Del incidente eléctrico de hace más de nueve meses, ya casi nadie habla, de hecho nadie lo recuerda porque lo que la ha menguado el descubrimiento de la gigantesca fosa en los terrenos del brujo satánico, que es el apodo que le han puesto a su viejo. Huerta hierve de la rabia al escuchar los comentarios de sus colegas en la universidad. Está por los pasillos y no se le apetece estar ahí. Greg se le hace presente. ―Encontré a la anciana en los bosques de Palermo. ―Espera… Greg ya se fue. ―¿Qué le costaba llevarme con él? Ese engendro… Impaciente cruza dando largos pasos, hacia la salida, pero entonces, Greg reaparece, y sin decirle nada, lo arrastra con él. En la cabaña, Marianne abre los ojos. Entre sus dos ojos, se abre una fina línea dorada, y de ella sale una esfera tan oscura

