le pregunta Muñequita, que se ha puesto una mascarilla de barro para las arrugas. —Voy a dar caminar. Se despide y sale. Ese es el hospital de donde la p sicótica ha escapado, lo recuerda a medias, recuerda recibir el informe y que le seguía, pero nada más. Aunque no es del todo cierto, va a pie para no sentir que le ha engañado. Cuando su turno llega con el psicólogo, tras hacerle varias preguntas generales, comienza. —Des

