―Solo es hasta que la haga hablar –repitiéndose eso se miente a sí mismo. Aprieta el puño. Malwil se contornea con sensualidad, no ha sacado una sola palabra, pero está ahí, dispuesto a usar toda forma de tortura que conoce. ―Acércate, y ve por ti mismo… ―le propone, ella, como si tuviera algún secreto que quiere compartir con él. ―¿Es una trampa? –se pregunta él―. De todas formas, no puedes soltarse. Si tratas de avivarse, esas cadenas, que te rodean te someterán hasta matarte. Estoy seguro que al engendro no le importar, si llegado el momento te mato. Con esa seguridad, lo hace, ella se acerca tanto que puede rozar su piel, tiene sus labios tan cerca que le besan. ―libérame… Puede escucharla en la cabeza. Huerta trata de soltarse, en su cabeza ve imágenes extrañas, ajenas a él…

