Greg mira al firmamento, sus ojos parecen leer un idioma que solo él conoce. María se acerca. —Hoy abriré el atajo, una vez que estemos dentro no podremos salir sino hasta que sea el momento. —Hazlo ya. Greg va por Marianne. Ella apenas y llega de las clases de baile y le sobresalta su presencia. —Hace rato no veía esa reacción en ti. —Hace rato que no vienes… Marianne le rodea el cuello con sus brazos. Se besan. —Debes venir conmigo… hoy es el día. —Dame unos minutos para bañarme. Mientras ella lo hace Greg mira por la ventana. Afuera todo se ve normal, la calma impera las calles, ¿pero por cuánto tiempo? Todas esas personas viven sin ser conscientes de que basta que Malwil mueva un dedo para que sus vidas cambien para mal. —Mejor así, créanme –dice en voz alta. —Ya estoy lis

