Tierras rojizas, en cielo dorado, una puerta estelar. Una suave brisa mueve como llamas una melena roja como la sangre humana, sus dorados ojos, miran al cielo, eleva al cielo una plegaria… Con una de sus uñas se hace una herida en la palma de su oscura piel, y de ella brota sangre de oro. ―Deja que sea mío o no de nadie. Deja que sea mío o de nadie. Deja que sea mío o de nadie. De repente la escena cambia. Greg le clava una especie de estaca y ella cae, que le ha traicionado y eso duele tan profundamente que su cuerpo se quiebra en pedazos. … Marianne despierta cerca del cementerio. ―Ay, no… no de nuevo… Está vestida como para salir de noche, tiene la falda rasgada, y le falta un calzado. Le hace frío. Deambula por los bordes de la calle. Una patrulla se detiene cerca de ella

