Vivimos sumergidos en nuestros mundos egoístas, y pensamos que cada segundo nos pertenece. De manera caprichosa planificamos nuestras vidas hasta que de pronto todo cambia, de repente ya nada de lo que planeamos se lleva a cabo, en ese momento te das cuenta que vives en un espejismo de seguridad, que en cualquier momento se quiebra. Desde que Huerta puede recordar, sus viejos, aniquilaban demonios, aunque no tuvieran un solo céntimo para la comida, y él, había sido un hijo ingrato al dejarles. A un principio, les visitaba todas las tardes de los domingos, luego, cada domingo por medio, después, una vez al mes, hasta que dejó simplemente de ir. Tenía la excusa perfecta. Asuntos de trabajo. Ahora recordando todas sus culpas, ronda por el terreno, no quedada nada servible. Algo realmente

