Con el cuchillo arcano, Greg aparece en la casa de la anciana. Un par de gatos, uno naranja y rayas y otro, n***o se le quedan viendo. Es al único al que no se le acercan, aunque sea él, quién les tiene más aprecio. Trata de comprarles, repartiendo en sus platos, las latas de comida premium que ha comprado de pasada. —Huele bien, hasta yo me lo comería… vengas, acérquense pequeños felinos domesticado… Ellos no lo hacen. Pero en cuánto, se aleja unos pasos, y pierde la esperanza, todos se ponen a comer rápidamente la delicia que les ha dejado en el plato. —Ya me van a querer… estoy seguro, no pierdo la fe. No son los primeros que lo hacen –les dice Greg. —No sabes lidiar con el rechazo, engendro… Greg le mira con suspicacia. —En menos de una semana no querrán bajarse de mi regazo… ya

