58.

1236 Palabras

Huerta se queda en la entrada de la cueva. Permanece ahí para no caer en la tentación, solo debe verificar que ella está bien, y que no ha llegado a escapar como la anterior vez, ha usado sellos demoníacos. Sin embargo la curiosidad lo supera, ahí está de vuelta, entrando, fallando, mirando. Malwil permanece despierta. Sus colores se volvieron mucho más vivos de lo que recordaba. Huerta hace ruidos guturales para que note su presencia. Cruza los brazos e indaga, los objetos se han movido, y no lo han hecho solos. —Así que estuviste jugando un poco… y ahora juegas a ignorarme. —¿Por qué…? Sus ojos dorados se posan en él. —¿Me salvaste del abismo? Huerta trata de mantener la mirada y no mostrarse débil frente a ella, pero no puede responder con algo inteligente a su pregunta. —No

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