Huerta se vuelve hacia ella y la mira como si fuera un bicho raro. —¿Qué haces aquí? Este no es lugar para las de tu edad. —Vinimos a festejar que aprobé el examen. Huerta mira hacia atrás de ella. —No veo al engendro. —Fue por algo de beber, oye, dijiste que ibas a enseñarme, y desde que me dejaste colgada en casa de María, ha pasado una semana. —Soy tu docente, doblemente, ahora, así que no me ustees que no somos amigos. —Lo siento. Estoy lista para continuar el aprendizaje. —Escuchame nena consentida, si lo que quieres es aprender los secretos arcanos, lo primero que debes hacer es dejar preparar el cuerpo. —¿Por qué debo dejar de comer sal? La comida sabrá insípida sin sal. —Porque si quieres aprender lo sacro debes desintoxicar desde afuera para dentro, si así es como hace

