La sonrisa que Gomes tiene en la cara no se la quita nadie. Estaba en lo correcto, en los videos, la chica psicótica aparece de la nada con el tipo ese, que se ha burlado de él y le ha llamado pervertido. Ahora, en la jefatura policial, con la imagen de ese tipo, en las manos, busca encontrar su identidad. —Che, Manolo, haceme un favor ¿quieres? —Para eso estamos, Gomes. Gomes le alcanza la foto impresa por él. —¿Es un delincuente? —Eso es lo que debo averiguar. —Dale, dame unas horas y te aviso. Manolo deja la hoja en un lado de la computadora y comienza a ingresar los datos al sistema. Gomes, conforme dispone a marcharse. —Perfecto. Te debo un café. Regresa a su gabinete y encuentra otras veinte denuncias de personas perdidas. Es una cantidad fuera de lo normal, cuando no es c

