―Vístete, y vete a casa –le pasa la ropa que le trajo de casa. Marianne se viste evitando mirarlos a los dos. Huerta invoca a un diablillo esclavo. ―Ve y busca ese halo –le ordena y el diablillo que mide igual que un niño de cinco años con alas rotas, se va siguiendo el rastro. Greg mira en silencio y luego dice. ―Acabo de recordar que tuve que borrarte de sus mentes. Ven, te llevaré. ―¿Por qué lo hiciste? ―Para que no se preocuparan… Unos instantes después, ya están en su dormitorio. Marianne cae en su cama y Greg le da un beso en la boca. ―No te asustes pero hay un policía vigilándote, por las tardes. Estoy seguro que está confundido ahora mismo… ―Espera… Pero, como siempre, Greg ya no está, ―Qué grosero ―suelta, enfadada. Tiene sus dudas, siente que ha perdido parte de s

